Los peligros de falsificar el pasado
Sanguinetti molesto con Duhalde y Alan García – Los dos demonios y el gran Satanás – Una luz sobre la historia – Sanguinetti y las ventajas de falsificar SU pasado -

En el primer párrafo de esa nota Julio María Sanguinetti manifiesta:
“No hace mucho tiempo, el ex presidente Duhalde, nuestro amigo, puso como ejemplo en un discurso político la moderación de los presidentes Bachelet, Lula da Silva y Pepe Mujica, afirmando del mandatario uruguayo que había padecido años de prisión "por luchar por la democracia".
“Más allá de cualquier análisis político o ideológico, se trata de un claro error.”
Sanguinetti continua su análisis tratando de demostrar -exponiendo las acciones guerrilleras de Mujica y los tupamaros- que éstos no lucharon “por la Democracia” sino contra la Democracia. Y es en ese relato en el cual se retrotrae al inicio de las acciones de la guerrilla tupamara en los años 60, donde se percibe la malicia que Sanguinetti aplica en su visión histórica. Porque si bien él o cualquier otro uruguayo que vivió en la época pudo llegar a decir (en un acto de videncia) que el fin último de los tupamaros habría de ser –como más adelante lo afirma con carácter de bula pontificia- instaurar “aquella ideología leninista que apuntaba hacia el totalitarismo”, nadie puede afirmar que la rebelión de los tupamaros (al igual que los demás movimientos revolucionarios en Latinoamérica) fuera contra un régimen democrático. En el Uruguay y en el resto de América Latina imperaban las más perfectas Corruptocracias, todas nacidas del concubinato entre la “señora abundancia” que apareció en nuestros países luego de la postguerra y los “políticos ambiciosos” que luego del éxtasis de la copulación se transformaron en depredadores a ultranza de nuestras riquezas. Todos se decían demócratas por la única (pero para el caso poco válida razón) de haber sido elegidos por el pueblo, pero todos se convirtieron en terroristas de la peor clase al llevar a nuestros pueblos a los más altos índices de miseria y pobreza. Y si bien nuestro país en determinado momento pudo haber sido un caso bastante excepcional al tener un presidente honesto (nos referimos a Pacheco Areco a quien podemos criticar por muchas otras razones pero no por corrupto), éste no pudo controlar –quedó demostrado en la realidad- a los mafiosos políticos de su propio Partido que actuando en connivencia con los financistas y banqueros de entonces (entre ellos los Peirano) estaban asolando el país. Y acotamos: lo continuaron haciendo durante la dictadura y luego con mayor virulencia a partir de la asunción en 1985 -y hasta el 2005 con total impunidad- del capo mafioso Julio María Sanguinetti.
Contra esa Corruptocracia –que no pudieron derrotar- se alzaron los tupamaros.
Cuando se analizan los episodios de aquellas décadas, la del 60 y 70, aflora inevitablemente en la discusión la teoría de los “dos demonios”. Pero quienes la sustentan no tienen en cuenta, o mejor dicho no quieren tener en cuenta, que éstos no surgieron por generación espontánea. Desconocen, pero no por estúpidos sino porque les conviene, que el padre de estos demonios fue un robusto satanás que reinaba por estos lares y cuyo nombre era Corrupción. Y quienes digan que la democracia le ofrecía a los pueblos lainoamericanos medios pacíficos para derrotarlo y llegar al poder para poder revertir la situación, sin duda desconocen que en nuestro querido Uruguay no existía esa posibilidad. Todos sabemos que Wilson Ferreira Aldunate (sin duda buscando el mismo fin de darle sanidad moral al accionar político) cuando utilizó la vía democrática en busca de esa pretensión fue despojado de su legítimo triunfo en las elecciones de 1971, como todos lo sabemos y está probado incluso en documentos que no hace mucho fueron desclasificados de archivos del gobierno de los Estados Unidos. Y todos sabemos que ese despojo fue urdido en las tiendas del grupo de corruptos colorados que al concretar con éxito esa infame maniobra desvió el curso de la historia e hizo ingresar a nuestro país en la etapa más negra del siglo XX.
Así que, me parece, quien cometió un “claro error” fue Julio María Sanguinetti al enfadarse y corregir a los dos presidentes que ensalzaron a Mujica por haber luchado por la democracia.
