Deportivo-Real Madrid / Brahim sube a la Torre de Hércules
Un gran gol del malagueño, a pase de Lunin con la mano, da el Teresa Herrera a un Madrid de mucho control y poca pegada. Clara mejoría de Bernardo Silva.
Antes y después, el equipo de Mourinho peloteó sin brillo, quemó calorías y no se alargó mucho más allá del control. También esta vez fue de más a menos. El Depor, que está lejísimos de volver a enfundarse el Súper, tardó en desacomplejarse, pero en el tramo final tuvo cierto aire de equipo verdaderamente de Primera. En el Madrid dio buenas noticias Bernardo Silva y muy pocas Vinicius.
Aún faltan los buenos, término empleado, sin ánimo de ofender, por Mourinho después de los tres primeros amistosos del Madrid (imposible determinar si hablaba de los galácticos ausentes o de los partidos trascendentes), pero al menos esta vez pudo formar un once con futbolistas de la primera plantilla. Los canteranos, como las bicicletas, son para el verano. O para la mitad del verano, por ser precisos. Se acabó el campamento.
El choque de Riazor le daba la oportunidad de medirse uno de los rivales que volverán a salirle en la ruta. También para deshacer algún empate: Dumfries o Trent, Endrick o Espí. Y, finalmente, para ir quitándole lastre a las piernas de Vinicius y, especialmente, de Bernardo Silva. Ya se sabe que los veteranos son de arranque en frío.
Angeliño y Aubameyang
Lo que para el Madrid era un ensayo con alta decoración, para el Deportivo resultaba un acontecimiento a la altura del eclipse que le precedió: la puesta de largo ante su público tras un verano invicto después de seis ensayos, la placentera sensación del reingreso en la élite, un rival al que tuvo a tiro y hasta abatió a principios de siglo y un lleno de mérito en Riazor. Así que Antonio Hidalgo tiró la casa por la ventana y juntó a todos sus fichajes mediáticos: Leo Román, Angeliño, Amatucci y Aubameyang. Faltó, eso sí, Yeremay, duende canario en suelo gallego al que una lesión le ha impedido estrenarse en esta pretemporada.
El partido arrancó con ritmo agosteño, perezoso, sin ruido ni nueces. El Madrid se apuntó la pelota, pero no pasó del trasteo. Cualquier ocurrencia se quedó en nada al borde del área. El primer sobresalto fue una entrada extemporánea de Endrick a Bright Ede en zona neutra. El brasileño juega con la desesperación del náufrago. Hay que aplaudirle el entusiasmo y reprocharle que lo malinterprete.
Del tedio al golazo
El Depor asomó esporádicamente la cabeza gracias al buen manejo del italiano Amatucci y de Mario Soriano, un centrocampista con muchos registros. En cualquier caso, nada que desembocara en Lunin. Aubameyang, supergoleador venido a menos, solo sacó de la primera mitad un topetazo tremendo ante Rüdiger. Falta de amarillo chillón para un futbolista tantas veces desmedido.
Brahim batió así a Leo Román.Jesús SanchoTambién el Madrid se quedó corto en casi todo. Recortitos de Brahim sin efectos prácticos, esprints de Vinicius inconclusos. Poca cosa para echar abajo a una defensa bien organizada y poco asustadiza. Arda Güler, el mejor filtrador del equipo y su Torre de Hércules en la pretemporada, se tomó un receso, y Bernardo Silva aplicó un tratamiento conservador a estos primeros partidos. Pies de seda, piernas de plomo, aunque en claro ascenso. Aún no se ha despejado de qué parte está la razón: de los negacionistas de la necesidad de un mediocentro, franca minoría, agarrados al oficio del portugués o de los que aún no se han secado las lágrimas por el plantón de Rodri.
Solo al final de la primera mitad el Madrid encontró algún pasillo hacia la meta gallega. Endrick disfrutó de la mejor ocasión al tocar de primeras una de esas roscas de Arda Güler que son víboras venenosas. El meta reaccionó a tiempo. Casi de inmediato vio como Huijsen pifiaba un remate en sus narices. Todo producto del balón parado.
Y de repente, en el descuento, la inexorable ley del fútbol: córner favorable al Depor, cabezazo franco de Noubi a las manos de Lunin, saque vertiginoso con la mano del ucraniano hasta más allá del centro del campo y tres toques mágicos de Brahim. De pecho para domar el envío, de prolongación para sacar de la jugada a los descompuestos centrales y de interior para batir a Leo Román. Un gol muy por encima del partido.
La hora de Carlos Espí
Como estos choques son en miniatura, Mourinho aprovechó la segunda mitad para testar alternativas: una especie de trivote, con Valverde junto Camavinga y Bernardo Silva, que mejoró mucho con el nuevo dibujo; Dumfries por delante de Trent, lateral al cuadrado, y Espí como punta de choque. El Depor tardó más en cambiar, aunque entró Mella, para abrir una vía de escalada por la banda derecha. Su llegada y los refrescos posteriores abrieron el partido. Comenzó a verse a Lunin en otra faceta distinta a la de asistente.
Denzel Dumfries cabecea un balón ante Noubi.CabalarEl Madrid empezó a menguar, nada que no se haya visto ya en esta pretemporada, aunque tampoco concedió demasiado y pudo repetir gol dos veces. Espí tuvo las dos oportunidades y dejó muestras de que se conduce bien en el área. Le anularon un tanto por fuera de juego claro, pero tuvo una definición de nueve que no se nubla ante el marco rival. Con todo, la Torre de Hércules viajó a Madrid a la espera de que los supermundialistas mejoren lo visto.


