Baresi, el hombre que sabía demasiado
No fue un central, sino un ejemplo de cómo triunfar sin ser el más rápido ni el más atlético.
Su papel preferido era el de líbero, especie extinta que venía a ser el central sin marca que mandaba en todo y lo corregía todo. Al menos así le vieron Liedholm y Sacchi, los dos técnicos que marcaron su carrera y le convirtieron en su brazo armado dentro del terreno de juego. Fue la pieza fundamental en ese achique asesino del Milan en el que murieron repetidamente Madrid y Barcelona sin perder la admiración por él. Siempre dijo que aquel 5-0 de 1989 al equipo de Beenhakker fue el partido de su vida, quizá porque retrató bien su idea del fútbol: organización, conocimiento del adversario y humildad. “Sacchi tenía una atención maniaca al trabajo diario y al estudio del rival. Nos pidió que lo hiciéramos con aquel Madrid, que jugaba de una forma muy desorganizada. Éramos más equipo que ellos”.
Baresi fue, en definitiva, un guía silencioso, que no silenciado. Hace casi treinta años que se retiró del Milan, el equipo donde entró con 14 y solo lo dejó para colgar las botas a los 37, y aún se le cantaba en San Siro: “Un capitán, solo un capitán”. Fue más que eso, el jefe del estado mayor de la defensa del siglo XX.


