Flick, ante lo desconocido

El técnico alemán jamás ha estado tres temporadas consecutivas en un equipo grande, con la presión que conlleva.

Sergi de Juan
As
A partir del próximo curso, Hansi Flick encara un territorio prácticamente desconocido en su carrera: completar tres temporadas consecutivas al frente de un equipo grande de Europa. Ni en el Bayern de Múnich ni en la selección alemana tuvo tiempo ni estabilidad para consolidar un ciclo largo, algo que sí ha encontrado en el Barcelona, donde se siente más feliz que nunca.

Ahora bien, también es un desafío para el entrenador alemán y sus jugadores. Se podría decir que, hasta la fecha, Flick ha sido un técnico de impactos inmediatos. En noviembre de 2019 reemplazó a Niko Kovač en el conjunto bávaro y acabó esa temporada logrando el triplete: Bundesliga, Champions (con el 8 a 2 al Barça) y Copa de Alemania. Y, en el Barcelona, en su primera temporada, también logró los tres títulos nacionales: Liga, Copa del Rey y Supercopa de España.

Esta pasada temporada, su inicio fue irregular y se empezó a instaurar la percepción de que los segundos años de Flick en sus equipos no eran buenos. Un bulo que no se ajusta para nada a la realidad. En su segunda temporada en el Bayern, ganó cuatro títulos: repitió la Bundesliga, la Supercopa de Europa, el Mundial de Clubes y la Copa alemana. Y en la Champions quedó eliminado por el PSG en cuartos de final solo por culpa del doble valor de los goles en campo contrario. Y no hace falta decir que en su segunda temporada en el Barcelona, el éxito también ha sido notable, con la consecución de la Liga, la segunda seguida, y la Supercopa de España.

Esta teoría de la ‘maldición del segundo año’ creció, sobre todo, por comparación. El Bayern de Múnich y el Barça de sus primeros cursos eran auténticas máquinas competitivas. Ambos equipos eran agresivos y jugaban con un entusiasmo espectacular y una hambre competitiva brutal. En los segundos años, pasó en el Bayern y también en el Barcelona; los equipos ganaron en madurez, pero manteniendo la regularidad y la esencia del estilo Flick.

Los números del Barcelona en este segundo curso, además, también han sido espectaculares, en ataque y en defensa. Ahora bien, hay una cosa que también hay que tener en cuenta. La intensidad física y mental que exige jugar con el sistema de Flick es altísima. Y ahí reside el gran examen para el técnico y el equipo. Habrá que ver si es capaz de mantener el espíritu competitivo del equipo después de ganar cinco títulos en dos temporadas. El alemán no admite relajaciones.

El Barça busca estabilidad, continuidad en el éxito e instaurar una hegemonía a nivel nacional (el equipo es tremendamente joven) y lograr la tan ansiada sexta Champions. Ese es el principal reto.

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