Mundial 2026 / Histórico Messi

En el debut en su sexto Mundial, logra un hat-trick, iguala a Klose como máximo goleador histórico de los Mundiales y lleva a Argentina en volandas ante Argelia.

Aritz Gabilondo
As
Ocurrió en Kansas. En el corazón de Missouri. En la tierra del gran sueño americano. El lugar que Messi también persigue con sus goles. El escenario que le vio entrar en la historia, eterna historia, la del mejor jugador de todos los tiempos, la del futbolista que nunca se agota. Messi pisó su sexto Mundial como por quien el tiempo no pasa: marcando un hat-trick, igualando a Klose como máximo anotador en los Mundiales y disfrutando. Un niño. Eso es lo que es. Un niño feliz. Nadie había jugado tantas copas del mundo hasta ahora y sólo Cristiano puede igualarle.

Es admirable lo que este futbolista ha hecho por el deporte que tanta gente en el mundo ama. Messi es un compañero de vida. Messi somos todos. Porque quien siente el fútbol no puede separar su pasión de este personaje que un día vino de Rosario. Dos generaciones enteras han crecido escudriñando sus hazañas. Quien siendo un crío le vio en su primer Mundial, hoy es un joven con aspiraciones en la vida; quien tenía 20 años cuando Messi descubrió este torneo, es ahora un padre de familia que seguramente transmita a sus hijos lo que por sus venas un día corrió.

A Messi, con 38 años, la vida ya le colmó. Ganó todo, fue el mejor, no le faltó nada por hacer, pero, aún así, le queda jugo con el que emocionar al mundo. La forma en la que entró a su sexto Mundial fue otro regalo de ese destino que tanto tuvo que camelarse. En un primer zarpazo batió a Luca Zidane, pero el VAR le robó la gloria; antes de los 20 minutos el cielo ya era suyo, siempre del mismo, con un golazo desde la frontal que Luca Zidane hizo también posible.

Sentencia

Había amagado antes Argelia, el invitado de esta fiesta, con una genialidad de Maza hacia Chaibi que también fue gol, y que también el VAR dejó en nada. Incluso se pudo complicar el asunto con una entrada por detrás del propio Leo sobre Mandi que al menos mereció la amarilla. Pero era su noche, una más, una que redondear con más de lo ya conquistado.

Liberado y fresco entre líneas, a Leo aún le caen los balones en el área que todo el mundo busca. Así llegó su segundo tanto de la noche, un regalo de Luca Zidane tras un tiro de Mac Allister que Messi convirtió en la sentencia. Y así vino el tercero, el gol que tantas veces hizo, el de la frontal del área con tiro raso al palo. Ese.

El estadio de Kansas explotó. También el futbolista, cuyo triplete le igualó a Klose como máximo goleador en los Mundiales, 16 frente a 16. Mbappé le había desafiado horas antes situándose en 14, lo que hace presagiar que por detrás viene un tren francés que los superará a todos.

Pero contra él y contra todos, contra el tiempo y contra la lógica, Messi escribió la historia una vez mas. Como antes en Qatar, en Rusia, en Brasil, en Sudáfrica, en Alemania, como ahora también en EE UU, como todas y cada una de las veces en las que saltó a un campo de fútbol. En suelo americano, en el estreno de otro Mundial, su sexto, Messi fue Messi. Inagotable futbolista. Una leyenda. Un mito. Un regalo.

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