Hay fútbol más allá de Paredes
El gran interrogante era saber cómo respondería Boca sin su líder y emblema: lo hizo con seriedad, buen juego y goles. El rival es muy menor, pero para afianzarse todo sirve.
Como sea, Boca tiene un montón de cuestiones positivas para celebrar: la primera, sin dudas, haber conseguido el pase a cuartos y sin esto sin Paredes. El gran interrogante, independiente de la diferencia con la que viajó a Paraguay, era saber cómo iba a responder este equipo ante la ausencia del líder. Y lo hizo sobriamente, con la seriedad de Delgado (que además se vistió de Leandro en la asistencia a Merentiel) y la conducción de un Aranda cada vez más firme, que aparenta cinco años más de los que tiene. O sea: hay fútbol más allá de Paredes, aunque habrá que demostrarlo contra una resistencia más acorde.
También es para celebrar el partido de Villa, tal vez su mejor versión desde la vuelta, con gol y participación en otros dos. El nuevo gol de Merentiel, que confirma que dejó atrás la sequía y lo hizo una vez más tomándose un segundo adicional para definir. El golazo de Velasco, de quien siempre esperamos que sea el despegue (y siempre nos traiciona). Y, por supuesto, el superlativo presente de Ascacíbar, quinto gol en seis partidos -y en el pasado, cuando no pudo gritar, asistió a Merentiel. El Ruso es el mediocampista del momento, jugador para la próxima Selección, y lo ratifica partido a partido, haciendo además los goles que valen, los que más cuestan: el primero, para ganar o para empatar. Un verdadero fenómeno que ha salvado a Boca en épocas de sequía de sus delanteros.
El Vasco también tuvo un partido para el elogio. Cuidó a los que debía cuidar sin miedo (Di Lollo y Flores, ambos al límite por la cantidad de minutos en continuado) e hizo los cambios pensando en el futuro inmediato. Sacó a Aranda, a Delgado, un rato más tarde a Merentiel y al Ruso. Casi todos los cambios le salieron bien. Incluso el debut de Jagger Herrera, que metió un par de buenos cierres más allá de alguna defección con la pelota al pie.
Lo negativo -siempre hay algo- es el lamentable estado de Enner Valencia. Nos habían dicho que llegaba mal pero nunca imaginamos esto. No tiene una marcha menos: tiene diez menos. Pese a todo, Boca fue y fue tanto al arco de enfrente que le quedó una pelota para meterla en el último minuto y la pasó, insólitamente, más por falta de confianza que por solidaridad con el compañero. Con los problemas que arrastra Bareiro -más graves que lo que se dice-, la contratación de un 9 es una urgencia, no una necesidad.
Se vienen cinco días para trabajar en paz, hay tiempo para pensar en los cuartos y hasta para soñar con una semi frente a River que le dé a Arruabarrena una revancha doce años más tarde. No hay que desmerecer el triunfo pero tampoco sobredimensionarlo. Boca ganó, gustó y goleó frente a un equipo semi amateur que ni hinchada tiene: el Defensores del Chaco fue una sucursal de la Bombonera. Ahora hay que ocuparse de lo que sucede puertas adentro, no descuidar el torneo local, tratar de trepar en la tabla y ganar el clásico frente a Racing. Son partidos siempre difíciles, amén del momento del rival, y suelen marcar tendencia y dejar huellas. Con la satisfacción del deber cumplido, allá vamos.


