El DeLorean de Bellingham
Exhibición para reforzar el regreso de su mejor versión. Ha recuperado la llegada al área, sumando pase. Frente a la Real fue el que más duelos ganó, más regateó, tercero en robos...
Y mucha responsabilidad la tiene Mourinho, quien desde el primer día comenzó a planificar al equipo sabedor de que el factor determinante estaba ahí. Su Doc particular. En los primeros amistosos testó con Güler, dejando piedras en el camino para Jude. Pistas de lo que esperaba de él: partir desde la mediapunta, pero ser un jugador que se mueve con mucha libertad. Que lee cuándo debe bajar a ayudar en la creación pero sobre todo, dónde debe ubicarse en cada ataque para generar superioridades. “Puede ser un seis o un ocho, pero su rol es el del diez; tiene que jugar cerca del área, pues es donde es top”, declaró Mou sin medias tintas. Sin esconder cartas bajo la manga.
Bellingham roba el balón a Beitia antes del 3-1.JAVIER GANDULRadiografía de un clínic
No hay necesidad, cuando la mano es ganadora por naturaleza. Bellingham firmó una exhibición frente a la Real Sociedad. Fue el segundo que más ocasiones creo (4, sólo una menos que Güler), el que más regateó (3) y el tercero que más recuperó (4). Todo a la vez en todas partes. Llegada, asociación, defensa. Completísimo. También fue el que más duelos ganó (9) y el jugador ofensivo −entendiendo esto como medios y delanteros− que más precisión de pases tuvo tanto en total (95,2%), como en el último tercio (92,3%). Actuación redondeada con dos asistencias: una pared espectacular a Mbappé y un regalo a Vinicius, tras luchar una recuperación con Beitia.
Y es que esa es otra de las claves: ha subido un escalón físicamente. Y eso es mucho, teniendo en cuenta la base de la que ya partía. Desde Valdebebas se elogia su estado de forma, incidiendo en que mucha responsabilidad recae sobre el trabajo que ha hecho él mismo durante sus vacaciones. El propio Mourinho se deshacía en referencia a esto en rueda de prensa, señalando sin acritud que Oyarzabal, también mundialista tardío, tuvo que pedir el cambio antes de la hora de juego y sin embargo, Jude aún tenía gasolina. Lo definió como una “dimensión física diferente”. Este estado le permite morder como un depredador en defensa. Y gracias a ello, se extiende el ejemplo. Hace mucho, mucho, mucho ver a una de las estrellas yendo a presionar como si fuese una final. Todo se contagia, también el compromiso.
Bellingham disputa un balón con Yangel Herrera.JESUS ALVAREZ ORIHUELABrazalete en la sombra
Su jerarquía va más allá del terreno de juego: no es uno de los cuatro brazaletes, pero sí uno de los líderes del equipo. Un capitán silencioso. De los que alzan la voz en el vestuario en los momentos delicados. Figura pendiente del halago cuando el compañero lo merece y que no escatima en el grito, cuando urge una orden. Mourinho ve en él mucho más que un talento; atisba carácter. Una figura imprescindible para tocar la fibra del equipo, late motiv de su regreso. Los onces, salvo fatigas o precauciones, estarán conformados por Bellingham y diez más. No hay ninguna duda.
Bellingha, frente al Espanyol.GORKA LEIZARecuerdo de 23 goles
Arranca su cuarta temporada en el Real Madrid y recuerda a la versión de hace tres. Y es que en su primer año, la 2023-24, anotó 23 goles y dio 13 asistencias. Fue el curso de la Decimoquinta. Un tatuaje emocionante en la historia del club. Sus prestaciones bajaron ligeramente en la 2024-25, manteniéndose en cifras sobresalientes: 15 goles y 15 asistencias. Pero entonces, llegó la temporada pasada, cuando sólo vio portería en ocho ocasiones. Un sinsabor en sintonía con el del equipo. Y desde entonces, se le espera del mismo modo. Tal vez no para repetir los 23 goles, pero sí para volver a ser un Galáctico.
Su arranque refuerza la ilusión: ha participado en tres goles, en dos jornadas (cabezazo ante el Espanyol y doble asistencia frente a la Real Sociedad). Prolongando la versión mundialista: siete goles con Inglaterra. El Bernabéu no escondía la ilusión por el regreso de la mejor versión de un futbolista colosal, pero inexplicablemente timorato. Y que ahora, más que dar un golpe sobre la mesa, parece decidido a partirla en mil pedazos. Ilusiona por decreto. Quién sabe. Tal vez cayó un rayo a las 22:04. Tal vez sí hubo algo de condensador de fluzo. O tal vez ha sido una cuestión física, táctica y mental. En cualquier caso, este Bellingham se parece al de hace tres años. Incluso, mejorado. Recuerda al pasado, para mirar al futuro. Si ha habido un DeLorean o no, sólo lo sabe él.


