5 hábitos diarios que pueden producir picos de glucosa y elevar el riesgo de diabetes tipo 2, según endocrinólogos

Rutinas que parecen inofensivas pueden alterar el manejo del azúcar en sangre a lo largo del día y provocar patologías que, cuando inician, se mantienen silenciosas. Cuáles son las señales de alarma

Infobae

La glucosa en sangre puede desestabilizarse por cinco hábitos cotidianos que endocrinólogos consultados por EatingWell recomiendan abandonar. Según la publicación, las subidas y bajadas frecuentes de glucosa a lo largo del tiempo pueden elevar el riesgo de prediabetes y diabetes tipo 2.


Diversos estudios respaldan que la modificación de hábitos cotidianos puede influir de modo significativo en la regulación de la glucosa.

Según la Asociación Americana de Diabetes, reducir el consumo de bebidas azucaradas, incrementar la actividad física, optar por fuentes de fibra, mantener rutinas de sueño consistentes y respetar horarios regulares de comida son estrategias efectivas para prevenir alteraciones metabólicas y disminuir la incidencia de diabetes tipo 2.

La endocrinóloga Jennifer Cheng advirtió en el medio citado que en Estados Unidos hay millones de personas con diabetes y prediabetes sin diagnosticar. También señaló que, cuando aparece la diabetes, puede haber complicaciones que en algunos casos se pueden prevenir.

1. Tomar bebidas azucaradas

Copa de vino, vaso de cerveza, botella de bebida energética, vaso de gaseosa oscura con hielo, vaso de whisky con hielo y vaso de licor ámbar sobre una mesa.
La regulación del azúcar responde a patrones sostenidos más que a decisiones aisladas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Refrescos, bebidas deportivas, café o té azucarados, cócteles y bebidas sin alcohol azucaradas aportan azúcar de absorción rápida. Según la publicación, el problema es que no contienen fibra, proteína ni grasa, por lo que la glucosa se absorbe con mayor rapidez.

La endocrinóloga Sowjanya Naha explicó al medio que esto puede provocar aumentos bruscos de la glucosa en sangre y de la insulina. Añadió que el consumo habitual de bebidas azucaradas, e incluso de grandes cantidades de jugo de fruta, se asocia con un mayor riesgo de diabetes tipo 2.

Agrega que estas bebidas aportan poco valor nutricional. Como reemplazo, menciona agua, agua con gas y bebidas sin azúcar, como infusiones herbales o agua infusionada.

Mujer sentada en silla, trabajando en portátil, dos monitores, agenda abierta, auriculares, taza de café, post-its y documentos sobre un escritorio blanco.
La actividad física mejora la captación muscular de glucosa y favorece la sensibilidad a la insulina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Permanecer sentado durante largos periodos reduce la sensibilidad del cuerpo a la insulina, según Naha. Eso dificulta el control de la glucosa, aunque pequeños aumentos del movimiento diario pueden mejorar la forma en que el organismo la regula.

Cheng indicó que la actividad física ayuda a que los músculos capten glucosa y reduzcan la que circula en sangre, incluso sin insulina adicional. Por eso, EatingWell propone levantarse cada hora y adoptar el hábito de moverse después de comer.

3. Basar la alimentación en carbohidratos refinados

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los carbohidratos refinados favorecen oscilaciones más marcadas de glucosa y, con el tiempo, aumentan la presión sobre la salud metabólica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas citados no recomiendan eliminar por completo los carbohidratos. Lo que plantean es limitar los que tienen poca fibra, como cereales azucarados, productos de panadería y papas fritas.

Como alternativa, Manessis recomendó frutas, verduras y cereales integrales. También defendió el consumo de fruta entera, al indicar que su fibra y sus nutrientes favorecen una respuesta más saludable de la glucosa.

4. Dormir mal

Un hombre con barba y camiseta blanca yace despierto en la cama, apoyado sobre su brazo, con expresión de cansancio y frustración; un reloj digital marca las 2:47 AM.
El sueño irregular altera el metabolismo de la glucosa y favorece la resistencia a la insulina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dormir poco o de forma irregular puede elevar la glucosa en sangre y dificultar su control. Naha afirmó que la restricción del sueño y la alteración del ritmo circadiano pueden perjudicar el metabolismo de la glucosa y aumentar la resistencia a la insulina.

Manessis apuntó que dormir mal también puede empujar a buscar más alimentos ricos en carbohidratos para sostener la energía durante el día. Para corregirlo, Naha recomendó mantener un horario regular de sueño y vigilia, dormir entre 7 y 9 horas por noche y reducir la cafeína y las pantallas antes de acostarse.

Primer plano de una mujer joven sonriendo, con ropa deportiva y un bolso, comiendo una barra de cereal mientras camina en una calle concurrida.
Los horarios desordenados de alimentación interfieren con los ritmos biológicos que procesan el azúcar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Comer a horas irregulares o tarde por la noche puede interferir con los ritmos naturales que usa el cuerpo para procesar la glucosa, explicó Naha. Cuando la alimentación se desajusta de esos ritmos, el organismo maneja peor el azúcar y aparecen niveles más altos y más variables.

Saltarse comidas puede producir un efecto parecido, incluido el desayuno. Manessis sostuvo que empezar el día con un desayuno consistente y rico en proteínas puede ayudar a estabilizar la glucosa y marcar el tono del resto de la jornada. El artículo recomienda, cuando sea posible, comer a horarios parecidos cada día.

Además de esos cinco cambios, la publicación recoge otras pautas de apoyo: combinar carbohidratos con proteína y grasa saludable, comer más fibra, controlar el estrés, mantenerse hidratado y hacer ejercicio con regularidad.

Dos platos con huevos fritos, tocino, aguacate, tomate, espárragos y tostadas. Incluye café, vaso de agua, pan, mantequilla y mermelada.
Un desayuno completo y con buena cantidad de proteínas ayuda a estabilizar la glucosa y a sostener una respuesta metabólica más pareja durante el resto del día. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cheng indicó que la fibra ayuda a ralentizar la absorción de glucosa, y la publicación añade que la hidratación ayuda a los riñones a filtrar el exceso de glucosa del torrente sanguíneo por la orina.

Según Naha, el control de la glucosa responde más a patrones sostenidos en el tiempo que a decisiones aisladas. Pequeños cambios diarios, si se mantienen, pueden influir en esa regulación.

La evidencia científica, recogida en publicaciones como The New England Journal of Medicine y por entidades como la Organización Mundial de la Salud, destaca que los cambios sostenidos en la alimentación y el estilo de vida son determinantes para mejorar el control glucémico. Estas instituciones coinciden en que pequeñas acciones diarias, mantenidas en el tiempo, pueden reducir de manera sustancial el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas como la diabetes.

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