Una moda anti-ego en los banquillos
Jémez, como antes Cappa o Ayestaran, además de Gabi, Oltra, Davide Ancelotti, Juanjo González y de nuevo Lillo han pasado de ser primeros entrenadores a segundos. “Hay que ser humilde y saber tu rol”, reconocen.
Lo que no es tan habitual es el retroceso en esta común hoja de ruta. Pasar de volar en solitario a la sombra de un primero. O abandonar la estresante élite para hallar refugio en la paz de la clandestinidad. Pero las modas mandan. Y una, heterodoxa como pocas, nos abruma estos días. Otra cosa es que el Mundial haya sepultado sus historias. La ola es tan grande que el último que se puede subir pronto a su cresta es Juanma Lillo. El mítico entrenador tolosarra (60 años) mira a la selección de México como complemento de Rafa Márquez tras el adiós de Aguirre. Dirigió en su día como primer espada hasta a 17 equipos, desde el club de su tierra al Al Sadd, pero parece que le gustaron las experiencias como asistente junto a Sampaoli (Chile y el Sevilla) y al lado de Pep en el City. Quiere repetir.
Hay muchas y diferentes razones para dar el paso en cada uno de los casos que han saltado a la palestra en los últimos tiempos. Cómo no, aparece la motivación por no dejar nunca de aportar ni aprender. Ahí están Gabi en el Atlético del Cholo, olvidándose ya de su amarga experiencia al frente de su Real Zaragoza, Luis César Sampedro en el Valencia de Corberán, o José Luis Oltra en el Alavés. El valenciano (57 años), que fue entrenador de infinidad de modestos de cabecera, está encantado con seguir en el verde. “Yo sólo me planteo ser segundo con Quique. Tenemos una gran relación desde hace muchos años cuando él estaba en el Valencia, como futbolista del primer equipo, y yo jugaba en el filial. Después coincidimos en un equipo de fútbol 7, porque a él le encanta seguir jugando, me reclutó y nos acercamos mucho más. Cuando ya empezamos a entrenar compartimos muchas charlas de fútbol que nos fueron uniendo más. Ya trabajamos juntos en el Sevilla y esa experiencia nos vino muy bien a los dos y nos fue fenomenal a pesar de estar en una situación muy complicada. Eso fue muy importante porque nos respetamos mucho profesional y personalmente”.
Quique Flores, junto a su José Luis Oltra en su primer entrenamiento con el Sevilla.Miguel MorenattiNo debe fácil pasar de ofrecer las ruedas de prensa y acaparar las portadas, a colaborar poniendo conos y cogiendo asiento al final de la sala en las charlas. Pero escuchando a Oltra, parece que lo es. Siempre que la humildad, en esta Era del ego, sea la bandera: “Quique y yo tenemos una relación de confianza muy grande y es un aprendizaje continuo. Además, también acepto ser segundo, más allá de porque él es especial, porque creo que le puedo aportar cosas e igual que él a mí. Hay que tener humildad y saber cuál es tu rol, y Quique tiene claro darme mi espacio y la confianza para poder trabajar debido a mi experiencia y trayectoria".
La historia de Paco Jémez (56 años) es diferente. Decidió esta misma temporada acudir en ayuda de su amigo Nuno Espírito Santos en el West Ham. No le importó bajarse del pedestal al que estaba acostumbrado después de dirigir al Rayo, Las Palmas, Córdoba, Cruz Azul o Ibiza como última de sus numerosas experiencias. Un cambio de palo que ya ejecutó el siglo pasado Ángel Cappa con Jorge Valdano en el Tenerife y el Real Madrid, o como en nuestros días acercó a Davide Ancelotti a su padre: de Botafogo a Brasil. Sin embargo, Jémez no parece dispuesto a repetir. Él se ve Quijote y no Sancho: “Sólo fue algo puntual en mi carrera. No creo que vuelva a hacerlo”, reconoce. Por esa misma mentalidad, Arbeloa no ha querido dar ni un paso atrás y, pese a ceder el testigo en el Bernabéu a un buen amigo con el que podría haber encajado de ayudante, se marchó al Fulham.
