Ningún empate: Boca perdió
Un empate con los suplentes de Platense no puede ser visto como positivo, mucho menos si se nos cayeron Paredes y un par más.
Antes que nada, porque más allá del desarrollo del partido, empatar con los titulares contra medio equipo suplente de Platense nunca puede ser visto como algo bueno. Segundo, o primero, porque en el partido perdimos al general y otros dos soldados que seguramente no estarán para la revancha en Paraguay. Tercero, porque estuvimos demasiado cerca de ganarlo y otra vez Velasco es el villano, el protagonista negativo, errando un gol imposible, digno de Cavani. Cuarto porque estamos mal en las tablas, era una gran oportunidada para descontarle puntos a Independiente Rivadavia -que perdió- y apenas sumamos uno. Y quinto porque hay errores que se siguen cometiendo y nos cuestan carísimo. Esta vez no fue un gol de lateral sino de saque de arco: pierde Costa, no llega Di Lollo, Lozano cierra al revés y no la revolea, gol de Platense. Increíble, insólito. Y otra vez a remarla. Como tantas veces en estos últimos partidos. Por todo eso, el empate es derrota y el punto conseguido es un puntito, chiquitito, nada.
¿Hay cosas para rescatar? Sí, claro. El mejor partido de Montero desde que llegó, sacando un par de pelotas buenas (para eso están los arqueros de equipos grandes). La vuelta al gol de Merentiel y con un golazo por donde se lo mire: el pase en cortada de Aranda -siempre lúcido-, el cabezazo asistidor de Ascacíbar -otra vez desequilibrante en el área- y la enorme definición del uruguayo, que hizo pasar de largo a Cozzani y tocó al gol con una frialdad impropia de un tipo apurado que viene en una mala racha.
Pero todo eso no alcanza por todo lo que se perdió. Paredes, primero. Personalmente pensaba que lo iban a parar esta fecha: no fue así y lo pagamos caro, aunque también es cierto que Pellegrino, que no venía con tanto trajín, también se lesionó. Y el Vasco confirmó además la molestia de Lozano. Entonces, haber arriesgado tanto para conseguir tan poco es indudablemente una derrota, una decepción, una fecha que nos deja con un mal sabor en la boca.
Como nos deja un mal sabor en la boca que Villa esté jugando tan mal, que no pueda sacarse un tipo de encima, que no haya justificado su titularidad, que en la única franca que tuvo la haya mandado a mitad de camino entre el arco y el córner. El otro día entró bien, esta vez fue un desastre y él sabe, además, que todo lo que hace se mira con lupa. Por eso los silbidos. Porque Villa tiene que hacer un par de goles por partido, o algo así, para que no lo puteen por todo el daño que ha hecho dentro y fuera de la cancha. Hasta ahora, su llegada aportó solo discordia y nos costó siete millones de dólares. Se suponía que era el refuerzo que iba a hacer la diferencia con su jerarquía.


