Por qué renovar a Vinicius no es buena idea
No sé quién es el culpable, pero Vinicius no ocupa la mejor habitación del corazón madridista. No es Dios, pero es buenísimo. Pues mi opción habría sido venderlo.
Escucho mucho eso de: “Si jugara en otro equipo el Madrid pagaría 200 millones por él”. Claro, pero como ya hemos visto sus virtudes durante más de un lustro, ahora queremos otro juguete. El otro día me senté con la mirada fresca a ver al nuevo equipo contra la Fiorentina. Ese placer de ver amistosos irrelevantes en verano es eterno. A los 10 minutos de Lunin, Camavinga, Valverde y Trent desconecté. Me aburría inevitablemente viendo esa película otra vez. Sé que es subjetivo, un atentado al deporte, que esto va de construir equipos de alta competición. Sí, lo sé. Pero me duermen, necesito expectativas nuevas.
Por tanto, ¿son buenos seis años más de Vinicius? Ha dado unos grandes años, el club ha ganado con él, es joven, es rentable, es la figura de Brasil, no existe un extremo por la izquierda que garantice su arrancada y desborde. Vaya, no es Dios, pero es buenísimo. Pues mi opción habría sido venderlo. Venderlo bien. Para el ojo consumista del madridista está amortizado. Quiere otro juguete. Su relación con la grada es problemática y ese debate ‘chamartinero’ es soporífero. No sé quién es el culpable pero Vinicius no ocupa la mejor habitación del corazón madridista. El púbico se reparte entre los que lo odian sin saber muy bien por qué, los que lo defienden por su calidad y los indiferentes. Era el momento de partir. Gracias y adiós.


