Camavinga hace de tapón
La salida de Camavinga se sigue considerando el camino más sencillo hacia un posible gran fichaje. Pero él se mantiene firme: quiere quedarse y redimirse.
Y la realidad de Chamartín, a día de hoy. La de un club que lleva alrededor de 85M€ gastados este verano. Los 15M€ por Mourinho, 20M€ por Dumfries y sobre todo, 50M€ por Cucurella. Han llegado a coste cero tanto Konaté, como Bernardo Silva. No es una cuestión de estar en déficit pues, por ejemplo, el traspaso de Nico Paz (60M€) ha aligerado −y mucho− las cuentas. Así como se ha ingresado por Víctor Muñoz (20M€), Gila (15M€), el Toro (15M€), Álex Jiménez (12,5M€, cuando fue traspasado al Bournemouth en febrero; ahora, ha salido a la Fiorentina), Fran García (4M€) o Mario Martín (3,5M€). Dinero, se ha recibido.
Camavinga y Mourinho, en Valdebebas.InstagramA partir de 70M€
Pero una cosa es que el balance se haya nivelado y otra, que haya músculo para levantar el press de más de 150 kilos que supone el fichaje de una gran estrella. El acometer una operación de las que sacuden las placas tectónicas en un mercado de fichajes. Olise o similares, hablando en plata. Para dar ese paso, hace falta un ingreso. Hará falta. Y es ahí donde se mantiene una figura bajo el cenital: Camavinga. Porque es el jugador menos imprescindible del centro del campo. Más negociable que Tchouameni, Valverde, Bellingham y Güler. Y esto, abre el juego.
El Real Madrid escucha ofertas. Lo hace, sabedor de que pueden caer en saco roto. Pero esa puerta no está cerrada a cal y canto; ni mucho menos. El futbolista está tasado en, como mínimo, 70M€. Porque esto responde a otra premisa fundamental: nada de regalarlo. Todo lo contrario. Más allá de que el rendimiento más reciente pueda invitar a una devaluación, la hemeroteca refleja a una figura con dos Champions, dos Ligas, una Copa del Rey, dos Supercopas de Europa, un Mundial de Clubes, una Intercontinental y dos Supercopas de España. Un total de once títulos. Polivalencia para ser pivote, volante, interior y hasta lateral izquierdo. Se considera que vale mucho.
Camavinga, entrenando en Valdebebas.InstagramViene del 43%
Aunque venga de jugar poco, lo cual es una realidad. Esta temporada ha jugado el 43% de los minutos (2.199 de los 5.040′). Es el bisturí a un dato que, visto desde arriba, no invita a algo tan impactante; porque al final, ha participado en 43 de los 56 partidos. Y de los 13 que se ha perdido, 9 han sido por molestias. Traducción sencilla: sólo se ha quedado sentado en el banquillo, viendo el partido, cuatro veces. De 56. Suele jugar, pero ha perdido peso. Esa es la cuestión. Que esta temporada ha promediado 46′ por partido, cuando ha estado disponible. Apenas media parte. Un paso atrás −si no varios− para quien llegó a ser titular en la final de la Decimoquinta. En Wembley.
Camavinga, entrenando en Valdebebas.Real MadridFirme en la redención
Y más allá de los números, van las sensaciones. No ha estado bien; no ha estado a la altura. Hasta el punto que protagonizó una vuelta por el Bernabéu pidiendo perdón, tras su roja en Múnich. La guinda ponzoñosa a una temporada para olvidar. Y que le ha llevado a esta situación. No se le va a regalar, pero está en venta. Esa es la decisión. Y el obstáculo, él: Camavinga quiere quedarse y convencer. Resarcirse. Una decisión que puede salir bien, si termina continuando y convenciendo. Recuperando su mejor nivel. Pero que, a corto plazo, provoca lo evidente: el dinero que se ingresaría por él, sería clave de cara a una futura operación.
El culebrón apunta a durar todo el verano. Porque las dos posturas se mantienen firmes sobre la mesa. Pendientes de si desde la otra dirección, se cambia de dirección. De si algún día suena el despertador y hay un movimiento que cambia el tablero. Mientras tanto, Camavinga entrena al 200% en Valdebebas. Desde el primer día −13 de julio−, machacándose en el gimnasio y recuperando el feeling sobre el césped. Pensando en la temporada. Mientras desde los despachos se piensa en las cuentas. En la posibilidad de cuadrar un gran fichaje que, a día de hoy, depende notablemente de su situación. Del dinero que se recibiría por él. De no llegar, supondría un frenazo. Un tapón al mercado.


