La causa del atraso: las instituciones extractivas

El economista explica que las instituciones extractivas predominan en los países con un largo pasado colonial durante el cual se explotaron recursos naturales, y añade que actualmente son parte de su cultura.

Iván Finot MSc en economía, experto internacional.
Página Siete
En un artículo anterior habíamos visto cómo Corea del Sur, cuyo producto interno bruto por habitante, en 1950, representaba sólo el 44,5% del de Bolivia, en 2010, 60 años después, se había convertido en un país desarrollado, con un producto por habitante siete veces mayor que el nuestro.


Y también que otros países del este asiático -incluida China- siguieron políticas económicas similares y así lograron -o están en vías de lograr- que todos sus habitantes vivan bien y progresen sostenidamente.

¿Por qué unas sociedades progresan y otras se atrasan? Ya en 1748 Montesquieu se hacía esta pregunta y atribuía el atraso no a razas inferiores -como en ese entonces, y después, muchos creían- sino a que los climas tropicales hacían que la gente fuera floja y con pocas iniciativas.

Sachs (2006) retoma esta tesis: la causa de las desigualdades económicas sería que los climas tropicales provocan enfermedades endémicas, como la malaria, y no son aptos para la producción de alimentos como el trigo. Y, en el caso de Bolivia, también la mediterraneidad, que reduce nuestro PIB anualmente entre 1% y 2%.

Otra explicación de por qué unas sociedades logran desarrollarse y otras no, sería la diferencia entre sus "instituciones”, entendidas éstas no como organizaciones sino como las normas y sanciones, informales y formales, que orientan el comportamiento económico (North1990; Premio Nobel 1993). Acemoglu y Robinson (2012), después de descartar a las explicaciones geográficas como determinantes fundamentales, confirman la tesis de North con un estudio histórico que cubre prácticamente todo el mundo y les permite clasificar a las instituciones en dos: "inclusivas”, que favorecen el desempeño económico, y "extractivas”, que lo frenan.

Las instituciones inclusivas favorecen el desarrollo al inducir "la participación de grandes masas de gente en actividades económicas en las que pueden hacer mejor uso de sus talentos y habilidades, y permiten a los individuos adoptar las opciones que cada uno desee”; en cambio, las extractivas operan en sentido contrario porque "están diseñadas para extraer ingresos y riqueza de un subconjunto de la sociedad para beneficiar a otro”.

Que unas u otras prevalezcan depende de factores históricos: las instituciones extractivas predominan en los países con un largo pasado colonial durante el que se explotaron recursos naturales no renovables y -podemos añadir- actualmente hacen parte de su cultura.

Claramente el atraso de Bolivia puede ser atribuido a las instituciones extractivas que fueron instauradas durante los siglos coloniales y aún subsisten: el éxito económico del país -o de un departamento- depende de la buena suerte de encontrar hidrocarburos o minerales y el de los individuos, de lograr privilegios, mucho más que del esfuerzo personal y de la interacción entre iguales.

Las instituciones informales son más importantes que las formales porque están internalizadas y son parte de la cultura nacional. En nuestro caso, las instituciones coloniales persisten con frecuencia informalmente. Una institución colonial era la prebenda (Zabaleta) y hoy se sigue considerando a los puestos públicos como premios por servicios prestados a quien se encuentra en el poder, beneficios de los que hay que extraer el máximo provecho mientras duren: que la persona esté o no calificada para el puesto es algo secundario. También es una institución colonial que el poder distribuya regalos para ganar lealtades y sanciones a quienes no obedezcan. O que no se cobre impuestos a los comerciantes mestizos; o que "empresarios amigos” no deban cumplir requisitos que son obligatorios para otros -tales como estudios de factibilidad y licitaciones- para lograr jugosos contratos.

O, finalmente, todo lo que hace que la riqueza se concentre en el poder político, como antes en la Corona.

¿Cómo superar la institucionalidad extractiva, la búsqueda constante del privilegio, no de la igualdad? En nuestro caso hacerlo se complica, ya que, en vez de seguir una evolución normal, a la institucionalidad propia de la Colonia, en última instancia, endógena, con la República se le sobrepuso otra, exógena, que había surgido en Europa y se intentó instaurar aquí a partir de la promesa de Bolívar: "Voy a dar a Bolivia la Constitución más moderna del mundo”.

La institucionalidad colonial era endógena porque se levantó sobre la incaica, que a su vez era parte de la gran civilización del lago Titikaka: los españoles aprovecharon al máximo las instituciones extractivas que relacionaban a las comunidades con el Inca, como la mita y el tributo, y también las inclusivas al interior de las comunidades, fundamentales para la reproducción de la fuerza de trabajo y para la generación del tributo en plata. Aprovecharon ambas para explotar al "subconjunto” de la población que les generaba riqueza: los indígenas del occidente.

Y con la República se intentó implantar instituciones inclusivas que habían sido resultado de evoluciones históricas en otros contextos, pero manteniendo las instituciones extractivas que eran favorables al nuevo poder, tales como el tributo -ahora "contribución indigenal”- vital para el funcionamiento del Estado hasta avanzado el siglo XX, o las relaciones de servidumbre, vigentes hasta 1953. Y se ignoró completamente a las instituciones de autogobierno, ciertamente inclusivas, desarrolladas en las comunidades campesinas y pueblos indígenas durante siglos.

Las nuevas instituciones tardaron mucho en implantarse: el funcionamiento democrático previsto para el Gobierno nacional sólo empezó a funcionar regularmente después de la Guerra del Pacífico y sobre la base del voto calificado: ser varón mayor de edad, tener una propiedad inmueble o una renta, y saber leer y escribir (Constitución de 1880).

Este tipo de voto era normal en esa época, incluso en Europa, pero en Bolivia coincidía con el hecho de que en 1900 el 85% de la población era rural, el 83% de origen indígena, y en el campo no había escuelas… Al poder no le interesaba incluir a los indígenas en el Estado.

Esto nos lleva a una condición previa fundamental para poder encarar un cambio institucional: la unificación nacional, pendiente en Bolivia, como lo señalara Zabaleta, hasta 1952, e inconclusa hasta la Ley de Participación Popular (1994). En efecto, sólo al incorporar a la población rural al municipio -la base del Estado- la población de origen indígena ingresó plenamente a la ciudadanía boliviana, lo que pronto se expresó en el surgimiento de la organización política que agrupa a campesinos e indígenas -el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos- que ya ha ganado tres elecciones sucesivas.

Pero no por ser el actual Gobierno de origen campesino-indígena han cambiado las instituciones extractivas. Al contrario, éstas han cobrado nueva vigencia demostrando que institucionalmente todos tenemos una cultura común. Ahora bien, uno de los problemas del extractivismo es la casi total dependencia económica de las exportaciones de recursos naturales y de los precios de éstos. Y no sólo el precio del gas ha bajado sino las reservas del hidrocarburo se van agotando y los mercados se van reduciendo. Bajo instituciones extractivas, las ganancias logradas durante la bonanza no han sido bien invertidas y es previsible una crisis económica. Esperemos que para entonces, después del largo gobierno de un campesino de origen indígena, Bolivia esté finalmente unificada y podamos, al fin, encarar una reforma institucional que nos saque del atraso.

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