Cambios en UEFA

¿Es esta la forma de que se reduzca la violencia, verbal o física, en los partidos?

Juan de Dios Crespo Pérez
As
Lo más fácil sería escribir esta columna sobre los líos que han acaecido en FIFA, tras el anuncio de una “venta” de parte de la Copa del Mundo, y las distintas respuestas, internas y externas, pero necesitaría casi un libro para llevar a cabo la disección que merece el debate. Por lo tanto, vuelvo al fútbol más real y al cambio que la UEFA ha decidido, hace apenas unos días, respecto de las suspensiones a los jugadores, tras determinado número de tarjetas amarillas. El Código Disciplinario de la misma mantenía, hasta la fecha, que con tres tarjetas gualdas llegaba la consecuencia de un partido de suspensión. Ahora, no serán solo tres, sino que habrá que esperar a la cuarta para ser sancionado.

Y, obviamente, para los siguientes ciclos se ha aumentado a seis y ocho, en vez de las actuales cinco y siete que eran necesarias. Ya se aplicará a la temporada que ha comenzado y en las tres competiciones continentales, aunque hubo la idea de que fuera solo para la Liga de Campeones. Y, ¿por qué esa modificación? Se comenta que por el mayor número de encuentros que el nuevo formato conlleva y, con ello, las mayores posibilidades de sancionar con tarjetas amarillas y, en ende, con la suspensión posterior. Pero, ¿es esta la forma de que se reduzca la violencia, verbal o física, en los partidos?

No parece ser la idea que se encuentra detrás del cambio, sino la de permitir que menos jugadores sean sancionados. Me da la impresión de que la Asociación Europea de Clubes es la que, como grupo de fuerza, ha obligado a la UEFA a aumentar la tranquilidad de los futbolistas. Pero, siguiendo un pensamiento que está en algunas cabezas del fútbol, no todas las tarjetas amarillas deberían tener el mismo valor punitivo.

Así, habría que diferenciar entre las debidas a entradas muy duras, las que lleven a un jugador a tener que salir del partido por esa dureza mayor, las de racismo, las que conlleven contestar las decisiones arbitrales (y ahí estarían desde el simple gesto indicando que “no he hecho nada” hasta los insultos o desconsideraciones).

En fin, que este cambio ha supuesto no solo una modificación aritmética de lo punitivo, sino que debe hacer reflexionar sobre lo que ya alguien ideó, como la tarjeta naranja, que tuvo una proposición que llegó casi a aprobarse. Sería como en el rugby o el balonmano, obligando a estar unos minutos (ahí estuvo una gran discusión de cuantos) y que no llegaría a ser amarilla, por lo que, en el contexto actual, no contaría en el número para llevar a la suspensión de un partido.

Como vemos, el derecho deportivo no permite estar tranquilo… Mientras, para quien esté de vacaciones (o no) recomiendo los cuentos de Akutagawa Ryunosuke, Vida de un idiota y otras confesiones. Disfruten y cuídense.

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