Uruguay tiene un torbellino
Agustín Canobbio salió desde el banquillo con Uruguay y revolucionó el partido ante Arabia Saudí. En el pasado tuvo problemas con Bielsa.
Tiempo después parece que la paz se estableció de nuevo entre los dos protagonistas de esa historia, y tanto entrenador como jugador firmaron una tregua que llevó de nuevo al atacante a representar a su país. Esta vez, sí, con la mira puesta en la Copa del Mundo fuera cual fuera el rol que le otorgara el ‘Loco’.
Y lo cierto es que Canobbio demostró en el partido ante Arabia Saudí que es un elemento necesario para este equipo. Salió desde el banquillo y revolucionó un enfrentamiento que por momentos pareció perdido. Puede que, en su figura, se focalizara parte del peligro que generó la Celeste sobre la portería rival. E incluso, tatuado en su piel, se llevó un “regalo” de un futbolista rival que le marcó los tacos en uno de sus muslos con una entrada.

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La energía y movilidad siempre fueron una seña de identidad del futbolista de Montevideo. Algo que casa bien con la intensidad con la que vive el fútbol su técnico. Y por ahí pudo haber también un elemento de conexión entre ambos para que volviera a contar con minutos como internacional. Todo ello, además, en busca de lo mejor para Uruguay.
El charrúa, que pudo ser perfectamente titular después del hueco que abrió en el once la lesión de De Arrascaeta, jugó unos 45 minutos sensacionales. En su forma de jugar se reflejó la pasión de lo que es estar en un Mundial, y Bielsa no tardó en echar mano de uno de sus mejores revulsivos ante la adversidad de un estreno que no acabó siendo tan malo.
Canobbio, que atendió a los medios en zona mixta tras el partido, se quedó con la rebeldía de su selección para dar la vuelta a las cosas. En un partido con sabor amargo y a la vez dulce. Con un primer tiempo decepcionante pero un segundo que sí dibujó lo que siempre se espera del país sudamericano y sus jugadores. Con el extremo llamando a ser una figura de su selección.