Nuno y JémezCada banquillo es un mundo
Hay parejas que parece que nacieron juntas al nacer. Cruyff-Rexach y Del Bosque-Toni Grande son sólo algunos ejemplos. Y hay casos más extraños como el de Marcelino y su escudero Rubén Uría. Es un matrimonio de por vida sin amenazas a la vista. No es sencillo que un segundo, pase lo que pase, sólo quiera ese papel secundario dejando el de protagonista para cuando se ausenta el titular por enfermedad, urgencia o sanción. Es ahí cuando suele aparecer cierta impaciencia, como la que Luis Enrique percibió en Robert Moreno. O ganas de comerte el mundo antes de tiempo, como el Mono Burgos, que ya había mandado un mensaje subliminal como ayudante en el Atleti, encarándose a Mou, y que no supimos entender: “Yo no soy Tito, yo te arranco la cabeza”. Para la mayoría, más allá de anécdotas, una vez que encuentras la felicidad, da un poco más igual si estás en primera o segunda línea. En esta Selección campeona, con dos estrellas en el pecho, Juanjo González lo ha comprobado. Fue primer entrenador y hasta director deportivo, pero la gloria la alcanzó a orillas de De la Fuente. Y lo que les queda. Tienen contrato hasta 2028 y puede que se amplíe pronto.
Pako Ayestaran (63 años) vivió un poco de todas estas experiencias. Fue, vino y volvió. Ha sido otros de los entrenadores que decidieron dar un paso similar hacia un segundo plano. Ahora está precisamente en un periodo de reflexión. Se marchó a la Premier para ayudar a Unai Emery y justo hace unos días han separado sus caminos pese al éxito: “Nunca se sabe qué pasará en el futuro. He disfrutado mucho, y claro que no descarto seguir haciéndolo. Ahora lo que quiero es volverme a Valencia y al menos este año estar cerca de la familia, que siempre me ha arropado y acompañado y ahora quiero hacerlo yo con ellos. Uno toma la decisión de pasar a segundo por circunstancias personas y profesionales. Para entender esta evolución hay que viajar a mis inicios. Empecé siendo entrenador en el Beasaín y pronto entré en el fútbol profesional al lado de Rafa Benítez. He sido segundo y también me formé y trabajé como director deportivo en la Real Sociedad. Al final, como también tienes necesidad de expresarte, pues tienes la aspiración de ser primero. Y es lo que hice. La estabilidad familiar y haber conocido a Unai desde hace muchos años en Valencia me animó a trabajar con él porque me atraía Inglaterra. Es metódico y experimentado y ha sido un gran paso”.
Ayestaran resume como nadie qué siente al mismo tiempo un primer y un segundo entrenador: “Éste era el momento idóneo porque estaba en mejor disposición que nunca para aportar mi granito de arena desde otro rol. Uno, con el paso del tiempo y la trayectoria, tiene más equilibrio, conocimiento y madurez y eso te posibilita que puedas aportar mucho en el momento oportuno. He sido 10 años primer entrenador y uno aprende muchas cosas. Ahora sé mejor lo que piensa el técnico, cuándo necesita ayuda o espacio para la reflexión, cuándo se le puede arropar con opiniones o es mejor intervenir menos. Yo, al principio de ser asistente, era muy intervencionista. Hasta el punto de que a veces te falta humildad para entender bien tu puesto y en ciertos momentos tienes la osadía de creerte mejor que el propio entrenador. Luego te das cuenta de los difíciles que son las cosas. Ahora ya sé cuándo el entrenador está accesible, cuándo es conveniente darle la información de la que dispones, cuándo es mejor guardártela o dosificarla, cuándo intervenir siempre con respeto y la máxima fidelidad”.
Juanma Lillo junto a Guardiola.TIM KEETONEsa lealtad y buena armonía, demasiadas veces, se ve tambaleada. Los objetivos de uno no siempre son los del otro. Y hay que saber manejar los tiempos. Brian Crough y Peter Taylor, legendario ejemplo de pareja bien avenida en el pasado, lo vivieron en sus carnes en la Premier como número uno y dos respectivamente. Viajaron juntos desde el pozo en el Hartlepool United, Derby County, Brighton & Hove Albion, y la única vez que Taylor no le acompañó en esos años, Crough duró 44 días en el Leeds y maldijo a los cuatro vientos “sin ti no soy capaz”. Hasta el punto de forzaron el reencuentro para hacer al Notthingham Forest doble campeón de Europa con su receta habitual de complementarse a la perfección dentro y fuera de la caseta. “Yo soy el escaparate de la tienda; Peter es todo lo que hay dentro”, dijo Crough de Taylor.
Pero en 1982 se separaron. Taylor parecía que iba a retirarse, pero… No sólo se fue al Derby County sino que, además, se llevó a una estrella del Forest. Aquello fue clave para que rompieran la relación. “Si su coche se averiase y me pidiese que le llevase no le cogería, le atropellaría”, sentenció Crough. Taylor murió en 1990 en Mallorca, y su examigo sólo pudo dejar escrito en su biografía el dolor que sintió y que no pudo trasladárselo en persona: “Todavía te añoro”. Hoy, ambos conviven abrazados en una espectacular estatua junto al estadio del Derby. Nadie repara en quién fue más importante de los dos, sino en que están juntos de nuevo. Ser segundo en el fútbol es tan importante como primero.


