Elche - Real Madrid / La bala que le falta a Mbappé
El Elche es el único de los 23 equipos de Primera a los que se ha enfrentado que se le ha escapado vivo. Los franjiverdes, aún sin ganar, pero con Fede Redondo al mando.
Ahora para Mbappé es una estación más en este tour de force final por el Balón de Oro. Necesidad que se une a la colectiva (no perder la rueda del Barça antes del derbi del domingo) pero que en lo personal, más allá de lo estadístico, muestra la enorme dimensión de este futbolista. El Elche podría ser la víctima número 92 en la carrera profesional del astro. Las dos últimas en unirse a la lista son bien recientes, Málaga e Inter. Kylian se puede acercar a esa cantidad simbólica, las cien, esta misma campaña: tiene en el calendario otros dos rivales más en Liga desconocidos para él (los ascendidos Deportivo y Racing de Santander) y cinco más en la fase liga de esta Champions (Roma, Shakhtar, AEK, PSV y LASK).
Mbappé celebra su segundo gol ante el Rayo con Güler. OSCAR DEL POZOPero no sólo de Mbappé, que se presenta empatado en la carrera por el Pichichi a seis goles con Camello y el sándwich Lamine-Raphinha, vive el Madrid. Al contrario. Pieza esencial para entenderle en su funcionar en el equipo es Güler, que apunta al once, con Diomande de nuevo buscando minutaje desde la reserva. Cucurella y Huijsen, tras su descanso ante el Rayo, se atisban como titulares.
Redondo, el hijo de ‘aquel’ Redondo
El Elche, mientras, comparece reforzado tras limpiar su imagen en San Mamés (1-1). Los de Anselmi aún no han ganado, pero en Bilbao se vio otra cosa. Un bloque mucho más compacto. Con Fede Redondo, sí, el hijo de aquel Redondo, al mando físico y espiritual. El problema sigue estando en el área propia, con Dituro como sospechoso habitual. Anselmi no desveló si rotará, pero la miga es ver qué osadía muestra porque colocar en el mismo once a Buonanotte y Lemar es de ser muy valiente. Está ese reciente 0-5 a manos del Barça en la memoria como aprendizaje carpetovetónico de que la letra, con sangre entra.
Fede Redondo, perseguido por Sancet, en la reciente visita del Elche a San Mamés. LUIS Para el Madrid, haya ajustes ilicitanos o no, todo partido prederbi madrileño (y más yendo al Metropolitano) es para jugar con las orejas tiesas y el hambre en su sitio. Si no quieren ver ese “lado oscuro” del que viene advirtiendo el propio Mourinho, no les queda otra.


