Lozano y Blanco, las puntas de lanza de Boca que pueden ser clave para eliminar a Racing
Explosivos y de gran pegada, uno goleador y el otro asistidor, los laterales encontraron en el ataque su mejor versión y buscarán ser decisivos en los cuartos de final de la Copa Argentina.
Explosivos, veloces y de gran pegada, tanto con pelota quieta como a la carrera, cada vez que se proyectan al hincha le empieza a picar la garganta y se escucha, a lo lejos, el eco de un gol que está por llegar. Basta con que alguno de los dos avance con la cabeza en alto hasta tres cuartos de cancha, o incluso hasta el banderín del córner, y saque ese centro perfecto que se hundirá como una daga en el corazón de la defensa rival y le pedirá a los gritos a Miguel Merentiel que solamente la empuje, como ocurrió el último sábado en el Nuevo Gasómetro.
Abundan los marcadores de punta a los que se le nubla la vista apenas cruzan la mitad de la cancha, prefieren tocar rápido y sacarse de encima la pelota, como si les quemara. Con Blanco y Lozano, dos puntas de lanza, sucede todo lo contrario. Si ellos la tienen en sus pies, la obligación de marcar y recuperarla es del adversario. Sin las cadenas defensivas, se mueven con la soltura de dos extremos más y pisan el área como si la conocieran de toda la vida.
Podrían tener ellos la llave que destrabe el clásico contra Racing de este domingo en el Gigante de Arroyito, por los cuartos de final de la Copa Argentina. A lo largo de este ciclo de Juan Pablo Vojvoda, en la cuerda floja más allá de la última victoria 3-1 sobre Sarmiento, el equipo expuso falencias y desatenciones en el fondo (recibió 16 goles en 10 fechas del Clausura), sobre todo en el retroceso y el juego aéreo.
Boca podría intentar llevar el partido justamente hacia ese terreno fértil para sus carrileros: obligar a la defensa de Racing a volver tras sus pasos, someterla a duelos individuales y aprovechar los espacios que aparezcan cuando el trámite del juego sea golpe por golpe. Del otro lado estarían el juvenil Gonzalo Escudero (a la espera de la recuperación de Ezequiel Cannavo) y un Ignacio Rodríguez a pierna cambiada, una configuración que puede ofrecerles a Lozano y Blanco un escenario propicio para lastimar por los costados.

Sus mapas de calor son un calco: una fuerte presencia sobre la banda derecha del uruguayo ex Argentinos y sobre la izquierda del surgido de Rosario Central. De punta a punta, aunque ninguno queda atado a la raya. Sus otros recorridos también alcanzan el carril del 8 y zonas cercanas al punto penal, lo que hace que, de momentos, el Xeneize parezca tener dos delanteros más.

Lozano, de aspecto frágil pero con un cañón en su botín diestro, recién empezó a tener rodaje en las últimas presentaciones de Boca. Desde su llegada a mitad de año Rodolfo Arruabarrena fue claro: él es su N°4 titular. Sin embargo, para verlo seguido en cancha hubo que esperar, pues una distensión en el muslo lo marginó de varias convocatorias. Ahora, ya afianzado y sin achaques físicos, el equipo disfruta sus escaladas y sus golazos. Van dos consecutivos en apenas 11 partidos y de zurda, su pierna inhábil.
Si de zurdos se habla, imposible que no resalte la figura de Blanco. Mientras los hinchas de Boca y hasta los de otros clubes fogonean su llegada a la Selección Argentina, y el propio Lionel Scaloni analiza seriamente su convocatoria para cara a la próxima fecha FIFA de noviembre, él sigue coleccionando asistencias. Solo este año dio siete en 38 encuentros y es el líder en este rubro. En total acumula 19 en 121 duelos. El centro de cada día.
Quizá el dato que mejor explica su importancia esté en otro lugar: es el jugador con más minutos del ciclo, con 1484, y el único que fue titular en todos los partidos de la era Arruabarrena. Decir que siempre aparece no es un elogio, sino una realidad.

Desde el primer día que se pusieron la camiseta de Boca, el hincha les exigió lo de siempre: sacrificio, coraje, entender el peso del escudo. Pero un lateral azul y oro no se gana el respeto popular solamente tirándose a barrer, reventando la pelota hacia arriba o atrincherándose en su sector. Se lo gana en esa frontera incómoda donde termina la defensa y empieza a tejerse el ataque. Allí encontraron su mejor versión Lozano y Blanco, dos que no piden permiso para avanzar a paso firme y convertir cada proyección en una amenaza.


