La letra pequeña del 9
Se fue Lewandowski por los achaques de la edad. Se marchó Ferran por las ínfulas acumuladas. Y salió Rashford por la irregularidad que le aleja del estrellato. Con este panorama, y ante el amistoso en Basilea, hay quien fluctúa entre recordar que el Barça se queda con 54 goles menos y tirar de populismo con eso de que la solución está en la casa. Por eso, el cuerpo le pide un día al culé ir al mercado con el carro grande y no con la cesta pequeña, y al siguiente aspirar a la Champions a lomos de Hamza y Bisiwu. Somos, en el juego y en la vida, muy de extremos.
Una transformación, que no una revolución, es lo que pretende Deco en busca de la perfección. Y ese objetivo jamás se logra sustituyendo hombre por hombre, sino perfil antiguo por perfil nuevo. De ahí que la dirección deportiva se centre, acertadamente, más en aspectos cualitativos que cuantitativos a la hora de apuntalar la plantilla. Sin dejarse llevar por presiones y apariencias. Por esa regla de tres Rodrigo nunca llegaría al mejor centro del campo del mundo y al más superpoblado. Si se han lanzado a por él es debido a que mejora lo que hay.
Haber tenido en la delantera a los mejores jugadores del mundo año tras año obliga a no saltarse la tradición. Cruyff, Romario, Ronaldo, Rivaldo, Etoo y compañía exigen mucho. De ahí que la pelea esté siendo encarnizada por atar a Julián Alvarez. Pero una cosa es rascarse el bolsillo por un jugador franquicia, si es que el argentino lo es, y otra cosa es empezar a llenar el álbum con atacantes sin ton ni son por rellenar huecos. El ahorro a la hora de fichar en esa posición sería, a la larga, una solución para la convivencia de este grupo de amigos y para Flick.
Este Barça tiene un exceso de futbolistas en la mediapunta. Y eso, a diferencia de lo que ocurre en otros equipos, es un problema para un aspirante a la gloria. No es sencillo dejar en el banquillo a estrellas internacionales contrastadas. Dando por hecho que Bernal, Pedri, Gavi y De Jonj no se moverán de la base; Lamine, Olmo, Raphinha y Fermín tendrán que darse codazos con Gordon y Adeyemi en ese balcón con plazas exclusivas por detrás del delantero centro. Y qué quieren que les diga, ninguno está ni estará por encadenar muchos partidos sin protagonismo. No son Roony, que daba las gracias por poder asomarse en las noches de Copa del Rey.
Bisiwu se salió ayer en Basilea. REUTERS/Stefan WermuthStefan WermuthEn muchos partidos y, sobre todo, durante muchos minutos de numerosos encuentros, Olmo, Gordon, Raphinha y Adeyemi —por este orden— pueden hacer de falso nueve porque lo tienen todo para cubrir esa vacante. Visión, calidad, habilidad en espacios cortos, nervio a la carrera, disparo, olfato y gol. Y liderar esa punta de ataque, frente a un rival asequible en Liga o en el último tramo cuando la estrella fichada agonice, facilitaría mucho mantener en pie una máxima en el fútbol: cuantos más y mejores jugadores haya juntos en el verde, con orden y en base a una estrategia diferencial, más cerca estará la victoria.


