Cuando la memoria deja de ser mérito y el pensamiento crítico se vuelve requisito: “Memorizar lo que la IA ya sabe dejó de tener valor”
Martín Varsavsky plantea que la inteligencia artificial redefine qué merece la pena aprender y qué habilidades tendrán valor real en el mercado laboral
InfobaeEl empresario y magnate tecnológico argentino Martín Varsavsky tiene siete hijos y piensa mucho en su educación. No en los contenidos concretos que aprenderán, sino en si tiene sentido aprenderlos de la manera en que se han enseñado hasta ahora. Este jueves lo planteó en su cuenta de X en una publicación que circuló ampliamente:

La publicación generó un debate inmediato y Varsavsky respondió a varios interlocutores con posiciones matizadas. No es una opinión aislada: la pregunta que condensa —qué debe aprender una persona en un mundo donde la inteligencia artificial ya domina el conocimiento declarativo mejor que cualquier estudiante— recorre cada vez más despachos ejecutivos, aulas universitarias y ministerios de educación.
El Informe Global de Habilidades 2025 de Coursera —plataforma que reúne más de 170 millones de estudiantes— registró cómo el pensamiento crítico escaló hasta convertirse en la habilidad más demandada en el tercer trimestre de ese año, desplazando por primera vez a competencias técnicas. Los cursos de inteligencia artificial generativa crecieron un 195% respecto al año anterior. La plataforma acumula más de 15 millones de matrículas en certificados profesionales de nivel inicial, y el 96% de los empleadores encuestados los reconoce como señal válida de contratación.
Lo que Varsavsky describe como una ventaja que antes “solo tenían los ricos” empieza a tener correlato empírico. Khanmigo, el tutor con IA de Khan Academy basado en GPT-4, pasó de 40.000 a más de 700.000 usuarios entre los ciclos 2023-2024 y 2024-2025, con una expansión de 45 a más de 380 distritos escolares en Estados Unidos, según declaró Kristen DiCerbo, directora de aprendizaje de Khan Academy, a la revista especializada Education Week.

DiCerbo describió ese crecimiento como el mayor salto de adopción que había visto en veinte años de tecnología educativa. El sistema no proporciona respuestas directas: guía al estudiante mediante preguntas —el método socrático— y lo obliga a pensar en lugar de recibir. Eso refuerza el argumento de Varsavsky sobre las habilidades que la IA no reemplaza sino que exige.
Las decisiones en las grandes empresas
“Empresas como IBM y Google ya contratan por habilidades reales más que por el título colgado en la pared”, aseguró Varsavsky en su publicación. El gigante informático que revolucionó la industria hace décadas ya no exige título universitario para la mitad de sus puestos en Estados Unidos y lanzó un programa de aprendices en áreas como ciberseguridad y análisis de datos. Google emplea su propio programa de certificados profesionales como vía de acceso al empleo, y más de 150 empresas externas lo reconocen como equivalente al diploma para puestos de entrada. Según un informe de Forbes publicado en marzo de 2025, el 81% de las compañías estadounidenses aplicaba ya criterios de contratación basados en competencias, frente al 57% de apenas tres años antes.
Cuando alguien objetó en el hilo que los títulos siguen siendo un filtro real en los procesos de selección de las grandes tecnológicas, Varsavsky respondió sin contradecirlo: “El título abre la puerta. La capacidad decide si te quedás”. La distinción sitúa el debate donde le corresponde: no en si el diploma desaparece, sino en si conserva el mismo peso como señal de competencia en un mercado que empieza a tener alternativas verificables.
La pregunta que queda sin respuesta es la de los márgenes: quién tiene acceso real a esas herramientas y en qué condiciones. El tutor de IA disponible las 24 horas puede reducir la brecha en orientación académica, pero no borra las condiciones materiales que determinan si un estudiante puede sentarse frente a una pantalla.