La nota continua con la exposición de algunas verdades sobre las cuales nadie duda pero que son seguidas de interpretaciones “a la Sanguinetti”, es decir desde su visión de fascista que quiere mostrarse como “paladín de la democracia” y la del corrupto que pretende engañar al mundo con una imagen de “gran estadista” y persona “honorable e íntegra”. En esos párrafos, que no vale la pena analizar, destila su característica hipocresía y cinismo al tratar de “nuestro amigo” a Alan García (mismo tratamiento que le dio a Duhalde), para luego tratarlos a ambos de estúpidos y/o ignorantes por lo erróneo de sus afirmaciones sobre el pasado de José Mujica. Es decir, no lo dice directamente con estos términos, pero al tratarlos de “confundidos” igualmente lo da a entender aunque en forma más diplomática.
La nota finaliza: “Desgraciadamente, hay demasiada gente empeñada en tergiversar la historia y hasta, como va dicho, han llevado la confusión nada menos que hasta a presidentes.
Lo peor es que esta falsificación no queda librada al debate histórico, sino que es el fundamento de actitudes revanchistas que continúan no sólo en Uruguay sino en otros países (no en Brasil, donde Lula ha tenido la sabiduría de desalentar todo intento revisionista). Es más, el propio presidente Mujica ha sido enfático en condenar el sentimiento de revancha pero, desgraciadamente, el mismo sigue inspirando a muchos miembros de su gobierno y a algunos magistrados influidos por ese microclima enfermizo que confunde justicia con venganza.”
Dejaremos para el final de nuestros comentarios la parte en que dice que hay gente empeñada en tergiversar la historia y ellos “han llevado la confusión nada menos que hasta a presidentes”. Lo haremos así porque previamente al remate de nuestra nota nos vemos obligados a aclararle a Sanguinetti que si fuera cierta su aseveración -agraviante para algunos magistrados- sobre la debilidad que éstos demuestran al actuar al influjo de “ese microclima enfermizo que confunde justicia con venganza”, debería recordar que a partir de 1985 vivimos en un microclima donde la justicia si bien no siempre se confundía con venganza (aunque puedo demostrar con documentos las veces que él provocó la confusión), fue siempre un instrumento de su poder mafioso, y fue un período durante el cual los jueces y fiscales fueron comprados y/o coaccionados y/o chantajeados para que sustentaran la impunidad de todos sus actos de corrupción. Los ejemplos sobran y basta que recordemos -solamente y entre muchísimos casos- las dos oportunidades en que su hijo Julio Luis quedó en libertad luego de procesos judiciales en los que existían pruebas que lo incriminaban como estafador por cifras millonarias en dólares. En una nota que publicamos hace dos años en este semanario bajo el título “La Justicia, ¿qué Justicia?”, nos explayamos sobre el tema con profusión de probados ejemplos.
Vayamos al punto en que hace referencia a que fueron llevados a la confusión “nada menos que hasta a presidentes”.
Si esto hubiera sucedido –no lo decimos por este caso- no nos extrañaría. Son los mismos presidentes que han calificado en términos elogiosos a quien exhibe en su pasado un “brillante” curriculum que, por desconocerlo, los induce a la confusión. Y es bueno que lo conozcan.
Algunos de estos hechos ya los comenté anteriormente.
- Estos presidentes no saben que quien asume la Presidencia del Uruguay en 1985 es el individuo que unos años antes cuando se entera que va a ser nombrado Ministro de Cultura exclama: “¡¡ en esta nos forramos!!”. No fue ningún delito pero ahí comenzamos a tener una idea de su absoluta carencia de moral.
- No saben que cuando es nombrado candidato del Partido Colorado para las elecciones de 1984, lo que le da la certeza de que será elegido Presidente (estando fuera de la contienda Wilson, Batlle y Seregni, era por descarte de los mejores el único candidato potable para los ciudadanos) desaparecen “mágicamente” de varios Juzgados los expedientes (más de 5) en los cuales se lo demandaba por estafas de diversa índole. Me parece bien, a la Presidencia se debe llegar con un historial inmaculado.
- Desconocen que fue notoria su vinculación con los famosos “escuadrones de la muerte” que actuaron antes y durante la dictadura, aunque esto nunca se llegó a probar fehacientemente debido a la muerte “accidental” de quien solicitó al Parlamento (el Diputado Juan Pablo Terra) que se investigara la relación entre Sanguinetti y estos criminales. Existían muchos elementos de convicción pero, como dicen sus mafiosos secuaces, “nunca nadie pudo ni podrá probarles nada” (todos los que podían están en el “más allá” desde donde, por problemas de jurisdicción, no pueden actuar).
