Hallan evidencia del impacto de un asteroide en la Luna hace más de 3.000 millones de años
Un estudio detectó en una roca lunar señales de un choque violento con repercusiones que sorprendieron a los expertos
InfobaeDurante los inicios del sistema solar, impactos de meteoritos transformaron la superficie y el ambiente de planetas y lunas, y dejaron huellas que aún hoy los científicos buscan descifrar. Estos choques violentos no solo alteraron la corteza de los cuerpos rocosos, sino que también influyeron en procesos clave para el desarrollo de la vida en la Tierra.
Un nuevo estudio, publicado en la revista Geology (2026), identificó en un meteorito lunar vestigios de uno de esos grandes impactos, ocurrido hace aproximadamente 3.500 millones de años. El análisis de esta roca, encontrada en el noroeste de África, permitió establecer coincidencias de edad entre colisiones que marcaron la historia de la Luna, la Tierra y Vesta, uno de los mayores asteroides del cinturón principal situado entre Marte y Júpiter.
Un vínculo inesperado entre la Luna, la Tierra y un asteroide
El estudio describe el hallazgo de zircón cúbico, una forma especial del mineral óxido de circonio que solo se forma a temperaturas muy altas, dentro del material baddeleyita encontrado en el meteorito lunar NWA 12593. Según el artículo científico, la presencia de zircón cúbico solo puede surgir cuando la roca se expone a condiciones extremas, con temperaturas superiores a 2.370 °C, como las que genera un gran impacto de meteorito.

Los científicos analizaron los minerales del meteorito y lograron establecer que el impacto ocurrió hace unos 3.486 millones de años. Utilizaron una técnica que compara diferentes tipos de átomos de plomo en las rocas para poder calcular la antigüedad del evento. El equipo sostiene que encontrar zircón cúbico en el meteorito indica que, en ese momento, un choque lo suficientemente potente como para crear un cráter de más de 30 kilómetros de diámetro en la superficie lunar.
Este impacto lunar ocurrió en la misma época que otros dos grandes choques ya documentados: uno en la Tierra y otro en Vesta, uno de los asteroides más grandes del cinturón principal situado entre Marte y Júpiter. “No es algo muy común, por eso estamos tan entusiasmados. Es bastante raro que los tres discos coincidan de esta manera”, sostuvo Carolyn Crow, científica planetaria de la Universidad de Colorado Boulder y autora principal del estudio.
El viaje de un fragmento lunar
El análisis del meteorito NWA 12593 permitió identificar señales de tres impactos diferentes a lo largo de su historia. El primero, que generó la formación de zircón cúbico, fundió parte de la superficie lunar y creó una capa de roca derretida parecida a la lava. El segundo impacto, ocurrido después y de menor intensidad, rompió esa capa sólida, lo que dio lugar a una estructura llamada brecha, que es una roca compuesta por fragmentos de distintos tipos unidos entre sí.
Crow explicó que “las brechas se parecen a lo que uno vería si sacara un trozo de concreto: hay muchos pedazos pequeños de roca, y todos quedan unidos por el cemento. En el caso del meteorito, ese cemento es el resultado del impacto. Se mezclan diferentes tipos de rocas y, tras la colisión, todo queda pegado, como el concreto de una vereda”. El tercer impacto, mucho más reciente, provocó que el meteorito se desprendiera de la Luna y viajara hasta la Tierra, donde fue encontrado en África.
Las evidencias que aporta la Luna sobre la historia de la Tierra
El hallazgo de zircón cúbico en el meteorito NWA 12593 apoya la idea de que el sistema solar vivió una etapa de bombardeos intensos durante mucho más tiempo del que antes se pensaba, incluso después del llamado “periodo cataclísmico” que ocurrió hace unos 3.900 millones de años. Según el estudio, esa seguidilla de impactos pudo haber tenido un papel en los cambios químicos y en los primeros pasos de la vida en la Tierra.
La Luna es clave para investigar estos temas porque conserva registros antiguos de impactos. La Tierra perdió casi todas sus rocas más viejas por la erosión, el movimiento de placas y otros procesos, pero la superficie lunar mantiene esas huellas, por lo que funciona como una especie de archivo natural para reconstruir lo que también sucedió en el planeta.

“Comprender la frecuencia y magnitud de estos eventos catastróficos es clave para saber cómo la vida logró establecerse”, señaló Crow, resaltando que encontrar impactos de la misma época en la Luna, la Tierra y Vesta abre una oportunidad única para analizar cómo el entorno del sistema solar influyó en el origen de la vida.
La coincidencia de estos eventos en tres lugares diferentes del sistema solar ayuda a entender mejor cómo se formaron las superficies y las condiciones iniciales de la Tierra y sus vecinos. El estudio concluye que analizar más muestras de la Luna será fundamental para descubrir nuevos detalles sobre los primeros capítulos de la historia planetaria.


