El lado oscuro de la IA: nuevo estudio revela que contamina mucho más de lo que imaginabas
De acuerdo con el estudio de Allianz Trade, los centros de datos generaron en 2025 cerca de 300 millones de toneladas de dióxido de carbono
InfobaeLa inteligencia artificial, vista como una de las tecnologías más disruptivas de la actualidad, tiene un impacto ambiental que supera con creces las estimaciones previas. Un estudio publicado en 2026 pone en el centro del debate la huella de carbono de los centros de datos que sustentan la IA y coloca sus emisiones y consumo de recursos en cifras alarmantes, muy por encima de lo que se creía hasta ahora.
Contaminación de los centros de datos: cifras y proyecciones
De acuerdo con el estudio de Allianz Trade, los centros de datos generaron en 2025 cerca de 300 millones de toneladas de dióxido de carbono, específicamente 286 millones. Este dato representa un aumento del 57 % respecto a las cifras manejadas por la Agencia Internacional de la Energía y un 51 % más que las estimaciones del Instituto de Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud.
El crecimiento acelerado de la infraestructura digital y su dependencia de la energía convierten a estos complejos en grandes emisores de gases de efecto invernadero.

La demanda energética de estos centros no solo se mantiene, sino que aumenta con la expansión de la inteligencia artificial. En la actualidad, entre el 15 y el 20 % del consumo eléctrico de los centros de datos puede atribuirse a tareas de IA, según los expertos citados en el informe.
Las proyecciones indican que esta proporción podría alcanzar el 40 % para 2030, lo que implicaría un incremento exponencial en el consumo eléctrico global derivado de la digitalización y la automatización.

Impacto en agua y recursos naturales: el precio de la refrigeración
El funcionamiento de estos complejos informáticos requiere no solo energía, sino también enormes cantidades de agua para sistemas de refrigeración. El estudio estima que, entre 2023 y 2030, los centros de datos podrían consumir entre 1,3 y 1,8 billones de litros de agua, una cifra equivalente al consumo anual de un país como Suiza.
La presión sobre los recursos hídricos se manifiesta especialmente en zonas donde las sequías son frecuentes y los acuíferos están al límite. En Estados Unidos, donde se concentra la mayor parte de estas instalaciones, la preocupación de las comunidades locales crece ante el agotamiento de fuentes de agua y el posible colapso de las redes eléctricas.
Los sistemas de refrigeración, necesarios para mantener operativos los servidores, utilizan millones de litros de agua cada día y colocan a muchas áreas en una situación crítica respecto a la disponibilidad de este recurso.
Además del agua, las comunidades se enfrentan a otros problemas asociados con la expansión de los centros de datos: incremento en el costo de las facturas eléctricas, contaminación acústica constante y un impacto directo sobre la calidad de vida de los habitantes cercanos a estas infraestructuras.

Las quejas por el ruido y la preocupación por la devaluación de las propiedades se suman a la lista de efectos negativos detectados por quienes viven en las inmediaciones de estos complejos.
Rechazo comunitario y tensiones sociales por la expansión de los centros de datos
El rápido crecimiento de la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial ha desatado reacciones de rechazo en distintas comunidades. Un ejemplo reciente se registró en Red Oak, Texas, donde los residentes se organizaron para oponerse a la construcción de un nuevo centro de datos.
Entre sus argumentos destacan el ruido constante, el impacto sobre la red eléctrica, la pérdida de tranquilidad y la posible depreciación de sus viviendas.

Este fenómeno no es aislado. En Estados Unidos, la resistencia a estos proyectos se hace sentir con fuerza, especialmente en estados como Texas y Ohio. Según una encuesta de la Universidad de Texas, el 56 % de los votantes registrados se opone a la construcción de centros de datos en sus comunidades, y la cifra asciende al 62 % en las zonas rurales.
La percepción de que los beneficios en términos de empleo son limitados y no compensan los perjuicios ambientales y sociales impulsa a los vecinos a alzar la voz y exigir medidas más estrictas.
Daños económicos y climáticos: el costo real de la inteligencia artificial
A medida que la inteligencia artificial se integra de manera creciente en la vida cotidiana y en sectores productivos, también se multiplican los daños asociados a su infraestructura.

Según las estimaciones recopiladas en el estudio de Allianz Trade y difundidas por DW, los daños climáticos provocados por las emisiones y el consumo de recursos de los centros de datos ya alcanzan los 68 mil millones de dólares anuales. Para 2030, se proyecta que la cifra podría llegar a 154 mil millones cada año.
El impacto económico no se limita a los daños directos, sino que también afecta a la disponibilidad de agua, el precio de la electricidad y la estabilidad de los ecosistemas locales.
Las cargas de trabajo vinculadas a la inteligencia artificial podrían superar los 50 mil millones de dólares en daños climáticos para el año 2030. Estas cifras evidencian que el costo ambiental de la digitalización y la IA obliga a repensar el modelo de desarrollo tecnológico actual.


