Los intocables

Por talento, jerarquía y liderazgo es indiscutible que los tres magníficos deben ser el escuadrón de Mou, pero el problema nace cuando la condición de intocable deja de ser una consecuencia del rendimiento para convertirse en un estado permanente.

Roberto Morales
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En el peliculón Los intocables de Eliot Ness, Jim Malone provoca que el agente de la ley estadounidense interpretado por Kevin Costner, que dirige a un grupo de hombres fieles e incorruptibles hasta el mismísimo Al Capone, se plantee una pregunta incómoda: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar para conseguir su objetivo? Con menos dramatismo y sin vidas en juego, permítanme que traslade la cuestión a Mourinho. ¿Hasta cuándo tendrá jugadores intocables y protegidos en cada partido? No es sencillo comunicar suplencias a grandes estrellas. Visto lo visto, tampoco retirarlas del campo cuando el partido no transcurre por buen camino. A Vinicius, Bellingham y Mbappé solamente se les sustituye con todo sentenciado en el último suspiro o si lo piden cuando están exhaustos. Como llegó a decir Ancelotti, “si están cansados, que levanten la mano”... Y nadie la levantó.

Se suponía que en el regreso de Mou, esa autoridad con las estrellas, la potestad para tomar decisiones que a Xabi Alonso le costaron caras, era un factor más valorado que su trayectoria reciente en los banquillos. La autoridad dentro de un vestuario que demandaba mano dura, de momento, no se ha trasladado fuera en decisiones deportivas. A la hora de la verdad, Güler sigue siendo el jugador más fácil de rotar o sustituir, aunque esté dando una lección de fútbol. Había coartada en La Cartuja, pero sin el turco al Real Madrid se le apagaron las luces.

Por talento, jerarquía y liderazgo es indiscutible que los tres magníficos deben ser el escuadrón de Mou, pero el problema nace cuando la condición de intocable deja de ser una consecuencia del rendimiento para convertirse en un estado permanente. El crédito, entonces, se acaba confundiendo con inmunidad y es un mensaje asociado a la falta de meritocracia que puede afectar al grupo. Un cambio temprano no debe interpretarse como condena. El valor del equipo debe estar por encima de la individualidad si no se quieren repetir errores que alejaron los títulos.

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