- Estos presidentes no se enteraron que durante la dictadura fue cómplice, primero, de algunos de los torturadores que estaban enfrentados al Goyo Alvarez (la promoción que le hizo a “El Talero” cuando se atacaba al ex dictador lo demuestra) pero luego cambió de bando y con Alvarez planificó el despeje de obstáculos para que pudiera convertirse en el sucesor “demócrata”. Ya en 1978 estaba todo decidido (y no tuvo empacho en comentarlo) y de ahí en más sobrevienen los episodios que le despejarían el camino. Los más significativos fueron los asesinatos de Michelini y Gutierrez Ruíz (se frustra el atentado a Wilson por lo cual luego lo proscriben y encarcelan) y las proscripciones de los otros candidatos que también podían dar al traste con su ambición: el Gral. Liber Seregni y Jorge Batlle. Prácticamente se convierte en candidato único, aunque asimismo solamente logra el 19 % de los votos. Accede a la Presidencia por la ley de lemas.
- Estos confundidos presidentes nunca supieron que la lealtad, adhesión, complacencia y COMPLICIDAD de Julio M. Sanguinetti con dictadores y torturadores es de fácil demostración, pero que sea fácil no significa que se pueda exponer brevemente. Son tantos los hechos que demuestran tal aseveración, que aquí deberé remitirme a un solo punto: LA ORDEN Nº 7777 DEL COMANDO GENERAL DEL EJERCITO, DE FECHA 3 DE JULIO DE 1978, FIRMADA POR EL TTE. GRAL. GREGORIO ALVAREZ, en la cual éste admite, en su punto 2), el “haber dado la primer orden en la comisión de actos reñidos con los Derechos Humanos”. Y el 1º de Marzo de 1985, cuando Sanguinetti asume como Presidente (se supone que de todos los Orientales y no solo del 19% de sus votantes directos), omite cumplir con un deber cuyo carácter de ineludible le imponía su investidura: pedir el inmediato procesamiento del dictador. Sanguinetti no podía aducir el desconocimiento de tal Orden ni de la existencia de los actos de barbarie cometidos durante la dictadura, y en ese momento no existía la Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado. O sea que, al primer minuto de asumir como Presidente electo, deja de cumplir con la Constitución, con las Leyes, con la Moral, y se burla de todo el pueblo con sus disertaciones sobre los valores de la Democracia en tanto en los hechos -con su omisión- nos demuestra su complicidad con quien además de haber aceptado la violación de los Derechos Humanos dice (en el final de esa vergonzosa Orden) que “el Ejército Nacional ha sufrido una dolorosa mutilación que solo con unidad monolítica y situación responsable, como herederos del prestigio del Ejército de Artigas, se podrá sobrellevar.” Conocer esta Orden del Comando General del Ejercito, y no haber actuado, no solo convierte a Sanguinetti en cómplice de actos de barbarie (sin considerar la sospecha que sobre él recae por los “escuadrones de la muerte”) y en burlador de un pueblo que le confió la Presidencia, sino también en responsable de un ultraje a nuestro Prócer. Ya fuere por complicidad o por cobardía, el Dr. Sanguinetti no tuvo la dignidad de expresarle al Gral. Alvarez que el prestigio de nuestro glorioso Ejército fue perdido en ese período y bajo su mando. Sanguinetti validó las acciones de aquellos que torturaron y asesinaron a quienes estaban derrotados e indefensos en las cárceles militares, y ULTRAJÓ EN ESE ACTO la memoria de quien –entre otras cosas- fundamentó el prestigio de su Ejercito en aquel altruista pensamiento: “clemencia para los vencidos”. Y por lo expuesto (sin considerar otros hechos que sobrepasan la decena) pude decir en varias oportunidades, oralmente y por escrito -y sin ningún temor a acciones judiciales por faltar a la verdad- que Julio María Sanguinetti debe ser reputado, además de Reo de Lesa Nación, REO DE LESA HUMANIDAD.
- La confusión de los presidentes también se justifica porque desconocen los delitos, inmoralidades y actos mafiosos de más de 20 diplomáticos uruguayos, aún en nuestro Servicio Exterior, y que fueron amparados y premiados con ascensos y muy buenos destinos por Julio M. Sanguinetti y Didier Operti, quienes además de demostrar su complicidad con estos delincuentes, han irrespetado gravemente no solo al resto de honorables diplomáticos uruguayos, sino también a todos los uruguayos por haber nombrado a estos individuos como representantes nuestros, y que en igual medida están vejando a los organismos internacionales y a los pueblos y los gobiernos de los países donde fueron acreditados (todos mencionados en escritos anteriores con sus respectivos delitos).
