Moisés Ruiz: “Un Mundial cambia un país”
Un triunfo con repercusiones económicas y también sociales. “Durante la final no hubo colores ni partidos políticos”, explica Moisés Ruiz, experto en Liderazgo y Comunicación de la Universidad Europea.
Solo así se explica que un partido de fútbol, por importante que sea, arroje datos como los que se pueden extraer del duelo entre España y Argentina. Más de 20 millones de personas sintonizaron en algún momento un encuentro que batió récords de audiencias con 15.706.000 millones de media, un 87,1% de cuota. “Un evento que genera un entusiasmo especial. No es solo un partido, sino que la Selección representa a España en el mundo entero, más allá de sus fronteras. Ayer había gente apoyando a España en Sudamérica, Asia, el resto de Europa... Hasta en Gaza”, apunta Ruiz.
Aficionados españoles siguen la final en pantallas gigantes.JESUS ALVAREZ ORIHUELAY añade un detalle llamativo: “Personalmente, creo que no me preocupaba tanto que España pudiera ganar la segunda estrella. Y sí que todo el mundo estaba mirando a nuestro país y no quieres que defraude. Es algo con lo que nos identifican fuera”. Todo ello genera un vínculo emocional que también se muestra en cómo se vive el partido y en cómo se “fomentan los encuentros sociales”. Diana Camín, psicóloga de Blua Sanitas, coincide: “Cuando una emoción positiva se comparte, las personas sienten que forman parte de algo más amplio. Una victoria como esta puede generar conversaciones, recuperar vínculos y ofrecer un motivo común para reunirse”.
La España diversa que da ejemplo
La explosión de alegría llegó con el final del partido, con los 26 jugadores más el cuerpo técnico levantando un trofeo que, a nivel mundial, va más allá de ganar una competición. “Y ganar como se ganó, con ese ejemplo”, se apunta. Un éxito que llegó a todos los rincones del país, como se demuestran en los altos datos de seguimiento del torneo, ya fuera Madrid, Andalucía, Catalunya o Euskadi. “En general, durante el partido no hubo colores, territorialidades, diferencias políticas... Y todo por un equipo que ha mostrado la España moderna y diversa, de Lamine, Nico... que ganó para todos los que aman España. Sin pararse a pensar en el color de piel, o la afinidad política del que estaba al lado”, explica Ruiz.
Aunque Diana Camín advierte. “El entusiasmo colectivo puede ser una experiencia muy positiva, pero no debe convertirse en una obligación emocional. Una victoria deportiva no elimina dificultades personales ni hace que todas las personas se sientan automáticamente mejor. También es saludable respetar a quienes viven estos acontecimientos de una manera diferente”.
Porque también hay que tener en cuenta que estos sucesos colectivos también son abono para radicalismos. “Fanatismos siempre hay”, dice Ruiz. “Está claro que hay personas que no se sienten identificados por esto. O que no se sienten españoles y esa es una idea que debe ser respetable. Son situaciones que, al ver cómo un éxito hace que se celebre por tanta gente y en todo el mundo, puede generar cierta sensación de ‘humillación”, refexiona el experto de la Universidad Europea.
Aficionados de la Selección Española, en la terraza de un bar.Ricardo RubioUn Mundial dispara el consumo
Consecuencias en torno a un evento que es percibido como algo que difícilmente se podrá volver a vivir. Dentro de esta racha de éxitos de la Selección, y más para aquellos que han vivido épocas de muchas menos victorias, lo que genera el Mundial es la sensación de estar viviendo algo único. No obstante, solo ha pasado otra vez en la historia, hace 16 años. Y eso repercute en muchos ámbitos porque, para Moisés Ruiz, “muchas de las conductas están vinculadas a emociones”. De ahí que un éxito de estas características pueda influir incluso en el consumo de la sociedad. Un estado de ánimo tan positivo que, a nivel psicológico, repercute en la percepción consumista y en la economía.
Desde los que se han gastado importantes sumas en viajar a EE UU a los que este domingo no miraban las cervezas o tortillas de patata que se pedían en el bar. De hecho, datos de Revolut revelan que el consumo en bares españoles se incrementó un 29% con respecto a la semana anterior a los dos partidos decisivos del torneo. Y si se tiene en cuenta el gasto de españoles en Nueva York antes de la final, este se dispara un 142% en hoteles y un 264% en bares y locales.
De hecho, un trabajo del economista Marco Mello, publicado en 2024 en el Oxford Bulletin of Economics and Statistics, calculó que ganar el Mundial puede suponer un 0,48 del PIB durante los dos trimestres siguientes a la final. Lo que trasladado al PIB español actual, sería equivalente a unos 8.000 millones de euros de actividad económica adicional en esos seis meses posteriores al éxito. El turismo es otro aspecto que se multiplica. Y también hay datos tan curiosos como que en China, después del triunfo de la Selección, se ha multiplicado por 33 las búsquedas de vuelos y paquetes vacacionales.
También puede provocar fenómenos relacionados con el consumo. Uno muy llamativo es el éxito de la segunda equipación de la Selección, la camiseta blanca que ha supuesto todo un fenómeno en ventas, con existencias agotadas... “Es una camiseta disruptiva en una década en la que se tiende a eso. Un blanco emocionante, bonito, bien diseñado... Hasta la Familia Real la vistió en unas imágenes públicas mientras veían un partido del Mundial. Creo que las primeras equipaciones suelen diseñarse de una forma racional, con los colores tradicionales. Y la segunda, con conceptos más identificativos, emocionales... Y ha calado”, explica Moisés Ruiz.
Aficionadas celebran el triunfo en la Plaza de Colón.JESUS ALVAREZ ORIHUELAUna línea a seguir... en la ‘sociedad líquida’
Esas imágenes de la Familia Real también provocaron numerosas búsquedas de por qué vestían todos el número 26. Representaba a la totalidad de jugadores de Luis de la Fuente. En el que se han mezclado catalanes, andaluces, madrileños, vascos, hijos de inmigrantes... que han representado a toda una sociedad en la que, está por ver, si ese mensaje de unidad tendrá poso. “Los grandes logros deportivos nos recuerdan el valor de compartir experiencias y sentirnos parte de un grupo”, explica Camín.
Aunque todas las lecturas no son optimistas, sí hay lugar a esperar a que algo cambie. “Es cierto que vivimos la modernidad liquida”, apunta Ruiz sobre el concepto con el que el sociólogo Zygmunt Bauman definió la cambiante sociedad actual. Y reflexiona: “Pero espero que algo quede cuando llegue agosto y vuelvan las rivalidades normales que trae la Liga. Todo es efímero en la sociedad actual, pero existe esa esperanza. Sería bonito, por ejemplo, que lo que ha hecho este equipo sirva para que se vaya acabando con los insultos racistas o territorialistas que se viven en los estadios. Confío en que algo de lo vivido va a quedar, que sí signifique un cambio“.


