La España vertebrada
España es la selección más y mejor vertebrada del fútbol actual. Representa a un país al que el filósofo José Ortega y Gasset se refirió como invertebrado.
Costaba interpretar entonces la distancia entre el prestigio de los clubes y el secundario papel que cumplía España en la escena internacional. No es difícil considerar que gran parte del apogeo actual se debe al desarrollo de su particular modelo de juego, sostenido por una idea incrustada desde hace tres décadas en las diferentes categorías del fútbol juvenil, donde España apenas tiene rival, tanto en el sector masculino como femenino.
Los principios se mantienen, con las diferencias que marca la evolución más o menos sutil del fútbol y los jugadores que interpretan la idea, pero la selección que ha ganado el Mundial 2026 está esencialmente conectada a la que ganó en Sudáfrica 2010. Ganó aquella edición con ocho goles a favor y dos en contra. En esta ocasión, con una ronda más de partidos, ha marcado 14 goles y ha recibido uno, lo que explica no sólo un excepcional rendimiento de su sistema defensivo, sostenido por un modelo de juego cartesiano, elegante y extremadamente eficaz, desarrollado por una mayoría de fenomenales jugadores que lo conocen al dedillo desde la adolescencia.
España es la selección más y mejor vertebrada del fútbol actual. Representa a un país al que el filósofo José Ortega y Gasset se refirió como invertebrado. No en el fútbol, por lo que parece. Es el éxito del conocimiento, la cohesión y el ánimo integrador. Como en la última Eurocopa, la selección tiene el aroma de la diversidad —ocho equipos estaban representados en la alineación titular de la final—, sostenida por una idea común y defendida con un rigor admirable.
Hace mucho tiempo se acuñó en la política francesa un término aplicable a la selección española: la fuerza tranquila. Fuerza imparable por lo visto en el Mundial, donde la figura de Luis de la Fuente ha adquirido una magnitud mítica. España no pierde un encuentro oficial desde el 28 de marzo de 2023, saga de 38 partidos que incluye el éxito absoluto en la pasada Eurocopa y en dos ediciones de la Liga de las Naciones. A esta hoja de servicios se debe añadir, cuando menos en paralelo, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Alrededor de la prodigiosa dirección de Rodri, los jugadores españoles han confirmado su magisterio, que viene de lejos desde sus etapas juveniles. Algunos todavía lo son, caso de Lamine y Cubarsí. Nunca un campeón del mundo había contado con dos titulares menores de 20 años. Esta selección, que tiene fama de jugar con hilo de seda, guarda otra verdad como un templo. No se deja intimidar por nada, ni por nadie, ni por la estelar Francia, ni por la versión más agreste de Argentina, que terminó por interiorizar una divisa simplona: testosterona y Messi.