- Es lógico que estos presidentes hayan estado muy confundidos al elogiar a Sanguinetti porque nunca se enteraron de los delitos e inmoralidades cometidos por los militares sanguinetistas (Brig. Gral. Pache, Tte. Gral. Amado, Cnel. de Av. Egaña, etc. etc., y torturadores como Silveira, Cordero, etc. etc.) que fueron amparados y algunos premiados por el ex presidente, incluso dándoles indebidamente la protección de la Ley de Caducidad a varios de ellos que habían cometido delitos comunes. Quizás lo hizo en contrapartida del incumplimiento -durante 15 años- de la cláusula 4ta., la más humanitaria de esta ley. (En este punto recordemos la criminal burla de Sanguinetti –y tortura emocional- a Juan Gelman, a la Tota Quinteros, a Sara Mendez y a todos los demás familiares de detenidos desaparecidos y niños desaparecidos).
- Entendemos la confusión de presidentes que desconocen las inmoralidades y delitos de ese grupúsculo mafioso que constituyó la más flagrante ASOCIACIÓN PARA DELINQUIR que hubo en el país y que, por razones de espacio, solo daremos los nombres de algunos: Julio Luis “cangrejo rojo” Sanguinetti, el burlador de nuestra Justicia, y de su socio (en algunas cosas, en otras cómplice) Hackembruck hijo; de Ernesto Laguardia, ex secretario privado de Sanguinetti, “ladrón de viejitos” y mafioso estafador (pruebas aquí, si no desaparecieron del Juzgado, y testigos en Francia); de Carlos María Ganduglia, íntimo de Sanguinetti que vació en 100 millones de dólares a varios Bancos; de Roberto Asiaín y Edison Rijo, ex diputados y el primer nombrado ex presidiario; de Antonio Marquesano, ex Ministro del Interior; de Walter Nessi, ex Prosecretario de la Presidencia; de Osvaldo Rissi, ex no se sabe que pero tenía despacho privado en el Edificio Libertad; de Elias Bluth, de Kneit, Salomón Noachas y Lauzarot, todos ex Presidentes y vaciadores del Banco Hipotecario; de Hierro López, ex vicepresidente que cuando fue Ministro del Interior cometió un aberrante delito al darle luz verde a la corrupción policial y a la delincuencia en general; de Milka Barbato la mano derecha de Sanguinetti que se metió durante una década en la “lata”, vaciándola, de la Corporación Nacional para el Desarrollo y luego en el Banco República, etc., etc., etc., y sin olvidar al escritor de libritos sobre la corrupción y paralelamente defensor a ultranza de todos los corruptos mencionados: el soldado plancha W. Abdala.
- La confusión de estos presidentes es comprensible si consideramos que desconocían las denuncias que hizo (presentando abundantes pruebas) el Presidente de Transparencia Uruguaya, el Sr. Alejandro Passadore, sobre el lavado de dinero y sobre el financiamiento del narcotráfico a las campañas políticas, y los atentados y amenazas contra su persona y familia durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti. Y en este tema de amenazas atentados y crímenes, no se puede dejar de mencionar el crimen del empresario González en el cual la prensa nacional INVOLUCRO, directamente, a Julio María Sanguinetti como “mandante de acciones destinadas a entorpecer las investigaciones”. Esto se publicó, trascendió fronteras (por lo cual una vez más el ex presidente vio afectado su nombre, el prestigio del país y de la representación que investía) pero el abogado Sanguinetti olvidó su profesión (no digo su dignidad porque no la tiene) y se silenció vergonzosamente. Y fue denunciado -nada menos- por alguien que bien conocía sus actos, por haber sido, además de Jefe de Inteligencia, jefe de su guardia presidencial. En este “item” corresponde que les mencione a los confundidos presidentes los dos atentados contra la vida de mi hermano (en Colombia y luego de haberse enfrentado varias veces a Sanguinetti y su mafia de Cancillería), uno, ametrallándolo en su auto, y otro, secuestrando y torturando a una funcionaria de la Embajada. Atentados en los que el M19 nada tuvo que ver, como lo hicieron creer aquí en el Ministerio de RR.EE. los amigos de Sanguinetti que SÍ tuvieron que ver, y puedo probarlo.
