El pánico al penalti es una plaga Mundial
Esta suerte de lanzamiento se vive (y sufre) entre la lotería y la terapia. Alemania, el caso más extremo, pero no el único ni el último. Psicólogos y Eloy Olaya, que falló ante Bélgica en México 86, analizan este miedo.
¿Cómo es posible esto cuando un futbolista, normalmente, siempre sueña desde niño con vivir una situación así? Tirar un penalti en un Mundial no es un privilegio del que se disfrute todos los días. Los expertos y protagonista se pronuncian. Y coinciden. “El fútbol no son matemáticas”. Pero sí es un cisma que no sólo se vive en las fases finales, donde todo tiene más trascendencia por la viralidad que nos rodea. Messi y Colombia son trending topic. En el día a día de los clubes también se palpa esta angustia. Hace tres temporadas, sin ir más lejos, el Real Madrid tumbó al City en la Champions en lo que suele llamarse lotería. Y tras salir victorioso con un papel estelar de Lunin se supo que, pese a pedírselo el clan Ancelotti, Valverde no quiso lanzar por “cansancio” y Militao, supuestamente, porque su compatriota Ederson “le conocía”...
Y ocurre más allá de la élite. A su alrededor lo habrán comprobado. En el fútbol regional, y hasta en los torneos más locales, se viven escenas parecidas con frecuencia. Y en muchas ocasiones con jugadores que conocieron la presión. La escena suele ser la siguiente: minutos antes de acabar el encuentro, y cuando el desenlace para desempatar se acerca una vez concluido el tiempo reglamentario, simulan mareos, golpes de calor, indisposiciones repentinas o lesiones que aconsejan ser cambiados. No les vale con no estar entre los lanzadores iniciales. La angustia les atenaza tanto que no quieren ni estar disponibles al fallo por si el empate se empeña en aportar más emoción. Tienen las mismas opciones de ser héroes que villanos, pero les puede mucho más anotar en su currículum un fracaso. Es un mal en la élite y en las pachangas.

Aunque a veces parecen máquinas, los futbolistas son humanos. Nadie quiere ser el Djukic de los 90 o el Brahim de este siglo. El peso de cargar con la pena interior y la condena exterior parece haber calado. En el caso del deportivista, hasta el punto de que estuvo tan afectado, ido y desbordado por aquel borrón que le dio la Liga al Barça, que días después tuvo un grave accidente de coche que pudo pasarle una factura. “La clave no es eliminar las emociones, sino entenderlas para saber qué hacer con ellas”, asegura Rafael Mateos, psicólogo deportivo y unos de los fundadores de Train Your Mind, sobre la ansiedad de ejecución en la que el jugador se siente responsable único del resultado y el temor que surge cuando la mente se enfoca en el “qué pasará” (fallar) en lugar de en el “qué tengo que hacer” (disparar).
Ahí están también los ejemplos, entre miles, de Van Dijk y Pavone. El holandés no ha querido volver a lanzar tras pifiarla ante Argentina en Qatar 2022. Reconoció pasarlo muy mal: “No pude dormir durante varios días”, expresó. Y el bonaerense, después de un fallo con River ante Belgrano que le costó el descenso, no volvió a probar suerte hasta seis años después. A ver cuánto tarda Bruno Guimaraes en atreverse tras errar con Brasil. El temor es tan grande que hasta Diego Costa le pidió en Rusia 2018 a Hierro, seleccionador de urgencia por la salida de Lopetegui, que Koke no lanzara para ahorrar(nos) un disgusto nacional.
