Cómo sigue la compleja misión para rescatar un telescopio de la NASA que podría caer a la Tierra
Según explicó la empresa, los problemas aparecieron durante el fin de semana, tres semanas después del lanzamiento de la nave robótica de tres brazos hacia la órbita. Pese al incidente, la compañía sostuvo que los demás subsistemas principales de Link parecen funcionar con normalidad y que el intento de encuentro con el telescopio sigue en pie.

Swift necesita ser “remolcado”
Lanzado en 2004, Swift desciende más rápido de lo previsto por un episodio reciente de mayor actividad solar, que intensificó la fricción atmosférica sobre su órbita baja terrestre. Ese arrastre reduce gradualmente la altitud de las naves que no cuentan con sistemas de propulsión para compensarlo.
La consecuencia inmediata es concreta: sin ayuda, el telescopio caerá a la Tierra este otoño. Por eso la NASA decidió no dejar que la misión termine con un reingreso atmosférico, como ocurre con muchos otros aparatos, y usar el caso para probar servicios comerciales de mantenimiento orbital desarrollados en Estados Unidos.
El observatorio, lanzado en noviembre de 2004, fue diseñado para estudiar algunas de las explosiones más grandes del universo, entre ellas los estallidos de rayos gamma y estrellas que han explotado. Mientras no se complete la maniobra para elevar su altitud, sus observaciones científicas permanecen suspendidas.
S. Bradley Cenko, investigador principal de la misión Swift en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, describió así su función: “Swift es la herramienta multiusos de la NASA para el estudio del cosmos”.
El investigador añadió: “Swift observa el cielo utilizando una amplia gama de longitudes de onda de luz, y apunta rápidamente hacia estallidos de corta duración, alertando a otras instalaciones espaciales y terrestres para la coordinación de observaciones de seguimiento. Durante las últimas dos décadas, Swift ha desempeñado un papel clave en los esfuerzos de la NASA por comprender cómo funciona el universo, y esperamos retomar esa labor una vez que se haya completado la maniobra para elevar su altitud”.
La NASA contrató a Katalyst en septiembre para ejecutar una tarea con fuerte presión de tiempo: diseñar, construir, probar y lanzar en menos de un año un vehículo capaz de alcanzar a un observatorio que nunca fue concebido para recibir servicio en órbita.
Ghonhee Lee, director ejecutivo de la empresa, resumió ese desafío con una limitación estructural del telescopio: “Swift no fue diseñado para recibir mantenimiento”.
Lee planteó además el alcance industrial de la prueba: “Al demostrar que podemos prolongar su vida útil de manera rápida y rentable, estamos creando un modelo para dar mantenimiento a naves espaciales que nunca fueron diseñadas para recibir servicio en órbita. Si queremos establecer una presencia duradera más allá de la Tierra, necesitamos la capacidad de manipular nuestro entorno en el espacio. Eso implica desplegar naves espaciales robóticas que puedan reposicionar, reparar, recargar combustible y reacondicionar satélites después de su lanzamiento”.
La nave Link tiene una masa de 400 kilogramos y una altura de 1,5 metros, cerca de un tercio del tamaño total de Swift. Sus paneles solares se extienden a lo largo de seis metros y alimentan tres propulsores iónicos y un sistema de tres brazos robóticos destinado a capturar y remolcar el telescopio.


