Los últimos que quedan: mineros de oro sostienen la búsqueda de víctimas en La Guaira sin ayuda internacional

Casi dos semanas después del doble terremoto del 24 de junio, son trabajadores de minas de oro quienes mantienen viva la esperanza de cientos de familias en Caraballeda, en un país donde el Gobierno reporta 3.535 muertos pero la sociedad civil contabiliza más de 30.000 personas sin localizar

Infobae

Unos 200 mineros artesanales del sur de Venezuela cambiaron las galerías subterráneas, donde arriesgan su vida en busca de oro, por las grandes montañas de escombros en La Guaira, para ayudar a recuperar los cuerpos de las víctimas que dejó el doble terremoto que azotó esta zona costera el 24 de junio.


Tras 13 días de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon a Venezuela, familiares de los desaparecidos siguen allí. Entre las ruinas de cientos de edificios desplomados piden ayuda; algunos todavía guardan la esperanza de hallar a los suyos con vida, mientras otros solo esperan poder enterrarlos.

El contingente de mineros, disperso entre la extensa área afectada, se mantiene en la zona cero desde el jueves 25 de junio.

Persistencia para salvar vidas

Aarón Reyes, de 29 años, comentó a EFE que desde su llegada ha trabajado en las ruinas de tres edificios.

En uno de ellos localizaron a un sobreviviente. “Cuando llegamos acá descubrimos dos cadáveres. Seguidamente, el Equipo de Búsqueda y Rescate (USAR) de República Dominicana había pasado una comunicación de que no había vida, pero unos compañeros que estaban rastreando encontraron a un niño de 12 años”, agregó.

Reyes explicó que una vez contactaron con el niño, volvieron a llamar a los rescatistas internacionales para que, con el debido equipo y conocimiento, lo rescataran con vida.

Estructuras de las minas

Las labores de rescate tras los sismos en La Guaira, Venezuela, el 4 de julio del 2026
(AP foto/Ariana Cubillos)
Las labores de rescate tras los sismos en La Guaira, Venezuela, el 4 de julio del 2026 (AP foto/Ariana Cubillos)

Fotografías aéreas de la zona Caribe, en Caraballeda, muestran un sinfín de orificios circulares y toldos improvisados con tela para protegerse del sol, tal como se observa en los yacimientos mineros.

“Si no hubiésemos ayudado nosotros a perforar, los familiares igual lo habrían hecho, solo que iban a demorar mucho más”, comentó Felipe Rodríguez.

El riesgo continúa

FOTO DE ARCHIVO- Una bandera venezolana ondea junto a un edificio dañado, tras los mortíferos terremotos del 24 de junio, en La Guaira (Venezuela), el 6 de julio de 2026
REUTERS/Gaby Oraa
FOTO DE ARCHIVO- Una bandera venezolana ondea junto a un edificio dañado, tras los mortíferos terremotos del 24 de junio, en La Guaira (Venezuela), el 6 de julio de 2026 REUTERS/Gaby Oraa

Antes de ingresar, los mineros colocan cuñas de madera para estabilizar las estructuras y posteriormente descienden entre el concreto utilizando cuerdas, una técnica idéntica a la que emplean en los yacimientos.

Muchas de las estructuras colapsadas en las que aún este martes trabajan los mineros continúan sufriendo desplazamientos y, de acuerdo con bomberos y socorristas, son totalmente inseguras.

Una vez adentro, explican que para detectar la ubicación de las víctimas se guían por los indicios del terreno, la humedad y la presencia de moscas o gusanos; en cuanto hallan estas señales, avanzan en esa dirección.

Equipos de rescate trabajan en una zona afectada por los devastadores terremotos del 24 de junio en La Guaira, Venezuela, el 6 de julio de 2026
REUTERS/Gaby Oraa
Equipos de rescate trabajan en una zona afectada por los devastadores terremotos del 24 de junio en La Guaira, Venezuela, el 6 de julio de 2026 REUTERS/Gaby Oraa

Para los familiares de las víctimas, el apoyo ha sido crucial. “Nos llegó un grupo de mineros como de cinco personas a las que les debo todo. Son los que me han ayudado bastante a avanzar más de la cuenta, porque yo nunca había cargado un pico, una pala o una mandarria, yo no sé nada de eso”, comentó Juan Andrade, cuya familia y vecinos quedaron bajo los escombros.

En algunos edificios, la labor de búsqueda de cuerpos recae sobre sus hombros y los de los familiares, muchos de los cuales se oponen a las demoliciones, mientras los bomberos aportan sugerencias y apoyan la extracción de los cadáveres.

“Vamos poco a poco aportando nuestro grano de arena, sacando a nuestra gente de los escombros. Ya no contamos con las ayudas internacionales, ya no están aquí en este momento; estamos nosotros, un grupo de mineros”, sentenció Wilmer Mata, de 32 años.

Tras casi dos semanas del terremoto, aún se desconoce la cifra de desaparecidos. De acuerdo con el reporte oficial, al menos 3.535 personas han muerto y 16.740 resultaron heridas.

Por su parte, la iniciativa ciudadana ‘Desaparecidos Terremoto Venezuela’ ha registrado hasta ahora más de 30.000 personas a las que no se han podido localizar. 

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