Mundial 2026 / Mbappé supera al insuperable Bono
Kylian encarrila un triunfo que lleva a semifinales y que sentencia Dembélé, después de que el guardameta marroquí, incluyendo un penalti detenido al 10, se exhiba en la primera parte
MarcaAndaba algo mohíno Mbappé. O eso parecía al menos. Después de un primer acto accidentado, en el segundo no acababa de aparecer. Pero, en éstas, agarró en la frontal una pelota de la que nadie conseguía adueñarse y enhebró el hilo en la aguja, léase encontró el único hueco que llevaba a la red superando antes el aparatoso cuerpo de Diop y sin que la estirada del omnipresente Bono pudiera evitarlo. Descorchada la botella por fin, fue cosa de pocos minutos que Dembélé hiciera el segundo, él también con la derecha, y de que Francia pudiera festejar.
Esa celebración trajo susto, las cosas como son, cuando Kylian se fue al suelo con el partido controlado. El que más y el que menos sospechaba lesión, entre otras cosas porque el 10 era inmediatamente sustituido, pero la sonrisa que acompañó su recorrido hacia el banquillo permite sospechar que no era para tanto. Para entonces Deschamps ya se había preocupado de evitar a Koné, iniciando con él su propio carrusel, una amarilla que hubiera acarreado sanción. De Marruecos escasas noticias había por entonces, si acaso un disparo de Ounahi al que echó el lazo Maignan.
Había amenazado el partido con romperse a las primerísimas de cambio, cuando Mbappé y Upamecano sacaron sucesivamente un zapatazo desde la frontal y un cabezazo picado, en ambos casos sorprendentemente solos, en ambos casos para topar con Bono. Tuvo que ajustarse desde ahí, para echar grilletes al juego, una Marruecos que en esos albores ya resultaba sospechosa en lo que a la determinación defensiva respecta y que había aparecido con El Khannous como referencia ofensiva.
El partido se jugaba en el balcón del área marroquí, más que nada porque cualquier intento de jugarlo en otro lado hallaba la escoba de Koné en forma de negativa, si acaso alguna virguería de Brahim, que a las primeras de cambio dejó caño y taconazo pero que después se fue diluyendo desde esa dificultad colectiva para trasladar la pelota hacia la zona en la que podía adueñarse de ella. Aquello lo dominaba Francia, en fin, pero sin que la receta llegara a tomar consistencia.
Y justo al límite de la primera pausa llegó un notable giro de guion. Achraf se quedó pidiendo una falta que no lo había parecido en lo que a la contra Mbappé se citaba con Mazraoui dentro del área, para que aquello acabara en un penalti gestionado de aquella manera por el árbitro. El litigio tardó una eternidad en materalizarse por mucho que ya estuviera la pelota en el punto y que Bono aguardara bajo palos, con la consecuencia, directa o no, de que Kylian lo tiró horrible, pan comido para un especialista como el de las manoplas.Marruecos siguió a la suya, la de sostener un tinglado permanentemente amenazado. Y la tuvo Dembélé, primero. Y la tuvo Doué, después. Y la terminó teniendo Digne, al que se la negaron entre el larguero y, por supuesto, Bono. Por ahí se explicaba que, al descanso, los continuos enviones franceses hubieran tenido exactamente el mismo premio, ninguno, que la desaparición ofensiva del rival. Lo mejor en clave africana era el resultado, de largo además, mientras Mbappé parecía seguir rumiando un error del que, por lo demás, no se llegaba a sentir completamente responsable.
Podía suponerse que aquello era cuestión de tiempo, aquello del cántaro y la fuente, porque a veces el fútbol atiende a la lógica. Efectivamente, el partido duró lo que tardó en caer el primero. La comba de Mbappé superó al insuperable Bono y liquidó un partido que en realidad casi siempre estuvo liquidado.



