Los ministros del gabinete británico presionan a Keir Starmer para que ponga fecha a su salida
La victoria de Andy Burnham en Makerfield reactivó las maniobras internas en el laborismo, con llamadas de Heidi Alexander y otros miembros del Ejecutivo para pactar una transición y evitar dimisiones en cadena
Infobae
Ministros del gabinete británico presionan a Starmer para que fije una fecha de salida tras la victoria de Andy Burnham en las elecciones parciales de Makerfield, circunscripción del noroeste de Inglaterra, que devuelve al exalcalde de Mánchester al Parlamento y lo posiciona como el principal candidato a sucederle al frente del Partido Laborista.
Burnham, de 56 años, obtuvo el 54,8% de los votos frente al 34,5% del candidato del partido populista Reform UK, liderado por el veterano promotor del Brexit Nigel Farage. El resultado, anunciado en las primeras horas del viernes, fue interpretado por sectores del laborismo como prueba de que el exalcalde está mejor situado que Starmer para frenar el ascenso de Reform UK de cara a las elecciones generales previstas para 2029.
Burnham abandonará la alcaldía del Gran Mánchester —cargo que ocupa desde 2017— y tomará posesión de su escaño en la Cámara de los Comunes el lunes. Según personas cercanas a su entorno citadas por Bloomberg, no tiene intención de lanzar un desafío inmediato al liderazgo, sino que dejará que la presión se acumule durante el fin de semana.
Según Bloomberg, que habló en condición de anonimato con personas al tanto del pensamiento de más de 15 miembros del gabinete, una mayoría clara de los ministros considera inevitable que Burnham acabe asumiendo el cargo de primer ministro. Pese a ello, la mayor parte del gabinete no estaba dispuesta, al menos hasta la tarde del viernes, a exigirle públicamente a Starmer que fije una fecha de salida, prefiriendo esperar la evolución de los acontecimientos.

Bloomberg sitúa a los ministros en cuatro grupos: los leales incondicionales a Starmer —entre ellos la canciller del Exchequer Rachel Reeves, el fiscal general Richard Hermer y el secretario de Vivienda Steve Reed—; los leales pragmáticos, que conforman la mayoría del gabinete y que no querrían ver a Starmer dañar su reputación si la situación se vuelve insostenible; un tercer grupo que estudia con mayor seriedad pedirle que acuerde un traspaso de poder, entre los que se mencionaría a la secretaria de Educación Bridget Phillipson; y un cuarto bloque abiertamente favorable a Burnham, integrado por Miliband, Mahmood y la secretaria de Cultura Lisa Nandy.
El primer ministro respondió a la presión con firmeza. “No voy a marcharme”, declaró ante la prensa en Londres, y reiteró en una llamada con el personal del partido: “Lo que debemos evitar es hundir a nuestro partido y a nuestro país en el caos enfrentándonos entre nosotros”. Starmer, de 63 años, mantuvo a lo largo del viernes una serie de conversaciones telefónicas con sus ministros para pulsar sus posiciones.
Para activar formalmente un proceso de elección de líder, Burnham necesita el respaldo de al menos 81 diputados laboristas, equivalente al 20% del total de escaños del partido. Según el portal LabourList, afín al laborismo, esa cifra ya estaría cubierta, con nombres de ministros en activo del gobierno de Starmer entre los firmantes. Un ministro sin identificar advirtió a The Times de que “varios” miembros del gabinete están dispuestos a dimitir en cadena si Starmer no renuncia de forma voluntaria.
En apenas un mes, el primer ministro acumula siete salidas relevantes de su ejecutivo: las de los entonces secretarios de Sanidad, Wes Streeting, y de Defensa, John Healey, además de otros cinco secretarios de Estado. El exdirector político de Starmer, Luke Sullivan, afirmó en Times Radio que las opciones del primer ministro “son ahora escasas” y que la magnitud de la victoria de Burnham “ha cambiado todos los posibles caminos de supervivencia para el primer ministro”.

Horas después de proclamarse vencedor en Makerfield, Burnham ofreció lo que varios diputados laboristas describieron como una intervención de tono presidencial. “Tenemos que tomar este momento y responder a los desafíos que se han planteado”, afirmó ante sus simpatizantes, mencionando la necesidad de abaratar el coste de vida, reducir las facturas de los servicios y relanzar la reindustrialización del país.
Streeting, que también aspira al liderazgo, anunció esta semana que forzaría una contienda interna si Starmer no precisaba cuándo tiene previsto abandonar el cargo. El equipo de Burnham alberga dudas sobre si Streeting cuenta con apoyos suficientes entre los diputados para competir, lo que ha alimentado especulaciones sobre un posible acuerdo entre ambos. Allegados a Streeting negaron, no obstante, que el exsecretario de Sanidad esté preparando su retirada de una eventual carrera por el liderazgo.
La diputada laborista Louise Haigh, aliada de Burnham, declaró a la BBC que esperaba que ambos hombres pudiesen hablar en los próximos días: “Queremos evitar una contienda por el liderazgo si es posible”. De producirse la salida de Starmer, el Reino Unido habría tenido siete primeros ministros en poco más de una década, la mayor rotación en casi dos siglos, en un contexto de malestar ciudadano sostenido por el deterioro del nivel de vida, el estado de los servicios públicos y la presión migratoria.


