Real Madrid-Villarreal / Diomande saca del apuro a Mou
Un gol del marfileño da un triunfo imprescindible al Madrid. Vinicius fue suplente y vio la roja cuando entró por agarrar del pelo a un rival.
Los derbis son exageradamente largos. Más si el arbitraje desató un huracán. Más si el Madrid lo perdió jugando mal. Más si se sale conociendo las victorias de Atlético y Barça, por seguir el orden cronológico. Más si Mbappé y Vinicius, sobre los que la afición aplica un marcaje al hombre, resultaron invisibles en el Metropolitano. Por ambos hizo campaña Mourinho en la víspera con afán de amortiguar la protesta ante un público con el umbral de la paciencia bajo mínimos, al punto de que valora más los gestos que los goles, pero la coyuntura le sirvió al técnico la excusa perfecta para sentar al brasileño, que llevaba tiempo mereciéndolo, y darle su sitio a Diomande: una triple jornada FIFA de poco provecho, viajes transoceánicos y el peso de un país en la mochila durante tres semanas justifican cualquier medida extraordinaria. De cómo se traga el sapo Vinicius, al que los molinos le parecen ahora gigantes, tendremos noticias pronto. También le dio Mourinho la vuelta a las bandas, con los laterales B.
Iñigo Pérez y el Villarreal andan aún conociéndose. Empezaron mal la relación, con dos empates y cuatro derrotas en los seis primeros partidos, pero van entendiéndose. Eso sí, después de un volantazo. De los que perdieron ante el Betis, en el último partido de la racha negra, a los que vencieron al Levante, segundo capítulo de la resurrección, el técnico cambió a seis. En el Bernabéu, aunque le faltó Buchanan, presentó un once muy cercano al de los éxitos cercanos, aunque sustituyó al extremo canadiense por un central extra, Foyth, en funciones de pivote, y repitió con Freeman, que llegó con el jet lag del parón FIFA y un solo entrenamiento.
Mbappé topa con el palo
La cosa quedó en un 4-3-3 sin desajustar el manual. El Submarino es equipo de periscopio alzado, muy territorial (solo el Barça le supera en posesión en la Liga), extremadamente combinativo y, por tanto, de alto riesgo en la salida de la pelota. Le cazó el Madrid al menos tres veces en un cuarto de hora con Valverde, uno de los dos antidisturbios del centro del campo, apretando muy arriba, pero también escapó a la emboscada con jugadores de pie excelente, de Comesaña a Moleiro. En definitiva, miró al Madrid a la cara y, cuando pintaron bastos, le salvaron el palo, con el que tropezó una volea de Mbappé, en una jugada inventada por Güler a la que dio continuidad Carreras, o Gulacsi, en otro remate del francés, que había recibido un excepcional pase de 50 metros de Trent.
Gulacsi detuvo este remate de Mbappe.JAVIER GANDULAl Madrid, sin jugar mal, le corría prisa marcar y el gol no llegaba. Y un par de decisiones disciplinarias (falta no señalada a Mbappé, amarilla perdonada a Cardona) acabaron por calentar la hoguera. El asunto arbitral en el Bernabéu está hecho de nitroglicerina. A esa tardanza en la definición se unió el problema de la banda izquierda, donde Ilias desafiaba con éxito a Carreras. La entrada de Cucurella en el descanso resultó fácilmente explicable.
En ese ala, pero al otro lado, Diomande, hombre-bala, tenía la mano frente a Freeman. Desbordaba con extrema facilidad, pero le faltaba el pase de la verdad. Esa ruta la cerraban bien los centrales del Villarreal. Tampoco aprovechaba el Madrid el gran sentido del juego de Arda Güler, nada afectado por el mal papel de Turquía en la Nations. Fue violín con el balón y hasta tambor sin él. Y pareció muy mejorado Trent, con un extraordinario manejo del juego en largo.
La roja a Vinicius
Para darle una vuelta al asunto, en la segunda mitad, Valverde se movió a la derecha y Güler se volvió un futbolista más interior, algo que va más en consonancia con sus condiciones. Piernas para la banda, cabeza para el centro.
El segundo giro fue aún más radical, con la entrada de Vinicius, cargado de adrenalina. El uruguayo revivió su pasado como lateral, sitio donde no se ve él ni le veía Mourinho, aunque quizá sea el mejor de la plantilla ahí, Diomande cambió de ala y el brasileño ocupó su puesto natural. Era tiempo de alboroto. Esta vez el sacrificado fue Trent, que firmaba uno de sus mejores partidos, y se libró Güler, habitual primera pieza que se cae del tablero.
Iñigo Pérez dobló el lateral con Cardona y Romero y metió en la mediapunta a Moleiro, su hábitat natural. Desde ahí avisó pronto con un remate raso.
Mbappé estrelló este tiro en el palo.Associated Press / LaPresseEl Madrid comenzó a jugar mejor, más agresivo, más profundo, más intimidador, aunque también se sintió más vulnerable atrás. Courtois tuvo que poner sus manos a dos zapatazos de Gueye. Y en esas marcó Diomande, en una media vuelta estupenda en jugada de extremo de Valverde, que ahí es mejor de lo que él cree. El VAR validó un tanto que Díaz de Mera anulaba por inexistente fuera de juego.
Diomande anotó así el único gol del encuentro.Associated Press / LaPresseIñigo cambió la ruta, quitó a Cardona y metió gol: Gerard Moreno y Mikautadze. Pareció caer en saco roto, porque el Madrid hizo el segundo tanto en lance a tres bandas: corte providencial de Tchouameni, arrancada de Bellingham y remate final de Vinicius. La jugada tenía un pero: un tirón de pelo previo de Vinicius a Saliba que valió para invalidar el tanto y para que el brasileño viera la roja. Ahí comenzó un sufrimiento extremo del Madrid, por el empuje del Villarreal y porque Mbappé ha perdido iluminación en el área. Su resistencia, simbolizada en la brega heroica de Bellingham, le da más tiempo a Mourinho, pero aún falta para que amanezca en el Madrid.


