Mundial 2026 Courtois se resiste al fin de ciclo
Bélgica acabó dando por bueno el empate ante Irán con un gran partido de su portero
MarcaBélgica vive tiempos convulsos. Sus estrellas dan sus últimos coletazos con escasa incidencia mientras la nueva generación no se abre paso en un Mundial que puede acabar en drama para los Diablos Rojos.
Al empate ante Egipto en el partido inaugural se suma ahora el cosechado ante Irán, mucho más dañino por motivos evidentes para los belgas. Un reparto de puntos que incluso pudo quedarse en nada. Más de veinte minutos con un hombre menos y con Courtois como jugador más destacado convierten un teórico pésimo resultado en un mal menor. Porque si gana a Nueva Zelanda en la última jornada estará en dieciseisavos, pero con más miedo que vergüenza. Con la sensación casi de estar de prestado en esa ronda.
No viven los de Rudi García su mejor época. La pérdida de velocidad de Kevin de Bruyne y Lukaku es la señal inequívoca de que aquella generación de oro es ya más un recuerdo pasado que una apuesta vigente. Y, pese a ello, les sigue dando para ser los más peligrosos de un combinado que echa de menos un paso al frente de la segunda unidad.
Únicamente Courtois mantiene intactas esas cualidades que le permiten ser decisivo en cada partido. Y su inspiración fue uno de los grandes motivos que evitaron un desastre mayor. Sus dos paradas a Taremi y Kanaani forman parte ya del amplio repertorio de salvadas del meta del Real Madrid. Por algo sigue siendo el número uno.
Esos dos sustos, unidos al gol anulado por un fuera de juego milimétrico de Taremi tras una acción magistral de estrategia de Irán, hacía presagiar una tarde angustiosa para los de Rudi García.
Fue con uno menos cuando Bélgica encontró su mejor versión. El poco peligro que generó llegó casi siempre de las botas de Lukebakio. Difícil entender que el extremo del Benfica no sea titular en un equipo que no va sobrado precisamente de desborde ni de remate. Y el ex del Sevilla tiene ambas cosas. Suya fue la última gran ocasión para esquivar un empate que, si bien no deja a Bélgica al borde del abismo, sí convierte su partido ante Nueva Zelanda en una final que, incluso ganando, podría condenar a los de Rudi García a un cruce envenenado. Ese, de todos modos, es el menor de sus problemas. Bélgica vive un cambio de ciclo





