Rusia prohibió las exportaciones de diésel para frenar la crisis de combustible causada por ataques ucranianos
El viceprimer ministro Alexánder Nóvak transmitió las medidas en una reunión televisada con el presidente Vladímir Putin. La situación en el mercado interno “no es fácil”, reconoció el funcionario. La prohibición alcanza también a los propios productores de diésel, no solo a intermediarios. En junio, Turquía y Brasil absorbían juntos al menos la mitad de los cargamentos disponibles de crudo ruso, según The Moscow Times.
El anuncio tuvo efecto inmediato en los mercados. Los márgenes de referencia del diésel europeo escalaron a 60,17 dólares por barril, un récord histórico, según Bloomberg. El impacto refleja el peso de Rusia en el comercio mundial: el país aportó alrededor del 11% de la oferta global de diésel en 2025, según la firma de análisis Vortexa.
La crisis hunde sus raíces en una campaña sistemática de ataques ucranianos con drones de largo alcance que se intensificó a partir del segundo semestre de 2025. En agosto de ese año, Ucrania golpeó más de una docena de instalaciones petroleras en menos de cuatro semanas. En octubre, BBC Verify documentó que 21 de las 38 grandes refinerías del país habían sido alcanzadas desde enero de 2025. Las sanciones occidentales dificultan la importación de componentes especializados para reparaciones, prolongando la inactividad de cada planta dañada.
Los ataques ucranianos de la madrugada contra Rusia dañaron la central petrolera ya atacada en junio.
El ataque más reciente tuvo lugar el 6 de julio, cuando drones ucranianos impactaron la refinería de Omsk, la mayor del país. Dos fuentes del sector señalaron que la planta detuvo operaciones al día siguiente. La capacidad combinada de instalaciones paralizadas supera ya una cuarta parte del total nacional, según The Moscow Times.
Las medidas adicionales incluyen la postergación de mantenimiento en refinerías para sostener la producción, instrucciones a las principales petroleras de priorizar regiones con mayor proporción de gasolineras independientes, y la extensión por un año de la exención arancelaria para combustibles importados. El inicio de importaciones de derivados petrolíferos en julio constituye una admisión inédita de dependencia externa para un país que proyecta autosuficiencia energética.
El Kremlin también ha rebajado sus estándares medioambientales. El 2 de julio, el primer ministro Mijaíl Mishustin firmó un decreto que autoriza a ciertas refinerías a producir gasolina con norma Euro-3 —con contenido de azufre hasta tres veces superior al Euro-5 vigente— hasta fin de 2026. Según Kommersant, el Gobierno estudia además rebajar los estándares del diésel hasta niveles Euro-2, prohibidos en Rusia desde 2013.
Los impuestos sobre el petróleo y el gas representan el 25% de los ingresos estatales rusos. Los ataques ucranianos costaron a las compañías petroleras 13.000 millones de dólares en 2025 y reducen los ingresos potenciales en hasta 100 millones de dólares diarios, según OilPrice.com. La prohibición de exportaciones, vigente apenas tres semanas, no remediará las fracturas estructurales de una red refinera bajo ataque sostenido. Lo que sí revela es que Moscú ha perdido el margen que le permitía absorber los daños sin reconocerlos.


