Messi nunca muere

A sus 39 años, no se quiere ir del fútbol ni del torneo que le ha hecho definitivamente grande. Le espera España en el partido de todos los tiempos.

Aritz Gabilondo
As
Resucitó Argentina, resucitó Messi, aunque lo uno no se deba a lo otro ni lo otro a lo uno. Más bien es magia. Es puro destino lo de la selección argentina. Es mucho más que una bandera o un escudo. Es el amor por este deporte llevado al extremo. Le bastó media hora de locura para recordar quién es el campeón. Media hora en la que Messi se puso el disfraz de arquitecto y Enzo y Lautaro, el de aniquiladores.

Sólo un chispazo de Julián Alvarez en cuartos y otro de Enzo previo se podían considerar hasta ahora aportaciones suficientemente relevantes al margen de las de Messi en el Mundial. Se había visto poco más allá del arrebato del 10, la marcada línea que ha seguido en el torneo en general Argentina. La realidad es que los socios de Messi aparecieron en el mejor momento, en el mejor rato de fútbol que dejó la Albiceleste de largo.

El gol de Enzo desde fuera del área y el remate de Lautaro de cabeza que conducen a Argentina hacia su segunda final consecutiva son el premio al tesón y al amor propio, también el de Messi, quien a sus 39 años no se quiere ir del fútbol ni mucho menos del torneo que le ha hecho definitivamente grande. No se sabe qué vendrá después de él. Es una incógnita saber qué Argentina nacerá cuando él ya no esté. Lo que es seguro es que a su lomo y con un carácter colectivo que recuerda a la Argentina de Maradona, esta generación está a las puertas de otro título, de otra estrella. Le espera España en el partido de todos los tiempos.

Entradas populares