Los cuatro días que cambiaron el poder del fútbol

Ahí falló FIFA. Una entidad que exige integridad y buen gobierno a sus 211 federaciones debe dar ejemplo.

Alfredo Olivares
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A veces hacen falta años para descubrir que algo no funciona en una institución. En FIFA bastaron cuatro días. El martes, Gianni Infantino presentó FIFA Forward Enterprise (FFE) como el proyecto para transformar el fútbol y el viernes lo retiró. Con más de 200 respaldos anunciados, descubrió que podía perder. FFE desapareció, pero la crisis de liderazgo y gobernanza acaba de empezar.

El proyecto pretendía concentrar en una filial la actividad comercial y operativa de los torneos, valorarla en 20.000 millones de dólares y abrir hasta un 20% de su capital a inversores privados. El problema no era el capital privado, La Liga recurrió a CVC y UEFA creó UC3 con los clubes, sino qué se ponía en sus manos. Aquí entraba la explotación del Mundial y eso exigía mayor transparencia, consulta y control.

Ahí falló FIFA. Una entidad que exige integridad y buen gobierno a sus 211 federaciones debe dar ejemplo. Sin embargo, la operación apareció sin consulta suficiente, sin la documentación reclamada y sin pasar antes por los órganos competentes. Gobernar bien no es escuchar cuando el incendio ha comenzado, sino impedir que una decisión de esta dimensión avance sin superar controles y contrapesos.

La reacción fue inmediata. UEFA reunió a sus 55 federaciones y advirtió de que ninguna selección europea participaría en competiciones FIFA mientras el proyecto siguiera vivo. Concacaf sumó el rechazo de sus 41 asociaciones y Asia se alineó con ambas. La grieta llegó desde dentro, con la dimisión de Carlos Cordeiro, asesor sénior de Infantino, y las críticas del director de operaciones, Kevin Lamour. Una operación financiera terminó convertida en una desautorización política sin votación.

FIFA asegura que abandona el proyecto porque generó divisiones incompatibles con su propósito de unir. Rectificar era obligado, pero no explica cómo pudo avanzar tanto sin que funcionaran los mecanismos internos que debían ordenarlo. El Mundial fue el detonante. Las polémicas sobre precios, pausas, espectáculo, calendario o el expediente Balogun alimentaron la percepción de una FIFA poderosa, comercialmente ambiciosa y poco permeable a los contrapesos. Todo ello preparó el terreno en el que ha estallado esta crisis.

UEFA tampoco comparece como guardiana desinteresada. Ya movilizó al fútbol contra la Superliga mientras protegía sus competiciones, ingresos y poder. FIFA reúne los votos y Europa conserva una parte decisiva del producto. La disputa es por quién gobierna el fútbol.

En el fondo están las elecciones de 2027. La operación prometía recursos extraordinarios a las federaciones cuyos votos decidirán la presidencia y podía afianzar los apoyos de Infantino. En gobernanza, tan importante como el fondo es el momento elegido. Infantino conserva relaciones y apoyos, pero ha perdido la sensación de invulnerabilidad. Las consecuencias de estos cuatro días pueden acompañarlo hasta las urnas. El proyecto ha terminado pero el juego de tronos del fútbol mundial acaba de empezar.

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