Infantino pone en peligro su reelección

 Hace tiempo que Ceferin, presidente de la UEFA con el que mantiene una relación distante, le estaba esperando.

Luis Nieto
As
Donald Trump. El fútbol está hecho para servirse solo porque mezcla mal con casi todo, especialmente con la política, y por ahí lleva meses yéndosele la mano a Infantino con Trump. Primero fue aquel Premio de la Paz FIFA, sucedáneo del Nobel que nunca le dieron a un presidente tan proclive a guerrear. Después, la intolerable intromisión en la sanción levantada a Balogun implicando a comités disciplinarios que se tenían por inviolables. Y finalmente, esa clausura del torneo, con Trump orillando exageradamente a los presidentes de Canadá y México, coorganizadores del evento, hasta llegar a la fallida propuesta de privatización parcial del Mundial.

El pinchazo. Infantino aprovechó la ola triunfal del éxito del torneo para lanzar por sorpresa su plan de vender parte del Mundial a inversores privados, entre ellos Joshua Kushner, hermano de Jared, a su vez marido de Ivanka Trump, hija del presidente. Fue un paso en falso, porque hace tiempo que Ceferin, presidente de la UEFA con el que mantiene una relación distante, le estaba esperando. Y este sabe que el fútbol se pone en guardia cuando abre sus puertas a un dinero que no genera la industria. Ahí está el caso del Madrid, que no encuentra el momento ni el modo de preguntar a sus socios por la venta de una pequeña parte de la propiedad.

Los votos. Cabía preguntarse, pues, que si el Mundial había ido tan bien como dice Infantino qué necesidad había de privatizar una parte de tan dulce tarta y quién podía garantizar que ese dinero no condicionaría calendario o formato, tierras sagradas. La cuestión era si compensaba obtener más dinero donde no hace falta dinero a cambio de vender el alma por parcelas. La respuesta fue que no y ahora Infantino ve comprometida su reelección. UEFA, AFC y CONCACAF, contrarios al proyecto, suman 143 votos sobre un censo de 211. Así que Infantino se soltó de la cuerda de Trump que le arrojaba al abismo. En ocho meses sabremos si lo hizo a tiempo.

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