Vinicius es el jefe
Vinicius asume definitivamente el liderazgo de una Brasil que lo necesitaba como agua de mayo. Sin Neymar y sin Raphinha, es el referente absoluto de Ancelotti. Nadie le entiende mejor.
Decisivo. Esa es la palabra que mejor define el quehacer del extremo en este arranque de la competición, que va camino de convertirse en su fetiche particular. Porque son nueve (de doce) los goles en los que ha participado el brasileño entre esta edición y la anterior, en Qatar. Ningún otro jugador en la historia de la Seleção fue tan influyente en sus primeras dos Copas del Mundo. En este ya suma dos goles, siguiendo la estela de Haaland, Messi y Mbappé por la Bota de Oro, y dos premios al mejor jugador del partido.
“Siempre soñé con llegar al 100% a la mejor competición del mundo y estar así, poder marcar goles, dar asistencias y hacer grandes partidos es muy importante porque me da confianza para el próximo encuentro. Espero seguir así. Estoy todavía en una gran evolución para hacer partidos aún mejores que estos, mejores que el de Marruecos también. Estamos aquí para seguir creciendo y llevar a Brasil a lo más alto”, dijo tras recibir el trofeo al mejor jugador del partido.
EFE/EPA/SHAWN THEW SHAWN THEWY en Brasil se rinden a su calidad, a su liderazgo dentro y fuera del campo. “La gran estrella de la Seleção se llama Vinicius Jr.”, “Vinicius es dueño del equipo”, “¡Hoy Neymar ya no existe! El crack de Brasil es Vinicius Jr.“, fueron algunos de los titulares que se pudieron leer tras su exhibición contra Haití. Se ha ganado su sitio. Costó. Sangre, sudor y muchas lágrimas que solo sus más allegados saben. Hoy ya es el rey. Es el heredero de los Ronaldo, Ronaldinho, Kaká, Romario, Bebeto o Neymar.
Renacido
(Photo by Ian Kington / AFP)IAN KINGTONHoy recoge los frutos de cuatro años de trabajo duro, en silencio. Durante este ciclo fue duramente criticado, a veces hasta el extremo. No encontraba su sitio. Perdido en los planteamientos de Diniz, Ramón Menezes y Dorival, en la pasada Copa América estuvo en el ojo de la prensa más feroz. Prácticamente le crucificaban día sí y día también. Hasta que con Ancelotti cambió todo.
“Me da la importancia que necesito y que merezco“, dijo hace algunos días. Y como tal, Vini también responde en el campo. El primero en salir a la presión -acalla así el debate de correr o no correr-; lidera con el ejemplo y no deja que nadie baje los brazos. Toma la palabra en las pausas de hidratación y la gente le escucha. Está en su madurez, tanto futbolística como mentalmente. Ancelotti le ha pulido hasta ser el jugador que hoy es. Quiere el Mundial. Quiere dejar su legado. Quiere sentarse, por fin, en la mesa de los grandes.


