Alto riesgo para EEUU: se está quedando sin misiles

Trump ha invocado una ley de la Guerra de Corea para potenciar la industria nacional (misiles, interceptores y motores cohete) en las sedes de defensa de Arizona, Alabama, Arkansas y Utah.

Laura Martin Sanjuan
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Según un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el Pentágono habría utilizado (al menos) la mitad de sus interceptores de misiles balísticos THAAD en el mes de abril, casi la mitad de sus interceptores Patriot y alrededor del 30% de sus misiles de ataque terrestre Tomahawk. Datos que ponen en duda su capacidad para afrontar otro conflicto de larga duración si hablamos de confrontación directa como lo que está sucediendo de nuevo contra Irán.

Estados Unidos dio por finalizada el 17 de julio la séptima noche consecutiva de bombardeos contra Irán. Según informó el Mando Central estadounidense (CENTCOM), los objetivos alcanzados incluyeron sistemas de vigilancia, infraestructuras logísticas militares, depósitos subterráneos de armas y activos marítimos. La operación contó con la participación de cazas, drones y buques de guerra. El CENTCOM aseguró además que mantiene la presión sobre Teherán por orden del presidente de Estados Unidos y que continúa aplicando un bloqueo naval sobre los puertos iraníes. El mando militar también destacó que más de 50.000 efectivos estadounidenses permanecen desplegados en Oriente Próximo en estado de alerta y preparados para intervenir.

“Si la guerra continúa al ritmo de los últimos cinco días… las reservas se reducirán lo suficiente como para generar un nivel de riesgo más alto… en el Indo-Pacífico", ha contado Mark Cancian, coronel retirado del Cuerpo de Marines y analista de defensa del CSIS, a la cadena americana CNN.

Según el calendario de entregas para el actual año fiscal, el Pentágono recibe aproximadamente 15 nuevos misiles Tomahawk y 20 Patriot al mes. No hay entregas previstas de misiles THAAD para lo que queda de año 2026, y los analistas afirman que se deberán esperar entre 3 y 5 años para recuperar existencias. El peso de la guerra en Ucrania dejó sin reservas a Estados Unidos de manera clara; la ofensiva en Irán desde este mes de febrero de manera intensa, el despliegue que se realizó en enero en Venezuela, los diversos contingentes desplegados por Oriente Medio, hacen que la situación se haya tornado preocupante si la guerra en Irán vuelve al primer plano, tal y como parece que se están desarrollando las últimas horas.

A la parte logística hay que sumar la parte económica, ya que esta semana el Capitolio denegó gastar un sólo dólar más en nuevos misiles. Trump invocó hace unas semanas la Ley de Producción para la Defensa, Defense Production Act (DPA), una ley estadounidense de 1950 creada durante la Guerra de Corea que otorga al presidente poderes extraordinarios para movilizar la industria nacional en apoyo de la defensa y la seguridad nacional.

Buscaba el presidente eliminar trabas regulatorias y acelerar la fabricación de misiles, y el Departamento de Defensa ha firmado acuerdos con fabricantes para ampliar sus líneas de producción. Según Cancian, recurrir a esa ley es “útil”, pero su impacto “limitado”. La medida realizada el 11 de junio no ordena fabricar un número concreto de misiles, sino que permite al Departamento de Defensa utilizar herramientas especiales de la DPA para coordinar a la industria y acelerar la expansión de la producción.

La DPA puede acelerar procesos administrativos y coordinar empresas, pero no puede crear de la noche a la mañana nuevas fábricas, ingenieros especializados o proveedores de componentes críticos. Si fabricar un motor cohete tarda 18 meses por falta de capacidad industrial, la ley puede reducir obstáculos, pero no eliminar las limitaciones físicas de producción. Esta es una crítica recurrente de analistas y estudios sobre la base industrial de defensa estadounidense. Por eso la ley suele ser más eficaz para priorizar pedidos, asegurar financiación o dar visibilidad a largo plazo a los fabricantes.

Arizona (Raytheon), Alabama y Arkansas (Lockheed Martin) y Utah (Northrop Grumman) concentran buena parte de la capacidad estadounidense para fabricar misiles, interceptores y motores cohete, precisamente los sectores que Washington intenta expandir mediante la Ley de Producción para la Defensa.

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