Mundial 2026 / Marruecos sueña en grande de la mano de Brahim
El madridista marcó el ritmo y dio la asistencia del gol de la selección marroquí, que prácticamente cerrada su pase a dieciseisavos.
Marruecos, la toca. Escocia, la golpea, a la pelota me refiero. Esa sutil diferencia se dejó sentir en Boston. Una selección quiso cuidarla, la otra, no tanto. Eso se transformó en dominio y superioridad casi absoluta de una Marruecos que a falta de jugar con Haití y con cuatro puntos conquistados, tiene pie y medio en los cruces de dieciseisavos por no decir que los dos.
El partido solo tuvo el color rojo en la grada y blanco en el verde. Marruecos manejó el partido como quiso. Escocia lo intentó en la segunda mitad, pero su fútbol no dio para poner en apuros a Bono en todo el partido, salvo en un choque contra Gannon Doak. Riad y Diop se encargaron de ello, todo hay que decirlo.
Llegar y recibir un golpe en forma de gol en el primer minuto de juego, no es algo fácil de superar y lo cierto es que Escocia tardó cuarenta y cinco minutos, sí en el añadido, en darse cuenta de que Bono estaba para algo más que para dar ánimo a los suyos.
En esos cinco minutos en los que se prolongó la primera mitad, fue cuando decidieron que había que, al menos, pisar el área marroquí. Lo hicieron hasta en dos ocasiones, eso sí, sin poner a prueba al ex del Sevilla, pero por lo menos sus incondicionales tuvieron la ocasión de justificar su presencia en Boston. Cero tiros a puerta en la primera mitad, por los tres de la selección africana.
Todos los focos apuntaban a Bouaddi tras su exhibición ante Brasil, pero el que se mostró a un nivel cercano al sobresaliente fue Brahim Díaz, especialmente en la primera mitad. A los sesenta segundos habilitó a Salibari (buen fichaje para el Bayern y otro al que no le ha desestabilizado su fichaje en pleno Mundial) para que destrozara a Gunn casi en su cara. Derechazo efectivo que hizo bueno el pase que se inventó el madridista cuando muchos todavía ni se habían sentado en el imponente estadio que sirve de hogar a los New England Patriots de la NFL y a los New England Revolution de la MLS. Dos partidos, dos asistencias.
Saibari celebra el gol.JUSTIN SETTERFIELDLa jugada y el gol le dio vida a un Brahim decidido a marcar el ritmo del partido con sus arrancadas y con un juego más vertical del que tiene acostumbrado a la afición del Real Madrid. Marruecos se sentía superior y lo demostraba. Tenía la pelota (65 por ciento en la primera mitad) y cuando era el momento adecuado, pisaba el acelerador ante una Escocia que le quemaba el balón en los pies, dando la sensación por momentos que los británicos no se acordaban de que necesitaban, al menos, empatar un partido que tenían perdido desde el inicio.
La segunda mitad tuvo otro ritmo. Escocia espabiló un tanto, pero el dominio y las ocasiones fueron de los marroquíes, con Akimi que juega dónde y cómo quiere. Es el jefe y en el noventa por ciento de las jugadas está por delante de Brahim e incluso de punta, detalle que la selección británica (reclamó un penalti a McGuinn) intentó aprovechar, volcando sus ataques por la banda del futbolista del PSG.Marruecos solo sufrió, por decir algo, en el tramo final, justo cuando Escocia entendió que había que arriesgar algo. Un par de saques de esquina y algo de atrevimiento ofensivo, lo mínimo que esperaban los suyos.
En ese momento de alguna duda, emergió la figura de Bouaddi para controlar las embestidas, poner físico, tranquilidad y saber aguantar la pelota lo suficiente como para calmar a una selección que solo creyó en poder hacer algo cuando ya lo tenía perdido. Las ganas de Dykes y Gannon Dak no bastaron. El medio tiro a puerta de Escocia en todo el partido no fue argumento suficiente para sumar. Lógico. Marruecos sueña en grande.



