El nueve sin decimales no es un dinosaurio
Muriqi o Budimir determinaron la importancia de su figura en dos modestos; Espí es salida de emergencia para un grande.
Pero resulta que ese rematador en extinción, a menudo de anatomía imponente, sigue siendo necesario en el fútbol. Carlos Espí le dio al Madrid tres puntos que la primavera decidirá si son vitales cumpliendo ese papel. Ocho goles suyos en los últimos meses de competición le otorgaron diez puntos al Levante, que se salvó con los mismos que el descendido Mallorca. Muriqi, otro del gremio, no pudo obrar ese milagro pese a los 23 tantos que se apuntó, el 50% de todos los del equipo. El dato le ha llevado al Fenerbahçe. Vale lo mismo para Budimir en Osasuna. Y en cierto modo, para Sorloth en el Atlético, al que Noruega quiso utilizar en la banda durante el Mundial sin éxito, porque el nueve sin aditivos es el segundo gran especialista del fútbol tras el portero. Con él comparte una participación escasa en el juego y también una condescendencia mínima de la afición ante sus errores.
Sin embargo, ese nueve de rompe y rasga sigue marcando la línea entre el éxito y el fracaso en los modestos y abre una puerta de emergencia en los grandes. El Madrid se la cerró con la salida de Joselu y ha vuelto a abrírsela con el fichaje de Carlos Espí.


