Mercedes admite el enigma: el 'misterio eléctrico' que desespera a Russell

El británico sigue desquiciado con los problemas eléctricos de su monoplaza

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El ambiente en el garaje de las flechas de plata se corta con cuchillo. Mercedes ha admitido abiertamente que sigue teniendo serias dificultades para comprender los desconcertantes problemas de suministro de energía que están amargando la temporada a George Russell. El británico de 28 años vive sumido en la perplejidad ante un déficit endémico de potencia y velocidad punta frente a su compañero, el imparable Kimi Antonelli, en trazados donde el motor es ley. La brecha se agudizó dramáticamente en Silverstone y eclosionó en Spa-Francorchamps, donde Russell encajó más de medio segundo en la lucha por la pole antes de abandonar tras su toque con Lewis Hamilton, una debacle que deja a Antonelli despejado en el liderato del Mundial a 50 puntos de distancia.


Un problema que nació en Silverstone 

El departamento técnico del equipo alemán busca respuestas a contrarreloj para frenar una sangría que amenaza con desestabilizar por completo a su piloto. Simone Resta, subdirector técnico de Mercedes, dio la cara tras la cita belga para arrojar algo de luz sobre un fallo que trae de cabeza a los ingenieros: "Empezamos a ver estas diferencias en el despliegue de energía entre los dos coches en Silverstone. Tras analizarlo, concluimos que uno de los factores clave residía en la diferencia en el estilo de conducción. George estudió esto a fondo y adaptó su pilotaje para Spa, pero aún observamos divergencias en la configuración de ambos monoplazas". Resta recordó la complejidad de la nueva era reglamentaria: "Apenas llevamos 10 carreras con estas normas y todos estamos aprendiendo. Haremos lo imposible por dar con la causa raíz antes de Hungría".

Un fallo de software que casi desata la tragedia

Más allá de los fantasmas mecánicos que persiguen a Russell, Resta también explicó el gravísimo fallo técnico que sufrieron ambos monoplazas nada más apagarse el semáforo en las Ardenas y que Toto Wolff ya había señalado en caliente. Un problema de software desconfiguró la gestión del combustible y la presión del turbo desde la primera curva hasta la quinta, dejando a los dos monoplazas vendidos en la mítica subida hacia Raidillon. "Alcanzamos el límite de recolección en la curva 1 y tuvimos un problema de turbo en ambos coches hasta la curva 5. Tanto George como Kimi perdieron un terreno carísimo tras haber hecho una gran arrancada", concluyó Resta sobre un despiste operativo que en el caso de Russell terminó desembocando en el accidente con Hamilton y en un cero sangriento en el casillero del campeonato.

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