Mbappé, como se fue
Partidazo y gol de Kylian en su debut con Mourinho. Gran estado de forma de cara al arranque. Su conexión con Güler sigue brillando.
Porque pudieron ser más. En el 11’ volvió a percutir y se plantó en el área, pero cruzó demasiado. Un minuto después, otra. Más clara aún. Aceleró ante Katic, a 40 metros de portería, y tuvo una marcha más que todo el Schalke. Aunque se la sacó bien Karius, mostró que ha vuelto de vacaciones como un avión. Y siguió haciéndolo, ya no como ejecutor, sino como asistente. Mediado el primer tiempo robó en campo propio y lanzó un pase milimétrico en largo a Vinicius, poco después cabalgó de nuevo gracias a un servicio con música de Güler tras el cual cruzó otro caramelo que Vini no aprovechó porque se lo sacaron bajo palos.... Solo fueron 45 minutos, qué 45 minutos. Mbappé estuvo incontrolable.
Y Mourinho se frota las manos. Por Kylian y por todos. Porque en el primer partido con “los buenos”, como sonrió tras el amistoso ante la Fiorentina, se vio al mejor Madrid. Dentro de esta pretemporada medida al milímetro, con nivel ascendente, como lo ha sido el del equipo blanco. En gran parte por Mbappé. Le da más sentido a ese 4-2-3-1 inamovible de Mou y permite que la varita de Güler chisporrotee con mayor facilidad aún (otro partido sensacional del turco, el mejor del verano). La sociedad sigue siendo infinita.
Ya avisaban en Valdebebas, además, que había vuelto en un estado de forma sensacional, y lo demostró. Con el olfato, ese que le llevó a marcar 10 goles con Francia en el Mundial, intacto, con cambios de ritmo diferenciales y con un hambre que no entiende de amistosos. Porque, entre otras cosas, no puede hacerlo. El curso pasado hizo 42 goles y 7 asistencias, pero no hubo éxito colectivo, no lo ha habido desde que aterrizó. Para todos, pero especialmente para él hay propósito de enmienda. Un ahora o nunca que comenzó en Gelsenkirchen.


