Athletic 3 - Atlético 0 / Poco Atleti para estos leones
Con dos goles nada más regresar del descanso, de Nico y Navarro, el Athletic se comió a los del Cholo, solo bien en la primera parte. Sancet redondeó. Volvió Julián. Kang-in y Barrios se toparon con la madera.
Porque la respuesta del Athletic a la jugada de Kang-in fue cambiar la amenaza de área. Un Athletic vertical y rápido, tal y como lo quiere Terzic. De presión y de piernas. El Atleti dejó de entenderse con el balón, aturdido en cuanto lo perdía o daba cuatro toques seguidos: el quinto ya no salía. Oblak sentía por primera vez el aliento del león con un zurdazo de Sancet al lateral de la red tras cazar una pelota suelta en el área. Todo pasaba lejos de Unai. Un Unai al que, en una de esas, Baena vio adelantado e intentó sorprender con un tirazo desde su campo. Casi. No recuperaría el balón en realidad el Atleti hasta después de la pausa de hidratación, cuando el partido había pedido la chispa de inicio, quizá abotargado por el calor, treinta grados y humedad en la tarde de Bilbao. Volvió a entenderse con el balón. Solo necesitaba calma, cabeza y Hjulmand. Lo que prometieron que era Gallagher lo es este danés que jugaba en Portugal. Omnipresente, abarcaba mucho campo, siempre cómo y donde debía en el corte y la presión. Buen tío, además. Avisó al árbitro para que parase el partido después de que, tras una colisión con Yeray, éste quedase tendido. Terminaría el Athletic la parte con su futbolista fuera, atendido por el golpe en la cabeza, mientras Barrios estampaba la segunda pelota rojiblanca en la madera. No regresaría después.
A Simeone la faltaba un nueve sobre la hierba y enseguida Terzic se lo enseñó. Debió echarse el Atleti una cabezadita en el descanso, por eso de acompasarse con la nueva camiseta, porque cuando el partido regresó no se dio cuenta que todo había cambiado. San Mamés convertido en una selva de asientos rojos llena de leones con hambre. El primer zarpazo llegó al minuto. En una jugada cocinada por los Williams, Nico para Navarro, Navarro para Iñaki. Fue el mayor de los hermanos quien disparó primero, aunque mordido. Por si acaso ahí estaba el pequeño, para cazar el rechace y batir a Oblak de cabeza. 1-0. Y enseguida llegaría el siguiente. Grimaldo saldría en la foto.
Fue un minuto después. Bueno, en realidad solo catorce segundos de juego efectivo. Tras una contra rápida y efectiva como cuchillada a la yugular cuando el Atleti aún no se había recuperado de la anterior. Los protagonistas, los mismos. El pequeño de los Williams recupera, el mayor prolonga para Navarro que recorta a Grimaldo y la cruza a media altura para volver a masticarse a Oblak. San Mamés rugía. Simeone cambiaba cuatro de golpe: Cuti Romero, Arnau, Koke y Julián a los leones. El primero debutaba y el último volvía a empezar, esta vez lejos del Metropolitano. Al menos no salió caminando. Al menos trató de desmarcarse y participar aunque le siga faltando todo de cuando era solo la Araña y no Julián El Traidor.
Pero es que mientras el Athletic candaba su trozo de hierba, el Atleti solo con Julián rascó una ocasión. Un Julián que recortó, giró y disparó raso con la izquierda desde la frontal para encontrarse con el portero de la final del Mundial, que sacó la mano como un semáforo. Y ya. Al Atleti le costaba todo. Del Athletic, los duelos. Del Athletic, las recuperaciones. Del Athletic, el vértigo. Del Athletic, la agresividad. Del Athletic, la personalidad. El Atleti si algo tenía era falta de ideas. Solo. Los cambios nada cambiaron. Todo a peor. Y la puerta del área de Oblak abierta de par en par. Como las fauces del león. Porque del Athletic también sería el lazo, la guinda, la puntilla. Ese gol que Sancet llevaba toda la tarde buscando para ponerse su broche particular en un señor partidazo. El Atleti se va a Anfield tras otra tarde en la que San Mamés le dejó tendido en la hierba. Con todas las tripas al aire.


