La IA está proporcionado algo inesperado: el renacer de las Humanidades y las Ciencias Sociales

La naturaleza humana será el complemento indispensable para que la revolución de la inteligencia artificial sea mejor entendida

Infobae

Se ha transformado en un lugar común destacar el enorme cambio que la inteligencia artificial (IA) producirá a todo nivel, desde el empleo a la vida cotidiana, uno de los más grandes que el mundo ha conocido, además que tendrá lugar con enorme velocidad. Las revoluciones que tienen su origen en la ciencia y la tecnología son diferentes a las sociales, en el sentido de transformarse rápidamente en universales e irreversibles, y a partir de los cambios producidos por la Revolución Industrial, el mundo ha aprendido que todo puede modificarse antes que los contemporáneos se den cuenta de la profundidad del cambio que está teniendo lugar.


Algunos lo ven con esperanza, otros con temor; algunos con satisfacción, otros con pesar, compartiendo sin embargo estas posiciones extremas algo en común: el optimismo y el pesimismo se unen en aquel punto donde el desarrollo tecnológico encierra la posibilidad de significar uno de los cambios más destacados en la evolución de la especie humana.

Algunas revoluciones tecnológicas son bruscas y dan origen a verdaderos quiebres epistemológicos, otras muestran una enorme continuidad, en el sentido que, aunque exista tiempo de diferencia entre una y otra, las reacciones comparadas de los afectados pueden ser muy parecidas, demostrando que a veces el cambio de los seres humanos es lento, lo que dificulta la adaptación inmediata. Sin embargo, la IA es distinta en lo cualitativo, en el sentido que la mayoría de las revoluciones precedentes fueron una reducción liberadora del esfuerzo físico, mientras que la IA tiene que ver con el poder del cerebro, además que el cambio va a ser inmediato, en todos los sectores y a todo nivel.

También está trayendo sorpresas, situaciones inesperadas, ya que, por sus características, el desarrollo de estas tecnologías y la base científica que la sustenta está proporcionando algo novedoso, empezar a apreciar en su justa medida las cualidades ordinarias y naturales del ser humano. Es inesperado, porque por siglos en forma continua y consistente, hemos enfatizado las habilidades extraordinarias en matemáticas y ciencia. Sin embargo, considerando que muchas de estas situaciones pueden ser transformadas por la IA en habituales, es probable que con el paso del tiempo, afirmaciones acerca del “genio” de deportistas y bailarines, consideradas hipérboles sensacionalistas serán mejor apreciadas, por ser correctas si se las analiza con detención, toda vez que desde hace ya un tiempo, desde el siglo XX, un aparato puede calcular increíblemente más rápido que un Premio Nobel o los robots puede realizar tareas que superan en fuerza al ser humano, pero todavía no pueden hacer bien esas otras actividades.

Hasta el momento, a la IA le ha resultado más fácil el desarrollo de fórmulas matemáticas que reproducir modelos de habilidades corrientes del ser humano. Es decir, si entendemos a la tecnología como lenguaje hacia la acción y la ciencia como lenguaje hacia la verdad, para realmente comprender a la IA, es necesario también analizar los procesos sociales en cuyo marco tienen lugar. De partida, no intentar entenderla a través de procesos mentales obsoletos, dada la magnitud de lo que hoy está teniendo lugar.

Así como la sociedad medieval estuvo marcada por los factores teológico-religiosos, la contemporánea lo está por la ciencia y tecnología, y como consecuencia, el éxito de las llamadas ciencias duras empobreció el rol que acostumbraban a jugar las Humanidades y las Ciencias Sociales en la sociedad y en el sistema universitario donde estaban hospedadas. Me cuento entre quienes piensan que vamos a ser testigos de su renacimiento, doblemente necesario ya que mi temor es que el primer impacto de la IA ya esté afectando la capacidad de pensar de las sociedades actuales que ya venía deteriorándose. Ahora se le está agregando el inicio de una tendencia que crece día a día en las RR.SS. y en plataformas como X, donde se le pregunta todo de todo, para después compartirlo masivamente como si fuera una verdad revelada, lo que repetiría lo que ocurrió cuando copias de la Biblia llegaron a los hogares después de la Reforma y la aparición de la imprenta.

Si aceptamos que no existe una verdad absoluta en la ciencia sino competitivas entre sí, si la IA va a resolver con facilidad problemas que antes obligaban a recurrir a especialistas, hoy, estamos obligados a superar la hiperespecialización que impide abarcar la visión global. Es decir, estas nuevas tecnologías nos obligan a entender que no necesariamente el todo se explica por el estudio aislado de las partes.

El primer impacto de la IA es que ya esté afectando la capacidad de pensar de las sociedades (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y esa es la sorpresa que está trayendo la IA, la necesidad de rescatar a las humanidades que eran y son el conjunto de disciplinas que ayudan a entender y comprender al ser humano, la cultura y el pensamiento, y cuyo enfoque, en general, no aspira a formular leyes universales sino a interpretar y producir consideraciones críticas o creativas respecto a la forma de ser y actuar de nosotros, los Homo Sapiens. Las disciplinas que conforman las humanidades son aquellas que buscan un conocimiento general, ofreciendo a través de los siglos, una visión de todas y cada una de las manifestaciones artísticas e intelectuales del ser humano, lo que permite entenderlo en forma integral, como también comprender la causa y efecto de los múltiples y variados acontecimientos que tienen relación con la historia, la filosofía, el arte, la literatura, la antropología, la filología, la sicología, el derecho, solo por mencionar algunas áreas.

Las humanidades como también las ciencias sociales se interesan en el ser humano, la sociedad y la cultura, siendo la diferencia fundamental, que las humanidades se centran en la comprensión e interpretación de la experiencia humana, la cultura, la argumentación filosófica y las representaciones de lo anterior, mientras que las ciencias sociales aspiran al estudio de la sociedad, empleando para ello herramientas conceptuales cualitativas y cuantitativas, como ocurre por ejemplo en la sociología. Usando como ejemplo una disciplina que he cultivado como la ciencia política, no es la única que se preocupa del poder, pero sí lo es en el sentido de transformarlo en su objeto fundamental de estudio.

Humanidades y Ciencias Sociales tienen en común que, por milenios, todas y cada una de ellas se han empeñado en descifrar tanto los significados como los significantes que subyacen la creación y la experiencia humana. También tienen en común, que en las últimas décadas han experimentado una situación de arrinconamiento, empobrecimiento y supresión en su lugar habitual que han sido las universidades. No es primera vez que ocurre en su larga historia, pero sus características si han sido novedosas, ya que ha habido un concertado esfuerzo para disminuir su importancia con el argumento que el “mercado” no las necesitaba y que sus productos y cultores no eran “útiles” para la sociedad o el crecimiento económico. 

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