Argentina se teme lo peor

Se avecina un duro cambio de ciclo sin Messi, probablemente, y quizá sin Scaloni, que dejó en el aire su continuidad. Todos pendientes de la decisión de Leo.

Aritz Gabilondo
As
La Argentina que enamoró con Messi, la que atravesó fronteras porque su causa, la de Leo, era la de quien busca la grandeza aún habiéndola logrado varias veces, exhibió en la final esa otra cara que todo el planeta fútbol repudia. La imagen de Messi llorando al final, en plena entrega de premios, casi como despidiéndose de este fútbol, del que hizo tan grande, fue un reflejo de lo que ha sido este deportista. Un futbolista colosal y un competidor nato. Una leyenda que se marcha poco a poco porque el paso del tiempo es letal y porque vienen otros apretando por detrás, en concreto la España de Rodri y de Lamine.

A falta de calidad, al verse Argentina superada por España dejó el escaparate que normalmente corresponde a Messi a los Otamendi, Paredes y Enzo Fernández. La forma de comportarse durante el partido, empujón a destiempo por aquí, patada desafortunada por allá, acabó en el bochornoso final, previa expulsión de Enzo antes por llevarse por delante a Cubarsí y ganarse la segunda amarilla de forma justa.

Paredes, en concreto, vive desde hace tiempo al albur de Messi. De no ser por el abrigo que le ofrece, no hubiera ni pisado este Mundial. Salió al campo a marcar autoridad. La forma en la que empujó a Rodri al poco de saltar al césped reflejó cuál era su plan y su objetivo sobre el campo. Scaloni movió el banquillo mucho más rápido que otros días. A los 70 minutos ya había hecho los cinco permitidos.

El seleccionador argentino sembró la duda sobre su futuro al término del encuentro (“Hasta diciembre y después seguramente corte”) y con algunos cambios, aunque demostró que es un técnico moldeable que se adapta a los partidos y a los rivales. Las novedades en el once de Montiel, Nico González y De Paul tuvieron el objetivo de frenar a España. No es habitual que de una semifinal a la final una alineación cambie tanto. Pero los problemas físicos acabaron mermando a su veterano equipo.

Enzo Fernández también se contagió de esa agresividad con la que Argentina quiso parar a España. No había otra fórmula o no la buscó el conjunto de Scaloni. Parece que hasta los buenos jugadores deben tener un punto de exceso para jugar en esta Argentina que nunca muere y que es dura de pelear. Se pasó tanto de revoluciones que acabó arrollando a Cubarsí y ganándose una segunda amarilla clara.

Son los reyes del otro fútbol los argentinos, los que mejor juegan desde el oficio, los que sacan del partido a los rivales como si fuera un arte. Así consiguieron llevar al partido a la prórroga, el territorio que tanto dominan porque acaban sacando de quicio a los adversarios. Pensaron en los penaltis como antídoto para frenar a España, aunque esta vez no hubo premio. El futuro, probablemente sin Messi ni Scaloni, se presenta gris.

Entradas populares