Ponzio, el pacificador con espalda de ídolo

El regreso del capitán de la era dorada al vestuario de River Plate, ahora con el buzo de entrenador, representa mucho más que un cambio de cuerpo técnico.

Mauro Palacios 
TyC
Aunque hablen de unidad, el vestuario de River estaba dividido. Por un lado los recién llegados que bancaban el "proyecto Coudet" y por otro lado con los que recogieron el guante "Cantilo". Otamendi, Correa, Thiago Almada junto con Santiago Beltrán y otros agradecieron el paso del Chacho por el club y por la fuerza que hizo por ellos; del otro lado están quienes se hicieron los giles y no iban a modificar algunas cuestiones hasta que hubiera un cambio.

Aparece Leonardo Ponzio, líder y capitán como pocos en estas últimas décadas en River, autoridad moral en un vestuario que venía con fisuras. Ese será su principal trabajo y seguramente lo desarrollará muy bien. La única duda es su capacidad táctica y de que manera transmitirla.

Ponzio deberá ser el líder de una reconstrucción en cuanto al tejido humano de un plantel repleto de figuras. Su primera línea estará compuesta por Otamendi, Acuña, Montiel y alguno más, y ellos serán los encargados de hacer jugar bien al equipo como Thiago Almada, Joaquín Correa.

La gestión de Coudet dejó al descubierto una desconexión entre el cuerpo técnico y gran parte del plantel: el ex DT nunca logró amalgamar los egos ni consolidar un frente unido que respaldara su idea en las paradas difíciles, el superclasico en el Monumental, la final ante Belgrano y la llave de Copa Sudamericana.

Cuando el barco comenzó a hundirse, no hubo manos suficientes para sostener el timón, quizá pocos quisieron evitarlo. Leo Ponzio no necesita ensayar discursos impostados ni sobreactuar directivas para ganarse el respeto de los futbolistas. Su condición de capitán eterno y máximo emblema de la era más gloriosa contemporánea del club le otorga un peso específico inmediato.

Ponzio comprende las dinámicas del día a día y, por encima de todo, sabe perfectamente lo que significa convivir y liderar planteles plagados de estrellas y campeones. Su liderazgo histórico se basó en el ejemplo silencioso, el sacrificio y la capacidad de poner siempre el escudo por delante de las individualidades.

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Para lograr que todas las figuras tiren hacia el mismo lado, el nuevo entrenador deberá apelar a esa misma receta que aplicaba dentro de la cancha, exigencia innegociable con la identidad del club y será clave como se irá a rodear en el cuerpo técnico. Frente a Banfield estuvieron Marcelo Escudero y Christian Manfredi, pero la intención es que lleguen las glorias que fueron sus compañeros y son amigos como Jonatan Maidana, Ignacio Scocco más la presencia ya conocida de Marcelo Barovero que viene trabajando con los arqueros del primer equipo.

Para este tramo en donde deberá meterse entre los ocho primeros y ganar el Superclásico, River no necesitaba un estratega obsesivo que sumara más revoluciones a un ambiente ya de por sí tensionado; necesitaba un pacificador con espalda de ídolo, capaz de recordarle a cada figura que, en Núñez, nadie es más importante que el escudo.

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