El poder oculto de los abrazos: por qué son buenos para la salud física y mental, según la ciencia

Expertos de UCLA Health y Cleveland Clinic coinciden en que el contacto físico frecuente tiene efectos medibles sobre el sistema nervioso, el corazón y el bienestar emocional

Infobae

Pocas acciones resultan tan naturales y reconfortantes como un abrazo. Este gesto sencillo, presente en culturas de todo el mundo, trasciende las palabras y conecta de manera profunda a quienes lo comparten. No solo transmite cariño y cercanía, sino que también deja una sensación de bienestar que perdura mucho después del encuentro. Quienes acostumbran a hacerlo, saben que ese contacto directo es capaz de transformar un momento, aliviar tensiones y fortalecer lazos con las personas que más queremos.


La ciencia ha demostrado que aportan beneficios medibles para la salud física y mental, superando el simple consuelo emocional. Investigaciones realizadas en Estados Unidos y en otros países indican que esta forma de contacto disminuye el estrés, refuerza el sistema inmunológico y contribuye al bienestar general, según UCLA Health.

Qué dice la ciencia sobre los abrazos

Según la evidencia científica, los abrazos son positivos para la salud porque estimulan la liberación de oxitocina y dopamina, dos sustancias clave asociadas al placer y la creación de vínculos sociales. Además, pueden reducir los niveles de cortisol, un marcador directo del estrés, y favorecer una mejor calidad de sueño, a la vez que consolidan la salud cardiovascular.

Infografía ilustra los beneficios científicos de los abrazos con un grupo de personas abrazándose, íconos de salud y texto informativo.

Los abrazos, un gesto cotidiano y natural, son respaldados por la ciencia como un impulsor clave para la salud física, mental y el bienestar social, estimulando hormonas de placer. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fundamento neurocientífico parte de la importancia del tacto, nuestro primer sentido en desarrollo, como destaca UCLA Health. Activa rutas neuronales que sostienen el vínculo social y es esencial desde el periodo prenatal para el bienestar integral. Este contacto temprano fomenta la liberación de oxitocina y dopamina, generando sensaciones de seguridad y placer que fortalecen los lazos con otras personas.

Adicionalmente, Cleveland Clinic resalta que los abrazos “despiertan vías neuronales diseñadas para captar el contacto humano”, lo que fomenta relaciones sociales sólidas y ayuda en la resiliencia ante la adversidad. “Los beneficios para la salud de dar y recibir son realmente impresionantes. Tienen un efecto terapéutico”, afirmó el psicólogo Joseph Rock, recogido por el centro médico.

Diversos estudios recopilados por UCLA Health y Cleveland Clinic confirman que los abrazos disminuyen el cortisol, lo cual se traduce en una reducción tangible del estrés. Healthline señala que el acto de abrazar, incluso breve, es capaz de comunicar apoyo y aliviar la tensión tanto para quien abraza como para quien lo recibe.

Una mujer en camisa azul claro abraza a una niña rubia con una expresión de temor en sus ojos, quien mira directamente a la cámara.
El tacto activa rutas neuronales ligadas al vínculo social y resulta clave para el bienestar desde el periodo prenatal (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, un estudio de Environmental Research and Public Health ha observado que recibir más abrazos durante el día se asocia a respuestas hormonales más saludables a la mañana siguiente. Esto sugiere que el contacto físico puede amortiguar el impacto del estrés diario, aunque sus efectos también dependen del contexto social y del significado que le atribuye cada individuo.

Así destacan la importancia de analizar no solo la cantidad, sino también el contexto en el que ocurren los abrazos. Los autores advierten que la influencia de este gesto en el bienestar puede variar según quién ofrece el abrazo, la relación entre las personas y el motivo de ese contacto.

Vista trasera de un hombre joven abrazando a sus padres, de pie en un campo verde y dorado al atardecer, con el sol brillando sobre el horizonte.
Los abrazos estimulan la liberación de oxitocina y dopamina, reducen el cortisol y fortalecen los vínculos sociales (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Abrazar a alguien realmente nos conecta y reduce algunas de nuestras defensas”, señaló Rock, quien enfatiza que este gesto transmite seguridad y afecto.

Impacto en la salud física y en el bienestar emocional

Los abrazos también están relacionados con una mejor respuesta del sistema inmunológico, ya que quienes mantienen contacto físico frecuente presentan menores tasas de enfermedades leves, como el resfriado, según Cleveland Clinic y Healthline. Este tipo de contacto contribuye a una presión arterial y una frecuencia cardíaca más bajas durante situaciones de tensión, factores asociados a un menor riesgo cardiovascular.

Según Healthline, la oxitocina liberada durante el abrazo no solo mejora el estado de ánimo, sino que también contribuye a una mejor calidad del sueño. Investigaciones realizadas durante la pandemia mostraron que la falta de contacto físico se asoció con menor bienestar y descanso nocturno deficiente.

Un estudio asoció recibir más abrazos durante el día con respuestas hormonales más saludables a la mañana siguiente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una revisión de Journal of Sleep Research, publicada en 2024, examinó cómo el contacto social no sexual (caricias, masajes terapéuticos o contacto con animales además de los abrazos) se vincula con la calidad del descanso. La mayoría de los estudios respaldan los efectos positivos de las terapias táctiles, especialmente el masaje, sobre el sueño, tanto en bebés como en poblaciones clínicas.

La relevancia del tacto para la integración social está subrayada por Environmental Research and Public Health, que identifica una conexión entre el número de abrazos y la adaptación y conexión social, tanto en relaciones nuevas como consolidadas. La terapeuta familiar Virginia Satir, citada por Healthline, afirma que se necesitan “cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantener la salud y doce para crecer”, sugiriendo que la frecuencia incrementa los beneficios.

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