En busca de la novela de la era del 11-S

BBC Mundo
Se han escrito muchos libros sobre 11-S pero ¿hay alguno que haga presente con palabras lo que la imaginación retiene de la era que inauguraron los atentados?

The Submission (La propuesta), de Amy Waldman - Un jurado a cargo de escoger un monumento conmemorativo como el de la zona cero selecciona un diseño que resulta ser de un arquitecto estadounidense musulmán.

Ciudad Abierta, de Teju Cole - Un psiquiatra nigeriano-alemán desalentado recorre las calles del Nueva York post 11-S.

El hombre del salto, de Don DeLillo - Un abogado que sobrevive el atentado al World Trade Center intenta entender lo que pasó.

Extremadamente ruidoso e increíblemente cercano, de Jonathan Safran Foer - Un niño de 9 años que perdió a su padre en los atentados encuentra un objeto extraño en el armario de su padre.

Netherland, el club de criquet de Nueva York, de Joseph O'Neill - Un holandés que vive en Nueva York después de 11-S empieza a jugar al criquet y se conecta con la clase marginada inmigrante.

El pequeño Oskar Schell, el chico de 9 años de edad de "Extremadamente ruidoso e increíblemente cercano", lidia con la muerte de su padre creando un foliscopio con 15 imágenes borrosas puestas en el orden inverso de un hombre cayendo del World Trade Center. Así, al pasar las páginas rápidamente, la figura se anima y, en vez de caer, vuela hacia los pisos de arriba del edificio y termina allá, sano y salvo.

En "Ciudad abierta", el autor Teju Cole describe al Coronel Tassin -un personaje real del siglo XIX- quien solía contar el número de pájaros que se estrellaban con la Estatua de la Libertad, unos 1.400 por noche.

La analogía sirve de recordatorio de otras muertes por colisión, también en Nueva York, dos siglos más tarde.

Estos tres libros han tratado de extraer ficción de los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001, en Estados Unidos.

Según la base de datos de Bowker, que le hace seguimiento a los libros impresos y electrónicos publicados y distribuidos en Estados Unidos, se han escrito 164 obras de ese tipo hasta ahora, historias que tratan del evento directamente o lo usan como gancho para hablar de asuntos literarios más amplios, como el amor, la vida o la pérdida.

Como señala Erica Wagner, editora literaria de The Times, sucesos que marcan épocas han sido tradicionalmente grandes lienzos para la imaginación.

"Todos nos preguntamos: ¿si me hubiera pasado a mí, qué habría hecho? La tarea del novelista es considerarlo detenidamente", señala.

La tragedia a menudo ha provocado aludes de arte. La Guerra Civil Española engendró "Por quién doblan las campanas" de Ernest Hemingway; el bombardeo a Dresde inspiró "Matadero 5", de Kurt Vonnegut, el día más sangriento en la historia bélica de la humanidad, la Batalla de Borodino, de 1812, aparece en el magnum opus de León Tolstoi "La guerra y la paz".

Los ataques de 11-S sacudieron al mundo y la manera en la que lo concebimos. No sorprende que los novelistas lo incluyan en sus obras pero, cuando han pasado 10 años, ¿ha habido una novela que haya cautivado la imaginación más que ninguna otra y que sobresalga como la historia de nuestros tiempos?
Eventos tan trastornantes como la Guerra Civil de España inspiran obras como "Por quién doblan las campanas".

La búsqueda, al parecer, continúa. Es tentador, al cerrarse una década, empezar a entregar galardones, pero en su función de incentivo para la imaginación, ese tipo de acontecimientos no tiene fecha de vencimiento.

"Diez años no es mucho tiempo desde el punto de vista de la ficción", apunta Wagner.

"Si uno piensa en las novelas de Dickens, por ejemplo, parecen contemporáneas, pero él estaba a menudo escribiendo sobre su infancia, y eso implica una distancia temporal de unos 40 años".

"La guerra y la paz" apareció más de 50 años después de que Napoleón invadiera Rusia. A "Ángeles asesinos", de Michael Shaara, una representación ficticia de la Batalla de Gettysburgo, le tomó 120 años llegar.

En contraste, "Trampa 22" (Catch-22) de Joseph Heller fue escrita en 1961, apenas 15 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Según John Sutherland, profesor de literatura inglesa moderna en University College London, existe una relación estrecha entre la ficción y los sucesos de actualidad, pero "no es como ping-pong: la ficción no provee necesariamente una respuesta directa".
Nostradamus

Es posible, agrega, que la novela que finalmente defina la era 11-S no tenga nada que ver con el evento mismo, al menos en términos de la trama.

"Cuando las torres se derrumbaron, el libro que saltó a la cima de la lista de los más vendidos fue "Desde mi cielo" (Lovely bones) de Alice Sebold (narrada desde el cielo por una niña asesinada), reflejando, quizás, una fascinación general con el trauma", indica Sutherland.

Nostradamus, dice, recobró su popularidad por razones similares, pues la gente empezó a pensar en el fin del mundo.
Teju Cole, autor de "Ciudad abierta"", dice que su novela del 11-S es "Elizabeth Costello" de J.M. Coetzee, a pesar de que no tiene nada que ver con los atentados en Nueva York.

"Enfrenta el interrogante de si hay límites para lo que puede ser descrito sobre el sufrimiento humano. En Estados Unidos escuchamos mucho sobre 11-S pero vimos muy poco del daño humano de ese día y muy poco del daño humano que resultó de las guerras del 11-S", señala.

"¿Quién decide qué deben ver los otros? Incluso las fotografías de soldados en ataúdes envueltos en banderas fueron vetadas".

De acuerdo con Mohsin Hamid, autor de "El fundamentalista reticente", el sólo buscar novelas definitivas -obras que definen o especifican de manera precisa- es desacertado.

"Los acontecimientos deben tener tantas definiciones como el número de personas que los vivieron", opina.

Cuando las fuerzas japonesas bombardearon Pearl Harbour, en la mañana del 7 de diciembre de 1941, no se trató sólo de un evento que forzó a EE.UU. a participar oficialmente en la Segunda Guerra Mundial, argumenta.

"Pearl Harbour fue muchas otras cosas también: fue un beso, fue nadar en un lago, fue un pescador preguntándose a qué se debía tanta conmoción, fue una bandada de aves que huyeron despavoridas".

"La ficción es un encuentro largo y laberíntico de muchas cosas. La ficción vuelve a complicar lo que los políticos quieren sobresimplificar", concluye.

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