- Estos presidentes que por estar muy confundidos elogiaron a Mujica y provocaron el enojo de nuestro ex presidente (solamente los elogios a él son merecidos) nunca se enteraron de las denuncias del Dr. Raúl Alonso De Marco, Presidente de la Suprema Corte de Justicia, sobre las obstrucciones que este Poder –en nuestro promocionado país “republicano”- sufría por parte de todos los organismos del Estado. Y este Magistrado se refería concretamente a casos de presunta corrupción en Bancos, y mencionaba entre otros, y ya en aquella época (1995) al Banco Comercial.
Finalizaremos titulando algunas de las muchas otras cosas que nos pueden hacer entender que, por su desconocimiento, tanto Duhalde como Alan García hayan elogiado alguna vez a Sanguinetti. (Aunque yo presumo que si lo hicieron fue por esa especie de corporativismo que existe entre los políticos corruptos).
Los ponemos al tanto: abuso del poder para atropellar todas las libertades (sí, todas, y ya lo demostré) y fundamentalmente la libertad de prensa; las licitaciones preñadas de corrupción, a modo de ejemplo, la del Puerto de Contenedores y la no-dilucidación de una grave acusación de “coima” de 2 millones de dólares contra Antonio Marquesano y Elias Bluth; Julio María Sanguinetti y su hijo Julio Luis INVOLUCRADOS en juicio penal en los Estados Unidos y en nuestro país por el caso “cangrejo rojo”; el incendio de UTE en el que mueren cinco humildes limpiadoras cuando los “intocables del poder” (como los definiera Washington de María ex oficial del DOE y ex guardia presidencial de Sanguinetti) provocaron un cortocircuito para borrar las huellas de una gigantesca estafa; Sanguinetti, Marquesano y el ingreso de la droga en cantidades industriales a partir de 1985; las “cesiones” de soberanía denunciadas por el Cap. de Navío Yamandú Flangini; el envío de cuadros de nuestro patrimonio nacional (más de 40) al City Bank de Caracas cuando Sanguinetti era Ministro de Cultura; los ilícitos cometidos en los dos períodos de Sanguinetti en el BPS, en el Banco Hipotecario, Banco de Seguros, Banco Central, Bancos privados (varios), Ministerios (todos), Grupo Soler, Sanatorio Larghero, Jockey Club, Granja Moro, etc., etc., etc., en fin, una larga lista de organismos del Estado (desde siempre en manos de sanguinetistas) y de empresas privadas vinculadas estrechamente al ex presidente; la deuda externa, incrementada en 4 mil millones de dólares en los dos últimos años del último período de Sanguinetti y las reveladoras palabras del Secretario del Tesoro de los EE.UU., Mr. Paul O´Neil, cuando se refirió a los “gobernantes corruptos de Uruguay, Argentina y Brasil, que se llevaron a sus cuentas privadas los dineros prestados a los pueblos” y que, inequívocamente, fueron los causantes de la miseria y pobreza que hasta hoy nos agobia.
Podría seguir y llenar varias páginas más, ustedes lo saben. Ni siquiera he mencionado el caso de la destitución de mi hermano (Raúl Liard) del Servicio Exterior, el cual, por si solo, si se investigara en el Parlamento como lo estuvo pidiendo reiteradas veces Don Guillermo Chifflet y Jair Krischke (el principal acusador de Raúl cuando Sanguinetti lo engañó con documentos falsos y que hoy es consciente de ello) y pasara a la Justicia, pondría indefectiblemente a Julio María Sanguineti entre rejas, y de por vida. Pero no podemos abusar de la buena voluntad del Director de este semanario (aunque sea mi hermano) pidiéndole que me conceda más espacio. Ya sobrepasé demasiado los límites razonables, y si me vi en la necesidad de hacerlo fue para mostrarle a muchos presidentes latinoamericanos que si están “confundidos” al elogiar a Pepe Mujica, sin ninguna duda lo están mucho más al considerar a Julio María Sanguinetti como un “paladín de la democracia” y un político ejemplar por su “hombría de bien” su “honorabilidad” y su “honestidad” en el manejo de la cosa pública. Aplicarle estos calificativos a quien sus propios correligionarios consideran un mafioso al que nominan con el mote de AL CAPONE, eso sí es confusión.
Pero es lógico que esto pase. Nuestro ex presidente siempre ha sido un experto –y puedo decir que el mejor a nivel mundial- en falsificar el pasado. Aunque al hacerlo con referencia al suyo, lejos de que sea un peligro como lo expresa en el título de la nota publicada en La Nación, es una gran ventaja.
No creo que alguien se pregunte por que.