Decepción alemana tras caer contra Paraguay en los penaltis. (Alemania) EFE/EPA/GREG COOPER GREG COOPERSaber levantarse
Lo de Eloy Olaya es diferente y es sanador. El gijonés gozó de 15 internacionalidades (con cuatro goles), pero siempre será recordado por su fallo con España en el Mundial 86 frente a la Bélgica que ahora vuelve a amenazar. Aquel error certificó la eliminación de España. Y, sin embargo, no se pone nada en valor su respuesta a los problemas. Sólo cuatro meses después, el menudo delantero se propuso como lanzador en una gran final. Fue en la Eurocopa Sub-21 ante Italia. “Habíamos perdido 2-1 en la ida e igualamos en la vuelta disputada en Valladolid. Luis Suárez, nuestro seleccionador, me conocía bien y había estado en México muy cerca del primer equipo desde el primer día como ayudante de Miguel Muñoz. Recuerdo que me dijo ‘nene, cómo estás’. Y yo le contesté: ‘Bien, bien; si preguntas por si quiero lanzar, voy a tirar”, recuerda Eloy. El seleccionador alucinó con su entereza y fue tajante: “Olé tus cojones”. Lo curioso es que no le hizo falta patear. Su compañero de equipo y amigo en el Sporting, Ablanedo, paró dos antes y, además, el rival erró otro por lo que no hizo falta su lanzamiento…
Eloy, antes de drama en el estadio Cuauhtémoc, había tirado un par de penaltis en Primera. Marcó con el Sporting al Valladolid en la temporada 1983-84 y falló otro ante el Betis una semana después. Y no volvió a tirar muchos más después de aquel con la Absoluta. Pero no porque no quisiera o le cogiera miedo a ese precipicio: “Evidentemente uno sufre cuando no acierta, pero yo seguí lanzando. Aparte de aquel con la Sub-21, tiré otro más con el Valencia en la Copa e incluso en otra eliminatoria, contra el Barça, también era el quinto lanzador y no llegué a tirar porque todo se decidió antes. Tenía confianza en mi disparo, lo que pasa que en el Sporting y en el Valencia tenía especialistas por delante. En Gijón, Joaquín los tiraba muy bien. Y si jugaba Quini, cualquiera se lo quitaba... Te pegaba un bocado. Y en el Valencia estaban Fernando, Mijatovic, Penev… Aun así, yo siempre me quedaba al final de los entrenamientos entrenando. Porque es lo que hay que hacer. Ensayar para estar mentalmente convencido cuando te llegue la ocasión”.

Aquel penalti del Mundial 86 lo recuerda como si fuera ayer y no hace 40 años: “Le pegué mal. Aun así, el verdadero problema fue que, desde que cogí el balón hasta que le pegué, dudé. Pensé varias cosas en muy poco tiempo. Y eso no se puede hacer. Hay que tener la idea clara. Como nos decía Muñoz y Suárez, el mal penalti es el que va fuera; confianza y que vaya entre los tres palos. Y ahora más que nunca. Los porteros en la actualidad son muy buenos, muy rápidos, muy coordinados. La nueva regla de tener un pie en la línea les hace concentrarse más y se impulsan de maravilla. Les ha podido hasta beneficiar. Antes hacían más tonterías, ahora tiene todo bien planeado”.
¿Cómo se entrenan los penaltis?
El miedo a la pena máxima tiene una razón fundamental desde la psicología deportiva. Así lo reconoce Rafael Mateos, doctor en Psicología además de investigador y amante de la aplicación de la teoría sobre el terreno: “No existe una receta universal para tirar mejor un penalti. A veces se habla de rutinas, visualización o autohabla, pero conviene huir del ‘café para todos’: no a todos los jugadores les funciona lo mismo, ni en todos los momentos. En una situación de máxima presión, lo importante no es aplicar una técnica porque sí, sino tener una buena capacidad de autorregulación, es decir: darme cuenta de cómo estoy, decidir qué necesito y ejecutar un plan. Para algunos, ese plan puede ser respirar de una determinada manera, imaginar el golpeo o decirse una frase previamente entrenada; para otros, puede ser algo tan simple como hablar con un compañero que suele hacerte reír, tomarse su isotónico favorito o simplemente aceptar que es normal sentir nervios o dudas antes de tirar en una situación así”.
GR1152. CIUDAD DE MÉXICO (MÉXICO), 05/07/2026.- Raúl Jiménez (d) de México anota un gol de penalti este domingo, en un partido de los octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre México e Inglaterra en el estadio Azteca en la Ciudad de México (México).EFE/ José Méndez José MéndezPero lo que quizás muchos no sepan es que ese pavor se puede contrarrestar con entrenamiento mental, por mucho que no se pueda replicar la realidad al 100%: “Incluso si un futbolista se autorregula muy bien, eso no garantiza marcar el penalti. Intervienen el portero, el contexto, el cansancio, y también una parte de incertidumbre o azar que siempre existe en el deporte. Pero entrenar la autorregulación sí puede hacer que la experiencia subjetiva sea más manejable: que los nervios no se conviertan en pánico, bloqueo o evitación. En alto rendimiento no se trata de no sentir presión, sino de poder actuar con presión. Y esa capacidad, como el golpeo, también se entrena”. ¿Cómo? Según los sabios, y una vez detectado cómo está el futbolista y decidido qué debe hacer, la mejor recomendación es confiar en ese mismo plan siempre y entrenarlo para cuando llegue el momento decisivo y enfrentarte con muchas más herramientas a la incertidumbre y los nervios.
No hay otro camino. La angustia siempre estará ahí. España, por ejemplo, decidió su destino cinco veces por penaltis en los Mundiales y sólo ganó una. La clave es saber manejarla. Si hasta Messi falla y vuelve a intentarlo, cómo no lo vamos a hacer el resto de mortales.


