La fiebre de la final: "No estoy buscando una entrada; estoy buscando un milagro"

La final entre España y Argentina ha cambiado el ritmo de Nueva York: hoteles disparados, transportes por las nubes, colas interminables y miles de aficionados persiguiendo una entrada que, para muchos, ya parece una misión imposible

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Nueva York lleva toda la vida conviviendo con el caos. Con calles abarrotadas, hoteles llenos, colas interminables y miles de turistas cruzándose a todas horas. Pero esta semana ocurre algo diferente en una ciudad que siempre ha presumido de no detenerse nunca. Obligada a seguir otro ritmo, ahora todo gira alrededor de la final del Mundial


Ya es bastante caro venir a Nueva York con toda la familia como para meter ahora cuatro entradas a última hora... que no soy el dueño de Zara

Aficionado español en NY

En los vestíbulos de los hoteles ya no se pregunta por la habitación o el desayuno, sino por entradas. En los bares deportivos se discute sobre Messi, Lamine Yamal, las alineaciones o quién levantará la Copa, pero todas las conversaciones terminan exactamente igual: "¿Has conseguido una entrada?". En el metro se comparan precios desde el móvil como si fueran cotizaciones bursátiles. En Times Square, Bryant Park o el World Trade Center se mezclan camisetas de España y Argentina con aficionados llegados desde medio planeta. Todos persiguen lo mismo: un asiento para el domingo.

Un nivel nunca desbloqueado

"Estamos buscando entradas; el precio no es un problema. Hemos venido solo para ver a Messi", cuentan a MARCA un padre y su hijo llegados desde Hungría. Han recorrido miles de kilómetros por un solo futbolista. "Por el bien del fútbol tiene que ganar Argentina. Aquí termina el ciclo de Messi y luego empezará el de Lamine". A pocos metros, otros ya han asumido la derrota antes incluso de que ruede el balón. Renunciaron hace días a entrar en el MetLife y ahora buscan un plan B. "¿Dónde nos recomiendas verla?", preguntan. La respuesta tampoco garantiza nada. Las fan zones oficiales, los grandes bares deportivos y las pantallas gigantes llevan desde el primer partido del Mundial registrando colas interminables varias horas antes de cada encuentro. Para la final nadie espera menos. Todo lo contrario. Nueva York siempre ha sabido convivir con el exceso. Lo que está descubriendo estos días es que una final del Mundial todavía podía llevarla un paso más allá.

La final del Mundial, bajo una amenaza inesperadaMARCA

Cada pocos minutos se repite la misma escena. Un móvil en la mano, la plataforma oficial de la FIFA abierta y un gesto de resignación cuando las pocas entradas disponibles vuelven a desaparecer. "No estoy buscando una entrada; estoy buscando un milagro", bromea un aficionado español mientras enseña una pantalla repleta de cifras de cuatro y cinco dígitos. La final le ha sorprendido de vacaciones en Nueva York y, con España peleando por el título, ahora todo depende de una entrada. Si aparece, cambiará el vuelo de vuelta. Si no, la verá desde una pantalla gigante. "Haremos todo lo posible... pero milagros todavía no sabemos hacer", dice entre risas. "Ya es bastante caro venir a Nueva York con toda la familia como para meter ahora cuatro entradas a última hora... que no soy el dueño de Zara".

Un 650% inexplicable 

La fiebre también se nota en el bolsillo. Dormir cerca del MetLife cuesta hoy lo mismo que unas vacaciones completas en muchos destinos europeos. Conseguir una habitación en Manhattan o en el entorno del estadio se ha convertido en una carrera contrarreloj y muchos hoteles han elevado sus tarifas hasta niveles propios de la víspera de Año Nuevo. En los alrededores del MetLife, algunos establecimientos llegaron a anunciar habitaciones por más de 2.300 dólares la noche, mientras moteles que habitualmente viven del viajero de paso rozaban los 500 dólares y alojamientos de larga estancia superaban los 900.

No estoy buscando una entrada; estoy buscando un milagro

Moverse tampoco escapa a la locura. El trayecto en NJ Transit entre Penn Station y el MetLife, que habitualmente cuesta 12,90 dólares ida y vuelta, llegó a anunciarse por 150 dólares para los días de partido. La lluvia de críticas obligó a rebajarlo primero a 105 y finalmente a 98 dólares, una subida superior al 650% respecto a la tarifa habitual. El 'recorte' llegó tras la presión política y la búsqueda de patrocinadores por parte del estado de Nueva Jersey para aliviar el coste a los aficionados. El taxi tampoco ofrece refugio. Un trayecto desde Manhattan hasta el estadio supera con facilidad los 100 dólares y puede dispararse todavía más cuando termina el partido. Por no hablar de que la seguridad es tan alta en los alrededores del estadio hay que caminar 30 minutos desde el punto más cercano al que pueden acceder los taxistas.

Las Fan-zone... territorio imposible

Y, aun así, nadie parece dispuesto a quedarse en casa. Las aerolíneas han reforzado conexiones, los autobuses especiales hacia el estadio se han multiplicado y las fan zones se preparan para una avalancha histórica. En los partidos anteriores ya hubo colas de varias horas para acceder a algunas de ellas. Para la final nadie espera menos. Al contrario. Se calcula que decenas de miles de aficionados seguirán el encuentro lejos del MetLife porque, simplemente, entrar dejó de ser una posibilidad hace mucho tiempo. 

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El problema es que conseguir una entrada ya no depende únicamente del dinero. También hace falta paciencia, reflejos y una buena dosis de suerte. La localidad más barata disponible en la plataforma oficial ronda los 7.380 dólares, mientras las mejores zonas superan los 30.000 y algunos anuncios en la reventa llegaron a ofrecer cuatro asientos por más de nueve millones de dólares. Eso no significa que vayan a venderse por esa cantidad, pero refleja hasta dónde ha llegado la fiebre por la final. Los precios ya no sorprenden a nadie. Lo que sorprende es que, pese a todo, las entradas siguen desapareciendo cada vez que la FIFA libera un nuevo cupo. Hay aficionados que reconocen refrescar la página decenas de veces al día, otros mantienen abiertas varias pantallas al mismo tiempo y algunos han terminado instalando alertas para no perder una oportunidad que, normalmente, dura apenas unos segundos. Pero como la vida está hecha para los valientes, aquí nadie deja de soñar.

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