El monstruo que devoró a Vinicius
Contracrónica del Brasil-Noruega en el Metlife Stadium
JOEL DEL RÍO, MarcaVinicius llegó al MetLife dispuesto a dar otro paso hacia el Balón de Oro. Se marchó viendo cómo otro candidato le arrebataba el foco, el partido... y los sueños de todo el pueblo brasileño. Porque enfrente apareció un monstruo llamado Erling Braut Haaland. El noruego necesitó muy poco para hacer muchísimo: un doblete demoledor y una exhibición de delantero total para mandar a Brasil de vuelta a casa. La Canarinha también fue castigada por un Nyland descomunal, un portero que hace apenas unas semanas estaba sin equipo y que firmó la actuación de su vida. Entre el muro noruego y el ciclón Haaland, el Mundial de la Brasil de Ancelotti terminó de la forma más cruel posible. Ahora, otra espera de 4 años para volver a pensar en el Hexa, que cada vez se ve más imposible...
¿Y ahora cómo explica esto Vinicius?
Si Vinicius quiere ser el gran líder de Brasil, también tiene que comportarse como tal cuando llega el momento de la verdad. El penalti era suyo. Lo había provocado Cunha, lo había reclamado medio estadio y, después de que el VAR corrigiera el error de Ismail Elfath, todo apuntaba a que sería el 7 quien asumiría la responsabilidad. Cogió el balón, caminó decidido hacia el punto de penalti... y, de repente, se dio la vuelta para entregárselo a Bruno Guimaraes.
La decisión desconcertó a todos. Porque en el Madrid, rodeado de lanzadores contrastados como Mbappé o Bellingham, el brasileño se ganó (y luchó por ello) con Ancelotti el derecho a lanzar penaltis. Y porque en Brasil no es un actor secundario. Es la estrella, el futbolista sobre el que gira todo el proyecto. El que pide el balón, el que reclama protagonismo y el que está llamado a decidir los grandes partidos. Como este en el Metlife. Precisamente por eso cuesta entender que, en el momento de mayor responsabilidad, decidiera apartarse. Nadie discute la calidad de Bruno. Lo que queda es la pregunta: ¿por qué no lo tiró Vinicius? Porque, quitando el penalti, el brasileño volvió a ser el mejor de Brasil. El único capaz de generar peligro... pero no apareció cuando más necesario era. Castigo cruel para el 7, que había completado un Mundial de 10 hasta que tuve en frente al monstruo.
Haaland se zampa a Gabriel... y a Vini en el Balón de Oro
Erling Braut Haaland sigue haciendo lo mismo de siempre. Puede pasarse 80 minutos desaparecido, tocar el balón una veintena de veces y parecer completamente fuera del partido. Da igual. Porque vive de una única ocasión y casi nunca la perdona. Un centro templado al corazón del área, un salto imperial para imponerse a Gabriel y un cabezazo picado, seco e inapelable para mandar a Brasil de vuelta a casa. El segundo golpe fue todavía más cruel. Se zampó al central brasileño... y, de paso, dio un golpe definitivo a la candidatura de Vinicius al Balón de Oro. Mientras uno abandonaba el Mundial por la puerta de atrás, el otro volvía a hacer su trabajo como mejor sabe hacerlo.






