Liverpool - Atlético Al Atleti no le llega con Llorente
Szoboszlai y Mac Allister remontaron para el Liverpool el gol inicial de Llorente. Sobresaliente Oblak, destacó también Julián. Barcola, lesionado.
AsThis is Anfield volvía a leer el Atlético en el túnel, sobre su cabeza, justo como hace un año antes de estrenarse en la Champions. Aunque los de entonces ya no fueran los mismos. De los de entonces, ya solo cuatro en el once (Oblak, Llorente, Giuliano y Barrios). Les acompañaban dos nuevos (Kang-in y un Cuti por primera vez titular), dos campeones del mundo (Pubill y Baena) y un Julián que era la sorpresa del Cholo en la alineación. La melancolía del verano se quedó atrás. El argentino ya corre al ritmo de los demás. Desde la mediapunta afanado en recuperar balones y crear juego. No hay en el fútbol mejor manera de pedir perdón que así. Con sudor.
Enfrente, este Liverpool de Iraola, que sin Gakpo, baja de última hora, le terminaba de quitar el papel de envolver a Barcola. Si el fichaje más caro de la historia del club ocupaba la banda derecha en su primera titularidad, la izquierda era para un chaval (Ngumoha). Los guantes de Alisson, mientras, se escondían tras una cordillera de centrales altísimos. Araújo se movía al lateral diestro para sentar cátedra y Kerkez en la izquierda tenía una única misión: pegarse a Llorente para que no volviera a robarles las llaves del estadio. Ja.
Los dos equipos se lanzaron sobre la pelota con hambre de Champions. Diez segundos solo habían pasado e Isak ya acariciaba el gol tras una pérdida de Koke y una conducción de Szoboszlai. Enseguida estaba Mac Allister de nuevo ahí. Ante Oblak. Con un remate demasiado alto que tuvo réplica en otro argentino. Su nombre, Julián. Que ha vuelto, escapó del verano, sí. Dejó un juego de piernas para abrirse hueco y un disparo desde la frontal que Allison blocó. No se le escapará una sonrisa, pero la magia no se le ha ido de las botas. La puesta en escena de los del Cholo fue fantástica. Con una línea de cinco atrás en la que Giuliano se cambiaba de banda para ocupar el carril zurdo, mucha movilidad y personalidad para apagar el vigor del Liverpool. Discutiendo el balón para quedárselo. No quemaba. Lo querían todo el tiempo Koke, Baena y Barrios. Plantando sus botas cada vez más profundo y blandiendo su kryptonita. Porque Llorente robó las llaves del campo en 2020 y aún no las ha devuelto. Anfield es su jardín. Lo respira y saca el tarro de las esencias, como diría Manolete. Llorente, quinto Beatle. Llorente, señor de esa hierba. Y su particular pesadilla. Ese Llorente al que Julián le lanzó el llavero para que fusilara a Allison en un mano a mano. Hay que detenerse en el pase del argentino. A la carrera y al espacio, uno de esos que solo pueden hacer jugadores como el argentino. Los que valen mucho dinero.
Si la manopla de Allison impedía que la Araña añadiera el gol a su buena noche, a Oblak le tocaba alzar sus manos como un frontón para repeler un disparo de Wirtz que olía a empate. Pero es que algo había cambiado en el partido: los rojiblancos habían dado su habitual paso atrás dejándole al Liverpool el mando. Szoboszlai y Mac Allister tomaron las riendas. Y, tras embestidas varias y variadas, Araújo coló su tacón como en La Masía aprendió que se hace para asistir a Szoboszlai. Gracias a su derechazo, The Kop se iría al descanso con el goooal en la boca.
Quince minutos después, el Liverpool seguiría en el mismo lugar: el área de Oblak. Barcola la llenó de pólvora tras una contra que no terminó en sangre porque, en el mano a mano, su disparo se fue fuera. Pero ahí quedaba el aviso nada más volver el partido. Un minuto después el Atleti ya no se salvaría: Mac Allister pateó con la zurda desde la frontal el rebote de una jugada que comenzó en Ngumoha para tumbar a Oblak y mostrarle a la grada que merece otro contrato. 2-1. La defensa rojiblanca sigue siendo de cristal. Y desde el 1 de septiembre ya sin Comandante ni una gota de sangre charrúa. Hasta Pubill estaba horrible. Solo Cuti, último en llegar, pasaba el corte.
Araújo dejaba a Julián tendido en la hierba con un pisotón que termino con el argentino sin jugar un minuto y al uruguayo sin amarilla. Hay normas del fútbol que no pueden entender ni a quienes se les ocurren... Simeone empezaba con los cambios para tratar de arrancarle la falta de ideas a su equipo, ya partido en dos. Uno era el más nuevo, Jonathan David, para hacer colección de delanteros que no de ocasiones. Esos de otros, siempre de otros. Porque el Liverpool seguía con el baile y el balón. Hjulmand parecía entrar tarde, con demasiado tiempo consumido, y tan frío que, con una pérdida, lanzó al Liverpool en otra contra que obligó a Le Normand a salvar ante Isak. La electricidad de Víctor Muñoz ya la cataba Oblak. En el campo por un lesionado Barcola y parecía bañado en aceite, solo le arruinó que Frimpong hubiera salido del banquillo para meterse en el fuera de juego. Al Atleti se le agotaba el tiempo. Tras San Mamés, Anfield e igual sensación. Ni Llorente fue suficiente. This is Anfield le gritó Liverpool de nuevo en su estreno. Para volver a ponerle en cuesta la Champions nada más comenzar.


